Economía

El crimen, el negocio más global

Ni los grandes bancos ni el desarrollo de las telecomunicaciones. El negocio que más jugo ha sacado a la globalización es el crimen. Ahora que las fronteras son cada vez más difusas y que la economía es la autopista que circunda el mundo, las mafias y bandas criminales campan a sus anchas y han extendido sus tentáculos a escala internacional. Las tríadas chinas median entre traficantes y funcionarios en muchos mercados asiáticos; los cárteles mexicanos se están convirtiendo en multinacionales del crimen, capaces de perdurar incluso si la demanda de droga se agotase, y la Camorra napolitana juega un papel clave en la recepción y distribución de productos falsificados por Europa.
Cuantificar este botín es una tarea titánica. Aquí no hay balances ni cuentas de resultados auditadas. Pero los expertos que se han aproximado a este fenómeno estiman que entre el 5% y el 10% del PIB mundial –de 8 a 16 billones de dólares– se mueve en torno al crimen organizado, el comercio ilícito y la corrupción. O dicho de otra forma, hablamos de un negocio de un tamaño entre ¡ocho y dieciséis veces la economía española! Una ingente suma de dinero que lucha por encontrar –y casi siempre logra– una entrada en el cauce legal.
“El crimen se ha internacionalizado más rápido que el cumplimiento de la ley y la gobernanza mundial. Y se ha convertido en una amenaza para la paz y el desarrollo, incluso para la soberanía de una nación. Los criminales usan armas y violencia, pero también dinero y sobornos para comprar elecciones, políticos, poder… ”, sostiene Antonio Maria Costa, director ejecutivo de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC en sus siglas en inglés).
Incluso la Unión Europea, hasta ahora más preocupada por el terrorismo, ya ha reconocido que “la delincuencia organizada es hoy una de sus amenazas principales. Y una amenaza es aquello que puede desestabilizar un sistema”, ahonda el comandante de la Guardia Civil  Juan Gama, jefe de inteligencia sobre crimen organizado de la Policía Judicial. La prueba de la trascendencia de este fenómeno es que el Programa de Estocolmo 2010-2014 recomienda el desarrollo de una estrategia de seguridad interior para la UE dirigida a luchar contra el terrorismo y la delincuencia transfronteriza.

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Las mafias del Este de Europa, por ejemplo, buscan infiltrarse en las instituciones, “que es algo más amplio que corromper al funcionario de turno”, matiza este oficial. Y es difícil olvidar cómo se las gasta la mafia italiana. A principios de los años noventa asesinó a los jueces antimafia Falcone y Borsellino y no hace mucho, en 2006, doce ayuntamientos de Calabria fueron disueltos por estar infiltrados por la Ndrangheta. Son sólo un escalofriante botón de muestra. Francesco Forgione, ex presidente de la Comisión Parlamentaria Antimafia de Italia, ilustra en su reciente libro Mafia export cómo la Ndrangheta, la Camorra y la Cosa Nostra han colonizado el mundo con sus lucrativos negocios.
Sin embargo, Andrea Giménez-Salinas, subdirectora académica del Instituto de Ciencias Forenses y de la Seguridad de la Universidad Autónoma de Madrid, detecta un cambio cualitativo: “Nuevas grandes mafias con muchos miembros, tipo a la italiana, la rusa o la yakuza japonesa, es más fácil que se desarrollen allí donde el Estado es débil. Pero en Europa vemos grupos más pequeños y compartimentados que se relacionan entre sí”. Algunos de éstos, incluso, se centran en realizar para terceros actividades instrumentales como el blanqueo, la falsificación o la violencia. “Es más difícil que un solo grupo controle hoy toda la cadena de negocio”, añade la también coautora del ensayo Crimen.org.

‘MULTINACIONALES DEL CRIMEN’ El tráfico de drogas, armas y personas; la explotación sexual y laboral de mujeres y niños; la falsificación de productos y medicinas; el mercadeo con recursos naturales… Son diferentes caras de un mismo fenómeno que implica altas dosis de violencia y la flagrante violación de derechos humanos. Pero también supone un negocio muy lucrativo por cierto. El valor de los flujos ilegales ronda los 130.000 millones de dólares anuales, el 85% de los cuales procede de la droga, según la última foto tomada por la UNODC en La globalización del crimen, un revelador informe.
Sólo en Europa se distribuyen cientos de toneladas de cocaína procedentes de la región andina con un valor estimado en 34.000 millones de dólares. “Los traficantes internacionales se llevan el 25% de la venta final y sólo un 2% beneficia a los cultivadores y narcos locales. El grueso de los ingresos, más del 56%, se genera en el destino entre los mayoristas y los consumidores”, reza el informe. Europa también es el mercado regional de heroína de mayor valor –20.000 millones de dólares– y Rusia, el mayor país consumidor del mundo.
Pone los pelos de punta saber que sólo en nuestro continente hay unas 140.000 víctimas del tráfico de personas con fines de explotación sexual. Mujeres procedentes en su mayoría de Rusia y sus ex Repúblicas, de los países balcánicos y cada vez más, de Brasil. Un negocio valorado en 3.000 millones de dólares anuales. ¿Sabe cuánto mueve el tráfico de inmigrantes desde Latinoamérica a Estados Unidos? Cerca de tres millones de personas al año y genera 6.600 millones de dólares. Una cifra similar a la facturación de una empresa como Inditex. ¿Y qué me dice del mercado de los productos falsificados made in China? La cantidad detectada en las fronteras de Europa se ha multiplicado por diez en la última década, y ya alcanza un valor anual superior a los 8.000 millones de dólares.
Otros negocios al alza, aunque aún de menor peso económico, son el tráfico de recursos naturales como el marfil de elefante, los cuernos de rinoceronte o las pieles de tigre desde África o el sudeste asiático, valorado en 75 millones al año, y los cien millones anuales que mueve la piratería en el cuerno de África.
Sin embargo, este rosario de datos económicos hay que ponerlo en cuarentena. La propia UNODC es cauta y reconoce que las cifras son estimaciones –no siempre son comparables–, y que deben tenerse en cuenta más como una forma de vislumbrar “la magnitud del problema que como datos precisos”. Y es que es difícil saber cuánto mueve la delincuencia organizada cuando una de sus características es el ingente entramado de negocios legales que dan cobertura a la red. Y la amenaza es que estos criminales se acaben infiltrando como grandes hombres de negocios. “Los arrestos y los decomisos son importantes, pero no suficientes. El crimen organizado transnacional no puede limitarse a la justicia penal. Las soluciones requieren instrumentos globales y no dejar zonas grises entre la legalidad y la ilegalidad por las que campan estos criminales”, señala Acosta.
Por eso todos los expertos ponen el acento en la necesidad de actuar de forma global y coordinada entre los países y de luchar sin tregua contra la corrupción, el blanqueo de dinero y el secreto bancario. El objetivo: cortar esos flujos de negocio.  “Los criminales están motivados por el beneficio: ¡vayamos detrás de su dinero!”, recomienda Acosta. En esta ocasión, la UNODC no pone el acento en saber cómo actúan los grupos del crimen organizado sino en los mercados criminales, a los que califica de “auténticos centros de poder”.
Pero pese a que el cerco es cada vez mayor, se calcula que en el mundo persisten 72 paraísos fiscales. Y el FMI estima que entre el 2% y el 5% del PIB mundial procede del blanqueo de capitales, aunque es cierto que no todo tiene su origen en el crimen organizado. Pero para que se hagan una idea: si todo ese dinero fuera de un Estado estaría ¡entre las diez economías más potentes del planeta!
“Combatir el crimen organizado exige un cambio de mentalidad en los políticos, las fuerzas de seguridad… porque es mucho más complejo. Y la inteligencia en esta lucha es fundamental, ya que sirve para elaborar estrategias y labores de investigación. Incluso para recomendar cambios legislativos”, reflexiona Gama.
En Europa, el Proyecto Harmony, del pasado octubre, es un modelo de inteligencia criminal para aunar los instrumentos existentes y reforzar a Europol. Por su parte, España, que dada su posición geográfica es un punto clave, ha avanzado mucho. Por ejemplo, la implantación del Sistema Integrado de Vigilancia Exterior (Sive) de la Guardia Civil, para combatir el narcotráfico y la inmigración ilegal en la frontera sur, es una medida estratégica fruto de una labor de inteligencia. O la presencia de efectivos en África Occidental (Guinea-Bissau, Ghana y Nigeria), que desde 2005 es la nueva ruta de la coca andina hacia Europa. “La dimensión exterior de la seguridad interior es el nuevo reto en la lucha contra el crimen organizado”, asegura este oficial. En 2006 se creó, además, el Centro de Inteligencia contra el Crimen Organizado.
Todas estas actuaciones trastocan el modus operandi de las bandas. Así, a principios de los noventa, los traficantes españoles iban a Marruecos para aprovisionarse y luego distribuían la droga. Sin embargo, la detención de los narcos de la Costa del Sol hizo que otros cobrasen protagonismo: los marroquíes empiezan a traer ellos mismos la droga a España para encontrarse con traficantes europeos. Pero desde la implantación del Sive en 2007, han tenido que modificar las rutas. “Seguimos siendo una importante puerta de entrada de hachís en Europa, pero ya no la única. De hecho, Europol ha elaborado por primera vez un fichero de este tráfico, porque ha visto que ahora es un problema europeo”, añade.

ESPAÑA, ¿SUCURSAL DE LAS MAFIAS? En prensa se pueden leer cada vez con más frecuencia titulares como éstos: Cae una red mafiosa albanokosovar compinchada con funcionarios de prisiones; Desarticulada una banda especializada en la estafa y la falsificación; 41 personas detenidas en una trama de blanqueo relacionada con cárteles colombianos… ¿Estamos infectados por las mafias? “La amenaza existe pero no es tan grande como en otros países. La mayoría de los grupos que operan es de tamaño medio, autóctonos, aunque con un creciente componente internacional, y atomizados”, diagnostica el comandante Gama.
El primer balance oficial publicado por el Ministerio del Interior –incluida la primera comparecencia sobre la materia de un ministro en el Congreso el pasado noviembre– arroja un saldo de 5.881 detenidos, 616 grupos investigados y efectos incautados por valor de 300 millones de euros en 2009. Pero, claro, esto es sólo una pequeña parte de un pastel que nadie sabe cuantificar.

“Queda por contrastar si el aumento de casos de crimen organizado en los últimos diez años se debe a una realidad creciente o, simplemente, a una mayor presión policial. Sería bueno  contar con mediciones alternativas a las oficiales”, apunta la profesora Giménez-Salinas.
La detención de los grandes narcos gallegos –¿recuerdan la Operación Nécora de hace veinte años?– hizo mucho daño, pero otros han ocupado su lugar. Sin embargo, son los ajustes de cuentas perpetrados por sicarios en Madrid y los violentos atracos de bandas del Este los que han elevado la alarma social. “La mayor parte de delincuencia organizada rumana es de nivel bajo-medio y no hay grupos de sicarios implantados aquí. Sí hay colombianos que ejercen de representantes comerciales de los cárteles”, matiza Gama.
Cuando las grandes mafias se ven presionadas en sus casas buscan refugio en terceros países. Una vez allí, empiezan a realizar ciertas actividades instrumentales, como el blanqueo de dinero. Y sólo en un tercer estadio, intentan replicar su core business en el país de acogida. “En España aún no hemos detectado esta tercera fase ni necesariamente tiene que producirse”, explica este oficial. Instalarse exige, por un lado, una debilidad institucional que aquí no se da, y, por otro, replicar la cultura de estos grupos. Y eso no es fácil de lograr. Además, España ha reformado el Código Penal, en vigor desde diciembre, que tipifica la trata de personas y la organización criminal como delitos y está reforzando los efectivos policiales y la cooperación internacional.
Pero mientras siga existiendo un suculento botín, estas multinacionales del crimen no cejarán en sus lucrativos negocios. Y viendo que la globalización es imparable, sólo resta tapar los resquicios por donde se cuelan y atacar donde más les duele: al beneficio. Quizá sólo así el crimen acabe siendo un negocio poco rentable.

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