Economía

Los Botín del futuro

Año tras año, la flor y nata del poder empresarial español se reúne con motivo de la celebración del Congreso Nacional de la Empresa Familiar. En esta ocasión, la ciudad de Santander se encargó de acoger a representantes de apellidos tan ilustres como Koplowitz, March, Entrecanales o Botín. Ellos concentran buena parte de un poder económico y empresarial que, cada vez, está más repartido. Para comprobarlo, basta con ver cómo cada vez aparecen más sagas diferentes entre los empresarios más ricos de España. A los habituales se les ha unido en los últimos treinta años nombres como Ortega, Mera, Jove, Gallardo, Revoredo, Benjumea, Escarrer, Grifols o Molins. Todos ellos  empresarios familiares que se han dado a conocer tras la salida a Bolsa de sus empresas.

Pero tras ellos, y en muchos casos al mismo nivel de facturación, aparecen otros apellidos, que también manejan los hilos del dinero y el poder. Nos referimos a sagas semidesconocidas como Pérez Dolset, Fuertes, Gorbeña, Esteve, Rey, Fluxá, Muga, Herrero, Gaspart o Rubiralta. A muchos, estos nombres no les dirán nada, pero el crecimiento económico que ha tenido España en las últimas décadas sería imposible sin la participación de empresas como ElPozo, Bergé, Pikolín, MRW o Mahou.
Los botines del futuro se encuentran en todos los sectores y en casi todas las zonas de España. Por ejemplo, en siderurgia, un área de negocio que esconde gigantes como la familia catalana Rubiralata Vilaseca que, con sus empresas Celsa y CH Werfen (ésta de material para hospitales) ingresan más de 6.500 millones de euros. Más de 3.000 millones es la facturación de otros desconocidos, la familia burgalesa Riberas que partieron del germen de la siderúrgica Gonvarri para convertirse también en líderes en automoción. ¿Más ejemplos? Ros Casares en Valencia, millonarios también gracias al acero.
Además, España presume de gigantes con intereses en múltiples sectores. En Murcia están los Fuertes que, de elaborar cárnicos con ElPozo, ha pasado a comercializar pisos, vino, quesos, aeropuertos y hasta parques temáticos. De la burguesía vasca del barrio de Neguri salió el primer Gorbeña que, con los años, creó un gigante de casi 3.000 millones de facturación llamado Bergé, con intereses en puertos, distribución de coches, seguros, transporte y energía renovable. Por último, no se pueden olvidar nombres como Carceller (gasolineras y la cerveza Damm), los cordobeses Sánchez Ramade (electrodomésticos, inmobiliarias, cines…), y la familia López (construcción, turismo…).
Lógicamente, el turismo, uno de los poderes tradicionales de España, esconde nombres como los Fluxá (Iberostar) o Gaspart (Husa). Así como también el ladrillo es proclive a gigantes desonocidos como las familias Miarnau o el ya cotizado Jacinto Rey. Más curiosa resulta la presencia de grandes familias empresariales en áreas tan tradicionalmente poco españolas como la tecnología o las farmacéuticas. Pues bien, allí también tenemos representantes como los hermanos Pérez Dolset (1.000 millones de euros de facturación y líderes mundial en tecnología audiovisual) y la familia catalana Esteve (uno de los mayores laboratorios de Europa).

Como se puede ver, la lista de gigantes empresariales desconocidos es infinita. En estas páginas se incluyen a algunos de los más importantes, tratando de abarcar todas las áreas y comunidades autónomas. Eso sí, todos responden a un perfil característico. “Algunos de los rasgos fundamentales de estas empresas son la planificación a largo plazo y la agilidad en la toma de decisiones”, explica Juan Corona, director académico del Instituto de Empresa Familiar. La mayoría de estas familias también han superado con buena nota el gran problema de este tipo de empresas: el relevo generacional, especialmente de la primera a la segunda generación.

Si quiere conocer sus apasionantes historias no tiene más que leer las páginas de la revista Capital del mes de noviembre.