Mercados

¡Este tomate es una ruina!

Vivir del campo no es fácil y, como reza el dicho, nunca llueve a gusto de todos. Cuando la meteorología no arruina la cosecha, es el aumento de costes el que aprieta. O los intermediarios y la gran distribución exprimen los precios. O la competencia de terceros países hunde el mercado. O todo junto a la vez.
“El panorama va por barrios, pero en general es desolador por la falta de rentabilidad de las explotaciones”, denuncia Pedro Barato, presidente de Asaja, la mayor organización profesional agraria del país, un sector del que viven un millón de titulares de explotaciones agrícolas. El mayor problema es la falta de transparencia en la formación de precios y el incumplimiento generalizado de los contratos. “Al agricultor le marcan el precio de lo que compra [maquinaria, fertilizantes…] y de lo que vende. No es que seamos menos competitivos, es que nadie defiende la aplicación de la norma”, critica. Una complicada situación que se agrava con los acuerdos políticos con terceros países, muchos de los cuales practican el dumping social.
Así, las principales zonas productoras de tomate, aglutinadas en Fepex, denuncian las “consecuencias desastrosas” que tendrá para el tejido productivo del Mediterráneo la aprobación del acuerdo UE-Marruecos.  “Desde que se firmó el primero, en 1995, ha desaparecido un gran número de empresas de tomate en España. Si se firma éste, cerrarán las que quedan y afectará a otras frutas y hortalizas para las que se amplían las concesiones”, advierte José Hernández, presidente del comité de tomate. Ya ha pasado con la judía verde. Andalucía era la mayor zona productora. Hoy, la producción se ha ido a Marruecos.
Pese a todo, el campo español es el primer exportador mundial de frutas y hortalizas, gracias  a la lechuga, los cítricos, el melocotón  o la uva sin semilla. Y en algunas regiones han introducido cultivos tropicales, como el aguacate, con una prometedora evolución.
¿La solución? “Organizarnos mejor y ganar tamaño, hacer valer lo nuestro y pensar en qué alimentación queremos tener. Ir a lo barato es un error”, señala Barato. Un futuro incierto  para un sector del que comemos todos.

LA CRUZ DEL CAMPO

EL TOMATE, AHOGADO POR LA COMPETENCIA Hace cinco años, el Grupo Durán tenía 450 hectáreas en Murcia para cultivar tomate. Dos años después, las redujo a la mitad. El año pasado ya sólo tenía cien y este año ha echado el cierre a esta actividad. Incluso ha puesto a la venta su 50% en una sociedad marroquí dedicada a este cultivo. “La familia Durán basó su empresa en el tomate hace cuarenta años y le ha ido muy bien, ha crecido y diversificado sus negocios. Pero hoy, producir tomate en Murcia es insostenible”, se sincera Antonio Aznar, gerente desde hace cinco años de esta empresa hortícola, una de las más emblemáticas de la región. Sólo en los últimos cinco años, la compañía ha perdido cerca de 25 millones de euros en el tomate. No es la única. Por el contrario, Almería se ha erigido en la principal zona productora en España.  Llegar a este punto es la suma de una serie de condicionantes. Por un lado, Aznar explica que la plaga de la mariposa tutta ha fastidiado las plantaciones murcianas en los dos últimos años. Por otro, el tejido empresarial almeriense tiene una estructura de costes diferente. “Ellos son pequeños agricultores y nosotros, grandes empresas. Pero a la hora de comercializar funcionan igual porque están unidos en cooperativas”, explica este directivo. Pero hay más. Holanda, tecnológicamente muy avanzada, ha ido agrandando su campaña –siete meses al año– y la extensión cultivable.  “Reciben ayudas para la cogeneración con la que calientan los invernaderos e inundan el mercado con ofertas por debajo de los costes españoles”, asegura. Y, ¡cómo no!, la competencia marroquí ahoga. El reino alauita exporta más de 420.00 toneladas, de las que el 87% va al mercado europeo, sobre todo a Francia. Aznar confiesa que es “triste” tener que cerrar, pero “en general esta situación se debe a la evolución normal del comercio internacional”. Quizá, lo peor sea el efecto distorsionador de la distribución, que “estrangula al tejido productivo”, afirma.

PLÁTANO DE CANARIAS: LA BANANA SE COME EL MERCADO Desde la Asociación de Organizaciones de Productores de Plátanos de Canarias, su presidente, Francisco Rodríguez, asegura que el sector “está a punto de entrar en la UVI”. La caída del consumo desde septiembre unida a la entrada masiva de la banana hacen que el sector esté en un momento crítico. “Hasta junio, está inutilizado un 8,4% de las casi 192.000 toneladas de plátano embarcadas hacia la península”, ilustra. La rebaja de aranceles para Latinoamérica acordada en diciembre por la OMC –de los 176 euros por tonelada a los 148 actuales, que en 2017 llegarán a 114– ha colocado al plátano en una posición delicada frente a la banana de Ecuador y Colombia. Una situación que, además, se agrava por los acuerdos bilaterales del Gobierno español, por los que se rebaja aún más el arancel. Así que la banana, que ya ha ido ganando mercado –tiene una cuota del 30%–, avanza ahora imparable. El sector pide que se les compense, activando las subvenciones previstas para el transporte e incrementando la ayudas europeas por la insularidad, sin las cuales no cubren los costes. “El beneficiario de estas rebajas no es el agricultor latinoamericano sino las multinacionales de distribución”, denuncia Rodríguez, quien reclama, además, que las exigencias fitosanitarias, de seguridad laboral… “sean iguales para todos”. Una batalla en la que no es optimista.

PATATA, LA AMENAZA DE LA ‘POMME DE TERRE’ En España se consumen unos tres millones de toneladas pero se producen sólo dos millones. “Siempre hemos sido un país deficitario, pero cada vez lo somos más porque se siembra menos. El cultivo debería ser rentable, pero en condiciones climáticas normales, la competencia francesa nos echa los precios abajo”, se queja Guillermo Ruiz, de la Unión de Campesinos de Castilla y León, una zona productora de patata de media estación y tardía. Una competencia que “sospechamos que recibe subvenciones indirectas”, asegura Ruiz. En la región podría producirse más, porque hay tierras de regadío, antaño dedicadas a la remolacha, que podrían ser para patata. El problema es que, mientras que en Francia están muy bien organizados –hace mucho que crearon una interprofesional–, “en Castilla y León se siembra de cualquier manera porque hay mucho pequeño agricultor. Faltan estructuras de almacenamiento y una cultura de cultivar patata para exportar”, analiza Ruiz. Algo que no ocurre en Andalucía, que por tener la primera patata de Europa, va casi toda a exportación. Y a Ruiz le gusta recordar que el tubérculo made in Spain tiene mejores propiedades culinarias que el francés –por una cuestión de clima– que “deberíamos saber hacer valer”, añade.

ESPÁRRAGO: LA AVALANCHA QUE LLEGA DE CHINA Y PERÚ Nuestro mercado es elitista, como las tiendas de delicatessen o la restauración. Es la única forma de sobrevivir. El espárrago navarro con Denominación de Origen es referencia de calidad”, asegura Martín Barbarin, presidente del Consejo Regulador de Espárrago de Navarra que ha visto como la producción se ha estabilizado en los 3,4 millones de kilos, por debajo de los 5,3 millones de hace una década. Este posicionamiento es la única defensa frente a la avalancha de China y Perú, los mayores productores mundiales de esta planta herbácea, que han inundado el mercado español –las importaciones se han disparado más de un 2.500% entre 1990 y 2008–. Un kilo de espárragos en lata con D.O Navarra cuesta unos doce euros en el supermercado. Uno de Perú, “unos tres o cuatro euros”, sostiene. En los últimos diez años, el número de agricultores navarros inscritos ha pasado de 7.500 a 410. Como agricultor que es, Barbarin dice que éste “no es un momento crítico, pero sí  delicado, ya que se está pagando el espárrago en el campo a 2,5 euros el kilo frente a los 3,30 euros de hace un año”. Y aunque confía en que la situación se recupere… “nadie sabe lo que pasará”.

LA CARA DEL ÉXITO

FRUTA DE HUESO: LA REVOLUCIÓN DE NUEVAS VARIEDADES La cereza, sobre todo la del valle del Jerte, es la reina, la preferida por el consumidor. La ciruela ha vivido una explosión de variedades en los últimos quince años –Extremadura es la primera región exportadora de Europa–. Y por volumen, el melocotón rojo y la nectarina son los que más se venden al exterior, “hasta tal punto, que Lérida y Zaragoza han dejado de producir manzanas para plantar estos frutales”, señala Antonio Chavero, presidente del comité de fruta con hueso en Fepex. Aunque el sector en general vive una situación de precios inestables, España es el segundo productor de Europa, por detrás de Italia, y el primer exportador. “Vendemos a cuarenta países de cuatro continentes, desde Alemania a Rusia, pasando por Brasil y Sudáfrica”, explica Chavero. Aunque el sector ve con creciente preocupación la competencia de Turquía, Túnez y Egipto, que vienen pisando fuerte. “El margen se acorta, pero aún tienen que mejorar la calidad y la frecuencia para llegar a los supermercados europeos”, sostiene Chavero. Pero el gran cambio en los últimos quince años es, en su opinión, “la revolución en variedades, con más color, azúcares… para acercarse al gusto de los consumidores”, con productos como la platerina: mitad paraguayo, mitad nectarina.

LECHUGA ICEBERG: EUROPA COME ENSALADAS MURCIANAS Somos el mayor productor y exportador de lechuga iceberg de Europa”, sentencia orgulloso José Cánovas, presidente de la sectorial de esta planta en la Asociación de Productores-Exportadores de Frutas y Hortalizas de Murcia. La reina de las ensaladas es un producto muy perecedero al que Marruecos no ha podido hincar el diente. Por el contrario, una buena climatología, la extensa red de comercialización y el espíritu exportador de la región hacen de Murcia la huerta de Europa, sobre todo en invierno. Las exportaciones españolas de lechuga se han incrementado un 12,4% desde 2005 y Murcia concentró el pasado año el 77% de estas ventas. En un máximo de dos días, la mercancía se coloca en los almacenes de Alemania, Reino Unido y los países escandinavos, los principales mercados. “En la producción hortofrutícola no hay nada garantizado, y aunque ha habido años muy difíciles, como la campaña de hace dos que fue catastrófica, la lechuga es un producto dinámico en el que merece la pena estar”, asegura Cánovas.

UVA SIN SEMILLAS, I+D PARA EL PALADAR California, Israel y Sudáfrica acogen los tres centros de investigación de uva de mesa sin semilla de referencia mundial. Algo más cerca, en Murcia, la empresa ITUM ha conseguido situarse, en tan sólo siete años, a la vanguardia en Europa en la investigación de estas variedades –tiene 17 a punto de patentar–. “A raíz de una grave crisis en la uva de mesa con semilla en la década de los noventa nos pusimos a pensar cómo diferenciar nuestro producto. Pero el problema con la uva sin semilla era que importar los royalties implicaba pagar unos contratos leoninos. Así que apostamos por la I+D propia”, explica Esther Gómez, consejera delegada de ITUM. La compañía aglutina a 18 productores y comercializadores de Murcia –representan un 80% de la producción– y colabora con dos institutos públicos de investigación. “Queríamos encontrar variedades que se adaptasen a nuestro clima y temporada de producción y lograr otras nuevas que alargasen la campaña”, afirma Gómez. En total, dos millones de euros invertidos “sin ayudas públicas”. Pero ha merecido la pena. De la mano de ITUM, Murcia lidera la producción de uva sin semilla en Europa, por delante de países como Italia y Grecia. Se trata de un sector muy concentrado, porque las inversiones son costosas, “unos 24.000 euros por hectárea sólo en infraestructuras”, asegura Joaquín Gómez, presidente de Apoexpa. Hablamos de una variedad “cuyo consumo mundial se ha multiplicado por cinco en los últimos veinte años”, añade, aunque, curiosamente, en España es una gran desconocida. La competencia hay que buscarla, de nuevo, en el Magreb. “Y Egipto se está convirtiendo en toda una potencia. Ambos empiezan a hacer daño porque acortan el calendario y la UE ha desmantelado las protecciones. Sólo si innovamos, podremos mantenernos”, reflexionan en Apoexpa.

CALABACÍN, LA FIEBRE ‘VERDE’ EN ALMERÍA En Almería se habla de la “fiebre del calabacín”, un cultivo que desde hace tres años ha subido como la espuma –hay unas 4.700 hectáreas–, y se ha ido extendiendo desde Málaga hasta Murcia. “Este cultivo es más barato en mano de obra que producir pimientos y en los últimos años, los agricultores han dado un giro porque cada vez tienen más problemas de rentabilidad”, explica María José Pardo, gerente de Hortyfruta, la Organización Interprofesional de Frutas y Hortalizas de Andalucía. Esta región aporta el 92% de la producción de calabacín en España. Así, frente a los 68 céntimos de euro que cuesta productir un kilo de pimientos, el coste de un kilo de calabacines ronda los 39 céntimos. El grueso de la producción andaluza, un 60%, se destina al mercado exterior. ¿Y la competencia con Marruecos? “Ellos tienen menos coste en mano de obra pero más en semillas, productos químicos…. Y nosotros le aventajamos en comercialización, pero si seguimos así, la tendencia no es buena. Aunque al calabacín siempre será considerado un cultivo refugio”, añade Pardo.

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