Economía

Cuando las cosas van bien, fruta; cuando las cosas van mal, patatas fritas

Las recesiones económicas no son buenas para la salud. Y si usted es un parado, y encima es varón, es probable que esté, sin saberlo, cambiando una dieta sana por una poco saludable que a larga le pasará factura a sus constantes vitales. Según un reciente estudio de economistas norteamericanos (How does the business cycle affect eating habits; Cómo afectan los ciclos económicos a los hábitos alimenticios), los vaivenes macroeconómicos nos marcan lo que comemos y cuánto comemos. Y no necesariamente por cuestiones de precio o de pérdida de poder adquisitivo. No. Este estudio empírico concluye que cuanto más alto es el desempleo menor es el consumo de fruta, zumo, zanahorias, ensalada y vegetales; cuanto más larga la etapa en el INEM, más fácil es caer en la tentación de los snacks, las hamburguesas o las patatas fritas. Además, del estudio se desprende que los divorciados y los singles tienden a despreocuparse de lo que comen (los hombres más que las mujeres). Y como dice el dicho somos lo que comemos.

Aunque es cierto que este análisis se ha hecho sobre la población norteamericana – en la que los hábitos alimenticios no son precisamente algo a imitar y en la que hay un alto número de obesos- conviene tomar nota de estas averiguaciones. En España, uno de los países del mundo donde el paro crece como la espuma y donde más parados hay de larga duración, el problema también debe preocuparnos. De momento, no parece que nuestro paladar se haya deteriorado tanto. Pero el estancamiento pinta mal.

Eso sí, se han recortado las comidas fuera de casa, se han desempolvado las tarteras, que desfilan por el trabajo a mediodía, se ha disparado el consumo de marcas blancas e incluso se han multiplicado los hurtos alimenticios en los supermercados (por eso se habrá dado cuenta de que cada vez hay más seguridad en los supermercados). Un estudio reciente de EuroPNStyles sobre salud y alimentación dice que los españoles siguen mayoritariamente preocupados por su salud –el 56% asegura seguir una dieta sana-.La pregunta del millón, o de los dos millones,  es: ¿Por qué están resistiendo tan bien las empresas de comida rápida y las de comida a domicilio esta etapa recesiva? ¿No estamos llenando nuestro estómagos con comida más barata pero rebosante de calorías? La báscula del baño lo dirá.