Opinion

De lunes a viernes al sol

Si el 19,3% de desempleo en España parece un problema de difícil solución, ¿qué hay del 42,1% de nuestros jóvenes adultos? ¿Encontrarán empleo algún día o algunos de ellos vivirán de lunes a viernes al sol de forma permanente? En esta era post-industrial, las empresas pueden mantenerse operativas con menos empleados.  Cuando me incorporé al mercado laboral hace treinta y cinco años, un director solía contar con diez subordinados; éste parecía el límite por aquel entonces. Ahora, los nuevos avances tecnológicos (los ordenadores, el correo electrónico y los móviles) permiten a los directivos contar con hasta una veintena o una treintena de subordinados directos. Carlos Ghosn y Sergio Marchionne dirigen cada uno dos grandes empresas del sector automovilístico.
Por otra parte, las jerarquías han ido desapareciendo. El ejecutivo del futuro será como un actor de Hollywood, siempre a la espera de que le ofrezcan el próximo papel. Como asegura José Manuel Casado, el conocido consultor de Recursos Humanos, en el futuro, la trayectoria profesional no estará vinculada a un puñado de empresas. En cualquier caso, la analogía del actor de Hollywood nos recuerda que la mayor parte de los actores de Los Angeles están a la espera de que alguien los descubra. Harrison Ford trabajó de carpintero antes de saltar a la fama; Clint Eastwood se dedicaba a instalar piscinas, y Antonio Banderas trabajaba de camarero en Málaga, su ciudad natal.
Hoy en día, y la tendencia irá en aumento en el futuro, el fenómeno conocido como empleo precario se está trasladando a los países emergentes. Cuando tengo un problema con mi Blackberry, marco un número de España, pero la persona que me responde está en algún país de América Latina, y es allí donde se resuelve mi duda técnica.  Sólo un pequeño grupo de trabajadores con un amplio nivel de formación conseguirá sobrevivir en la Europa del siglo XXI. Para saber de qué perfil hablamos, basta observar donde hay escasez de talento: ingenieros industriales, técnicos agrícolas e informáticos. En el  sector sanitario también sigue habiendo demanda de enfermeras, farmacéuticos, fisioterapeutas y médicos. Los licenciados en Administración de Empresas y Económicas tampoco deberían tener dificultad en encontrar empleo.
Pero ¿qué ocurrirá con licenciaturas como la de Derecho, donde la oferta duplica a la demanda, o Periodismo,  donde las empresas de medios de comunicación siguen aplicando planes de reducción de personal?

La realidad es que muchos de nuestros estudiantes con más talento optarán por carreras que tengan más salidas, renunciando a su verdadera vocación. Y muchos de ellos se verán obligados a aceptar empleos para los que están demasiado cualificados. Este problema se ha visto agravado con la crisis, pero persistirá, aunque la economía recupere la senda del crecimiento. Ahora mismo, hay más oportunidades para los españoles en América Latina; muchos, siguiendo la estela que dejaron sus antepasados, aunque sin boina y alpargatas, emprenderán la ruta hacia el Nuevo Mundo en busca de un trabajo. Incluso en las economías que crecen a un ritmo muy superior, la situación laboral acabará pareciéndose a la de Europa. A medida que disminuye la demanda, un recién licenciado necesitará no sólo una titulación para la que haya demanda, sino un segundo idioma como el inglés, o incluso un tercero como el ruso, el polaco o el chino. Y ¿qué hará la sociedad con la generación “nini” (ni estudio ni trabajo)? Cuando el tradicional sistema familiar desaparezca, ¿responderá el Gobierno por estos ciudadanos o habrá jóvenes doctorados en Filosofía trabajando de taxistas? Miremos el aspecto positivo: nuestro estatus social dejará de estar asociado a nuestro empleo. De hecho, será algo totalmente fortuito.