Economía

Se vende polideportivo reformado. A estrenar

Imaginemos que tengo una casa ya viejita y le tiro algunos tabiques, le refuerzo los cimientos, la pinto, le aíslo el tejado… Vamos, que la reformo de arriba abajo. Pasadas las obras en las que, seguramente, me he dejado un dineral, diré que la casa ¡me ha quedado como nueva! Ya sé que no lo es, pero también sé que si ahora quisiera venderla, valdría más porque la he dejado inmaculada. Pues algo así debe pensar el Ayuntamiento de Madrid de alguno de sus polideportivos.

Me explico. Este comentario no va a cuento de la burbuja inmobiliaria sino de las argucias semánticas y dialécticas del Consistorio madrileño. El polideportivo de Chamartín fue sometido a una operación de estética, léase reforma integral, gracias a los fondos estatales del Plan E y el Fondo de Inversión Local. Hasta ahí, nada que objetar. El problema es que el Ayuntamiento considera que éste es uno de los ocho “centros deportivos de nueva construcción al que aplicar una gestión indirecta”. Lo que traducido quiere decir que será una empresa privada la que se encargue de la gestión –está previsto que el concurso se presente en marzo y se adjudique en mayo o junio–.

Alberto R. Gallardón, alcalde de Madrid.

No sorprende la medida, en cuanto que va en la línea editorial (ideológica) del color del equipo de Gobierno de Cibeles. Hasta ahí tampoco nada que objetar: es cuestión de coherencia y se enmarca dentro de las competencias sobre gestión de servicios públicos que otorga la Ley de Bases del Régimen Local. Lo que sorprende es el modo de vender esta operación. ¿Reformado quiere decir de nueva planta? Que se sepa, el polideportivo de Chamartín no añade nueva oferta a la red deportiva existente, algo que sí pasa con las instalaciones Pepu Hernández, Francicso Fernández Ochoa o Fabián Roncero, por citar algunas de las recién construidas en esta legislatura. Los sindicatos están que trinan y ya hablan de privatización encubierta. De momento, los trabajadores de este centro ya han sido “recolocados” en otras dependencias de la Dirección de Deportes. Y desde el Consistorio venden las bondades del nuevo modelo de gestión: la flexibilidad en la gestión permite adaptar en cada momento la oferta deportiva a una demanda cambiante. “Las economías se obtienen de esta misma flexibilidad tanto en lo que afecta a gestión de personal como a la gestión de otros recursos”, añaden las fuentes municipales. Eso sí, el ciudadano seguirá pagando las tarifas (públicas) que fije el equipo de Alberto Ruiz Gallardón para este tipo de instalaciones.

Sin embargo, hay incógnitas sin despegar aún. ¿Por qué este polideportivo y no otro? ¿Por qué no reconoce abiertamente el Ayuntamiento sus intenciones?¿Podría repetirse la jugada en otro polideportivo que pase por el quirófano de las reformas? El Ayuntamiento quita hierro al asunto, argumentando que, “actualmente, no existe previsión de convocar concurso de gestión indirecta sobre los 54 centros deportivos existentes”. Parece que, de momento, no hay más cambios. Lo dicho, de momento. Mañana ya se verá.