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Se acabaron las autovías gratuitas

Amigo conductor, tengo malas noticias. Si usted es uno de los millones de españoles que coge el coche para ir a trabajar o cada vez que hay un puente hace una escapada a la sierra o a la playa prepárese para rascarse el bolsillo. Y no precisamente porque la gasolina vaya a subir de nuevo, que también, sino porque los 15.000 kilómetros de autovías por las que ahora circula gratuitamente van a dejar de ser gratis. No será el próximo año y, probablemente, tampoco en 2012, que es ejercicio de elecciones. Pero el Gobierno, las comunidades autónomas o incluso algún ayuntamiento –el de Madrid es el propietario de la M-30, por ejemplo– ya tienen esa posibilidad apuntada en grande en su agenda. El ministro de Fomento, José Blanco, ya lo ha dejado claro tras el tijeretazo a la obra pública de este verano: “En materia de infraestructuras nada es gratis y, o contribuyen a financiar su construcción y conservación en mayor medida quienes las usan o al final las pagamos todos”.

La introducción de un peaje en la M-30 serviría al Ayuntamiento de Madrid para reducir su elevado endeudamiento.

Todo un cambio de filosofía provocado por la  crisis. Las arcas comunes están tiritando y el sistema no se sostiene más. Durante muchos años, España ha sido capaz de construir, gracias a los fondos europeos, autovías a lo largo y ancho de su geografía, hasta crear una de las mayores redes de Europa. Algunas, sin que existiera necesidad por falta de demanda suficiente. Pero estos tiempos de la opulencia y de café para todos son historia. La austeridad presupuestaria es la que manda. En los presupuestos de 2011, Fomento ha reducido a la mitad su inversión en carreteras –2.529 millones- y no tiene intención de licitar ni un solo kilómetro de autovía. Pero además de no construir nuevas carreteras, tiene dificultades para hacer frente a la factura anual de 1.400 millones de euros que supone el mantenimiento de la extensa red, a los que hay que añadir las partidas comprometidas para el pago del canon del peaje en sombra de varias autopistas.

Si se quiere evitar que le motor de la obra civil se gripe y que el patrimonio existente no se deteriore, no queda más remedio que buscar ingresos extras. El primer paso, probablemente, será la introducción de la euroviñeta, que supone el cobro de 10 céntimos a los camiones por cada kilómetro recorrido. Una fórmula que ya aplican Alemania, Austria, República Checa o Hungría y que en breve implantarán Francia, Dinamarca o Hungría. Según un estudio del colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, aplicar este peaje supondría unos ingresos adicionales para el Estado de 3.000 millones de euros, 500 millones más que el ahorro que Fomento obtendrá con el tijeretazo.

Sin embargo, es una minucia comparado con los más de 20.000 millones que, según la Asociacion Española de la Carretera, recaudaría en caso de extender el cobro también a los particulares. La AEC propone introducir un bono de movilidad de modo que los vehículos particulares y los camiones paguen una vez superen al año los 15.000 kilómetros y 100.000 kilómetros, respectivamente. A partir de ese kilometraje de circulación libre, abonarían entre 10 y 12 céntimos de euros por cada mil metros recorridos. Un coche con una movilidad diaria de 55 kilómetros y unos 20.000 kilómetros al año tendría que abonar un euro por día. Y un camionero que haga 300.000 kilómetros anuales tendría una factura cercana a los 30.000 euros. ¡Ojo! No piense que se va a escapar. Su coche llevaría una especie de tacómetro que registraría cada uno de sus movimientos.

Un pastel demasiado goloso como para que los políticos renuncien a él tan alegremente. Tienen la coartada de que en casi todos los países de nuestro entorno van por ese camino. En Francia el 75% de las vías son de peaje, en Londres por acceder al centro hay que desembolsar 8 libras (unos 10 euros al día) y al entrar en Suiza hay que pagar 30 euros que permiten viajar todo el año por sus vías. Desde hace un mes, nuestros vecinos portugueses tienen que pagar entre 0,75 y 1,20 euros el kilómetro por circular por algunas de sus autovías. Y, al otro lado del Atlántico, han sido varios los Estados y ayuntamientos –Chicago, Indiana, Virginia…– que han vendido sus autopistas para tapar los agujeros de sus cuentas. ¿Hará aquí lo mismo Fomento con la A-6 o el Ayuntamiento de Madrid con la M-30? Cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar.