Economía

¿De dónde traen los Reyes Magos los juguetes?

Como un David del siglo XXI luchando contra Goliat, Juguetes Berna ha decidido plantar cara a la todopoderosa industria china del juguete. Desde Onil, una población alicantina de poco más de 7.000 habitantes conocida como “la cuna de la muñeca”, este pequeño fabricante ha hecho una apuesta arriesgada y llena de romanticismo: mantener a flote la última empresa española que hace pelo para muñecas. “Sólo quedamos nosotros y vamos a luchar con todas nuestras fuerzas. Ahora todo el pelo viene de China porque es más barato. Nuestro objetivo es reconquistar este mercado, aunque de momento nos está costando dinero”, señala José Antonio Silvestre, adjunto a la dirección de Rauber, la división de muñecas de Berna.
En su empeño titánico compraron a finales del pasado año Fabripel, un negocio que era propiedad de Famosa, la mayor juguetera española, hasta que le echó el cierre por falta de demanda. Su baza en esta batalla: ofrecer un producto de mayor calidad –trabajan con poliamida en lugar de con polipropileno, un tipo de plástico que utilizan los chinos–. El pulso está echado. Sólo les queda confiar en que los jugueteros del lugar vayan haciendo pequeños encargos y en recuperar las exportaciones.
No son los únicos que, cual numantinos, intentan resistir y mantener a flote el juguete made in Spain. En Educa-Borras, la segunda mayor juguetera nacional, se enorgullecen de que más del 85% de sus referencias sea de la tierra. “Estamos especializados en artes gráficas y hemos logrado ser competitivos tras una fuerte inversión”, explica Florenci Verbón, director general de la compañía conocida por los puzzles, los juegos educativos y de magia y las construcciones Tente, aunque de momento este producto está hoy en la recámara. Hace 76 años, hacer una caja de Magia Borrás era un proceso artesanal. “Manuel Borras [el último descendiente de la familia dueña de la compañía hasta la fusión en 2000 con Educa] contaba que el árbol entero entraba en la fábrica, porque entonces se hacía todo aquí” explica este directivo. Hoy, la magia es más compleja y la compañía trabaja con varios proveedores locales.

Berjuan arrasó con su 'Bebé Glotón', el primer muñeco lactante del mundo.

Y Muñecas Berjuan también lo ha conseguido pese a ser una pequeña pyme familiar. “Somos de los pocos fabricantes que quedan en Onil, el resto se ha convertido en mero importador. Toda nuestra producción es nacional”, explica César Bernabéu, director de Ventas y Márketing e hijo de uno de los fundadores de la compañía. ¿La razón? “Nuestras tiradas son demasiado pequeñas y, pese a que exportamos el 40% de nuestros juguetes, no nos interesa irnos a China y tener que aumentar la producción”, explica.

Resistir a la avalancha china
Casos como los suyos se cuentan cada vez más con los dedos de las manos. La industria española del juguete, que antaño llegó a contar con cerca de 350 empresas, se ha ido dejando por el camino nombres como Rico, Berjusa, Vicma o Payá en los últimos 25 años, víctimas de la globalización y de la arrolladora fuerza de China. Y las que quedan –217 jugueteras, un 98% de las cuales son pymes– sufren una constante oleada de productos asiáticos de calidad media y precios altamente competitivos. Porque hoy, los juguetes ya no vienen de Oriente, sino de China.
El gigante asiático se ha convertido en el principal productor de juguetes –terminados o de componentes– del mundo, con una mano de obra barata y una industria desarrollada. Sólo de este país procede el 87% de las importaciones de la industria juguetera europea –el 60% en el caso español–.
“El 70% de los juguetes viene de fuera y el 30% se fabrica aquí. Aunque la deslocalización se ha estabilizado”, corrobora José Antonio Pastor, presidente de la Asociación Española de Fabricantes de Juguetes (AEFJ). El incremento de los precios del crudo en 2008 encareció mucho los fletes e hizo que algunas empresas trajesen de vuelta a casa sus producciones. De hecho, las importaciones originadas en China cayeron un 4,6% en 2009, un retroceso no visto en mucho tiempo. “Jugueteras que fabriquen en España son ya las menos. Lo hacen, sobre todo, las más pequeñas. Las multinacionales y la mayoría de los fabricantes españoles se han ido a China por un tema de costes”, corrobora Fernando Ruiz, director de NPD Group en España.
Ante esta compleja tesitura, cada compañía ha diseñado su propia estrategia de adaptación. Muchas combinan la fabricación propia de una pequeña línea de juguetes con la importación y distribución de otros made in China. Es el caso de la propia Juguetes Berna y de Bizak, que está arrasando como distribuidor de Bakugan. Otras, sin embargo, han acabado rindiéndose a la evidencia del poderío asiático y abandonando definitivamente la producción para centrarse en la mera importación de juguetes hechos por multinacionales no afincadas en España.Pese a esta realidad, es justo recordar que España sigue siendo, junto a Francia, Alemania, Italia, Reino Unido y Polonia, uno de los países jugueteros más importantes del continente –entre todos concentran el 80% de la producción europea–.
“La mano de obra es relevante y para que este sector sea competitivo no puede instalarse en países muy desarrollados. Incluso Lego fabrica mucho en Hungría y Polonia. Nosotros concentramos en España los elementos de mayor valor añadido: 60 empleados para la I+D, el diseño, la comercialización”, explica Sergio Pastor, consejero delegado de Tecnitoys, empresa creadora de la popular enseña Scalextric. Como muestra de la especialización de su trabajo en las oficinas de Barcelona, Pastor explica que sus diseñadores utilizan los mismos programas que la industria automovilística. “Maranello [sede de Ferrari] nos pasa sus planos”, comenta orgulloso.
Una pauta similar a la que sigue, entre otras, Imaginarium, concentrada en “innovar y diseñar juguetes de calidad”, explica su presidente Félix Tena. Y sin fábricas en España.

Salvo los componentes electrónicos, que vienen de China, Injusa trabaja con proveedores locales y europeos.

Pero los números no siempre salen externalizando todo el proceso. Y algunas como Injusa, una de las cinco mayores jugueteras españolas, han optado por una vía intermedia, con un pie en España y otro en Asia. Estar especializada en juguetes de gran tamaño como coches, motos y quads les ha ayudado a mantener el sabor local. “Somos de los pocos supervivientes”, declara Luis Berbegal, gerente de la compañía, quien reconoce que “fabricar en China es barato pero traer el producto no lo es tanto. Sólo sale rentable si éste es de menor volumen y así te cabe más en un contenedor”. Al mismo tiempo, la compañía desarrolla una pequeña línea de producción en China –sólo ocho modelos– de un juguete algo más pequeño. “El tipo de cambio nos hacía poco competitivos para distribuir el producto desde aquí a Latinoamérica o Estados Unidos. Fuimos a China para abastecer esos mercados directamente desde allí”, explica el directivo.
Con sede en Ibi, la otra gran capital del valle alicantino del juguete junto con Biar, Castalla y Tibi –Alicante y Barcelona concentran dos tercios de esta industria–, Injusa mantiene una fábrica con 92 puestos de trabajo. Y aunque una producción exclusivamente nacional es prácticamente imposible, el 75% de la facturación se hace todavía aquí. El grueso de los materiales de sus coches –plásticos, metal y cartón– viene de proveedores locales y europeos “y se transforman con nuestras propias máquinas”, explica Berbegal. Todo, menos las baterías, los cargadores y los motores. “Compramos las baterías a Tudor, pero ésta las importa de China”, añade el directivo. Lo cierto es que todo el sector se nutre de material eléctrico y electrónico en el gigante asiático. No hay otra opción. En el mundo del juguete, los aprovisionamientos procedentes del exterior, bien de materias primas bien de producto semielaborado, han alcanzado niveles de entre el 34% y el 82% del total de los componentes utilizados.
Esta imperante deslocalización no preocupa, sin embargo, a la asociación de jugueteros, que la considera un fenómeno similar al que viven otros sectores industriales y sujeto a unas garantías: las fábricas deben cumplir el código de prácticas comerciales, un protocolo establecido por el Consejo Internacional de la Industria del Juguete. En opinión de Pastor, su presidente, el problema es otro: la avalancha de juguetes que entra en España en competencia desleal, cuando el resto está sometido a una estricta y gravosa reglamentación. “La seguridad de un juguete empieza en el diseño y al falsificarlos, se saltan esa parte del proceso por lo que la seguridad disminuye”, señala. Se calcula que las copias y falsificaciones y los productos de dudoso origen tienen un impacto del 15% en la facturación de un sector que el pasado año movió en Europa 5.000 millones de euros –el 23% correspondió a las empresas españolas–.
Pero ahora lo que realmente preocupa es saber cómo terminará el año. Volcados en plena campaña de Navidad, el sector sabe que se juega cerca del 70% de las ventas anuales en sólo un par de semanas. Y la incertidumbre económica unida al cambio en los gustos de los niños y adolescentes, otro de los temas calientes en el sector, ha obligado a las jugueteras a devanarse los sesos para conseguir la mayor parte posible del pastel. “Ahora, a los cuatro años un niño no quiere una moto sino una Playstation”, dice Berbegal, de Injusa. A su favor juega el hecho de que, al final, los padres siempre acaban haciendo un esfuerzo para comprar los ansiados regalos.
El engranaje navideño ya está en marcha y pronto se verá qué juguetes han traído sus Majestades de Oriente. Y aunque ya sabemos que la mayoría vendrá de China, quién sabe, igual traen las suficientes muñecas Rauber para seguir, un año más, resistiendo al pie del cañón al gigante asiático.

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