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Claro que el cine español se hunde: no escucha al público

¿Saben cuánto han recaudado las cuatro películas españolas nominadas a los Goya de este año? Siete millones de euros. Una cantidad a todas luces ridícula. Pero no sólo si se la compara con el 99% de las películas americanas que llegan a nuestra cartelera, sino con lo que costó producirlas. La suma de los presupuestos de También la lluvia, Balada triste de trompeta, Enterrado y Pan Negro ascendió a más de 18 millones de euros, de los que alguno salió de los fondos públicos. Es decir, las mejores películas españolas del año costaron más del doble de lo que han recaudado en cines.

Presupuesto: 6 millones. Recaudación: 3 millones.

Unos datos como estos llevarían a cualquier directivo de una empresa de cabeza a la cola del paro. Pero en el caso del cine español, no ocurre nada. Tan sólo el presidente de la Academia, Alex de la Iglesia, hace un poco de autocrítica asegurando que “este año lo hemos hecho un poco mal”.

¿Un poco mal? ¿Este año? Ojalá fuera sólo eso. El cine español lo lleva haciendo mal desde hace mucho tiempo, con recaudaciones conjuntas que rara vez superan los 100 millones de euros, y con menos del 15% de cuota de pantalla por norma general. A pesar de ello, la “industria” del séptimo arte nacional asegura que todo es culpa de la piratería y de las grandes distribuidoras, que son las que casi deciden qué películas se exhiben en las salas.

Estamos sin duda ante unas excusas que se desmontan con facilidad. Para empezar, las películas españolas son las que menos se descargan porque, son las que se ven y se oyen peor en las versiones piratas de Internet. Además, ¿no existe una ley europea que obliga a los cines a un porcentaje de emisión de producto nacional? La verdad es que las películas que se hacen en España no interesan a los españoles, y cuando se equivocan y aciertan con alguna, ésta no recibe ninguna recompensa.

Presupuesto: 5 millones. Recaudación: 4 millones.

¿Ejemplos? La cinta más taquillera de este año 3 metros sobre el cielo, con más de 10 millones de euros recaudados, no tiene ningún reconocimiento.  El año pasado Celda 211 arrasó en taquilla (13 millones de euros recaudados), y ni siquiera fue la candidata española para representar a nuestro cine en los Oscars. Y eso que ganó el Goya a la mejor película del año. Sí lo fue en cambio Mapa de los sonidos de Tokio, que recaudó tan sólo 2 millones de euros y 0 Goyas.

El resultado de tanto desatino es que hasta el mes de septiembre de 2010 el cine español sólo había recaudado 30 millones de euros, y con suerte puede que alcance los 70 en todo el año. Es decir, 40 millones menos que en 2009, un año de récord ya que habían estrenado películas Alejandro Amenábar (Agora) y Pedro Almodóvar (Los abrazos rotos), dos bazas seguras en la taquilla.

Pero cuando alguno de ellos no dirige, lo habitual es que el cine español siga viviendo de espaldas a un espectador que pide a gritos que las películas españolas sean más sencillas y entretenidas. Es decir, que se empiecen a parecer un poco a las americanas (Celda 211, Planet 51, Spanish Movie, REC), o que por lo menos hagan reír (Fuga de cerebros, Que se mueran los feos).

Por desgracia, lo que quiere el público (el que paga) no parece interesar a los intelectuales de la academia, que siguen perpetrando un producto de arte y ensayo que, tras más de 100 años de historia del cine, no triunfa entre los españoles. ¿Necesitarán otros 100 años para darse cuenta de ello? Si no lo hacen, nada podrá evitar que la eterna crisis de la industria audiovisual española acabe en tragedia.