Economía

¿Quién ganará la guerra de divisas?

Aunque prácticamente todos los países están ahora mismo enfrascados en una guerra de divisas, todo parece indicar que será EEUU el que gane la batalla, si el término adecuado en esta situación es “ganar”.
Las guerras de divisas son, sencillamente, una vieja estrategia, no especialmente sutil. El objetivo que se persigue en éstas es la devaluación de la propia moneda para estimular las exportaciones (¿recuerdan el mercantilismo?) , dando así un impulso a la economía a través de la demanda externa. No obstante, no todas las divisas pueden caer a la vez. La cuestión es qué país tendrá más fortaleza para sacar esta estrategia adelante y cuáles serán los daños colaterales.

Durante años, China ha mantenido devaluada su moneda para estimular sus exportaciones y encontrar un empleo para los ciudadanos que abandonaban el entorno rural. China lleva años creciendo por encima del 10% de su PIB, acumulando deuda estadounidense y manteniendo el yuan devaluado.
Aun así, de todas las estrategias utilizadas por los países inmersos en la batalla de divisas, parece que la de China es la menos sostenible de todas.  Mientras la economía del gigante asiático alcanza su madurez, Pekín intentará liberalizar los movimientos de capital y seguramente haga lo posible para convertir al yuan en moneda de reserva. No obstante, cuando los controles de capital se relajen, las inversiones se multiplicarán en China, aunque sólo sea por los bajos precios, y el país asiático experimentará un alto nivel de inflación. Esto provocará un encarecimiento de sus exportaciones. En otras palabras, precisamente porque China ha llevado tan lejos esta estrategia en el pasado, su margen de maniobra en el futuro se verá limitado.

Brasil y Tailandia asisten a una rápida revaluación de sus divisas. Si la rentabilidad es baja en EEUU y el dólar sigue perdiendo valor, los flujos de capital se desviarán a otros países. Dado que Brasil y Tailandia registran importantes entradas de capital, no pueden esperar que sus monedas se devalúen con facilidad. Lo mismo ocurre con Suiza, que siempre se ha considerado un “refugio seguro”.
¿Y qué hay de la eurozona? El Banco Central Europeo (BCE) tiene menos margen de maniobra que el resto de bancos centrales. El proceso de toma de decisiones del BCE requiere casi de una total unanimidad.  A la entidad, por tanto, le resulta complicado dar un giro de tuerca; al fin y al cabo, ya está bastante ocupada calibrando las consecuencias políticas de un posible rescate de los países periféricos. No parece que este panorama vaya a cambiar en un futuro próximo.
Esta situación tendrá como resultado un fuerte nivel de tensión en la eurozona y, en concreto, en los países denominados PIGS (Portugal, Italia, Grecia y España).  Si Grecia tiene un euro más fuerte por el hecho de que Alemania esté en la zona euro, el problema se agravará a medida que la divisa se revalúe. Lo que ya era un escollo importante se convierte en un gran centro de tensión.

En cuanto a EEUU, todo apunta a que asistirá a las mayores devaluaciones sostenibles de su divisa.  Debido al exceso de gasto del país, los analistas llevan años apuntando a posibles especulaciones con su moneda, pero, dado el carácter prudente de la actual política, no debería resultar difícil dar un vuelco a esta situación.  Y, al ser la economía estadounidense relativamente cerrada, esto no debería desencadenar la inflación interna.
La Fed no tiene los problemas de coordinación del BCE y, quizás al Partido Demócrata  le gustaría conseguir un cierto nivel de inflación y estímulo de cara a las elecciones presidenciales de 2012 para incrementar las perspectivas de reelección del presidente Obama. La cuestión es: ¿Quién le puede decir a EEUU que detenga esta política? En este tema, nadie.
Las guerras de divisas son como una pelea en el patio de un colegio en la que siempre sale vencedor el matón de la clase.  Mientras algunos se presentan con la navaja, EEUU trae una bazuca y los países de la eurozona ni siquiera llevan un palo de madera afilado.