Empresas

Médicos: "Si no eres rentable, no te curo"

Ningún médico se ha visto en esa tesitura todavía… pero, al paso que vamos, algún día llegará el caso. Quizá no lo diga el médico, pero lo dirá el hospital o el sistema sanitario público que, para el caso, da lo mismo.

Para situarles en el problema de fondo, les tengo que dar unos datos. El sistema sanitario español maneja un presupuesto de unos 60.000 millones de euros. Como los ingresos son bastante menores que los gastos, el resultado es un enorme agujero: un déficit que ronda los 10.000/ 12.000 millones de euros. Y, lo que es peor, estos números rojos podrían elevarse a 50.000 millones en 2020, según un amplio y serio estudio que elaboraron la Fundación de Estudios de la Economía Aplicada (FEDEA) y la consultora McKinsey hace algo más de un año. Las cifras pueden haber cambiado algo, pero no la realidad que apuntaban: el colapso al que se encamina nuestro sistema sanitario.

Con este telón de fondo, al sistema sanitario en su conjunto, y a los centros hospitalarios de forma individual, no les va a quedar más remedio que incluir en su manejo diario un concepto clave en cualquier negocio aunque los centros sanitarios públicos hasta ahora no le hayan prestado apenas atención: la rentabilidad. Lo hará el Estado, en su conjunto, y lo tendrán que hacer las comunidades autónomas, a quienes el Gobierno transfirió las competencias sanitarias aunque ahora, vistas las pérdidas que les ocasiona, a más de una le gustaría devolver aquel viejo regalo (¿imaginan cuáles?)

Vamos, que tarde o temprano, la rentabilidad va a tener que presidir todo el sistema sanitario. Así de duro, pero así de necesario, como decía hace unos días con gran claridad el presidente de USP Hospitales, John de Zulueta, en un interesante desayuno organizado por la escuela de negocios Esade. Y allí contaba el caso del Reino Unido, donde –decía él con cierta gracia- se creó la agencia independiente National Institute for Health and Clinical Excellence que, conocido por  las siglas, NICE, no se decida precisamente a hacer algo “nice” (en inglés significa bueno, amable, simpático). No se equivoquen, el NICE goza de gran prestigio internacional, podría ser emulado en España con una agencia similar y se apoya en multitud de estudios y ensayos sanitarios y universitarios para realizar muchas recomendaciones y guías prácticas para el buen funcionamiento del sistema de salud, tanto sobre prácticas como nuevos procedimientos, tratamientos y medicinas para prevenir y tratar enfermedades. Pero siempre bajo un enfoque de buena utilización de los recursos y bajo criterios de coste y rentabilidad. Vamos, que analiza el coste/rentabilidad que genera tal práctica o tal tratamiento, de forma que si su coste es mayor a la rentabilidad que se obtiene, pues queda desaconsejado. Así que ya se pueden imaginar que las farmacéuticas están muy pendientes de lo que dice el NICE acerca de sus tratamientos.

Como todo se traduce en cifras, cada tratamiento tiene asignado su coste y también el resultado que consigue (recuperación del enfermo en tanto tiempo). Si lo que se propone no alcanza los objetivos de rendimiento/coste, se desestima. Llevado al extremo, uno se puede imaginar el caso de que un enfermo no reciba el tratamiento que requiere porque su coste es mayor que el beneficio que va a obtener. Zulueta contaba el caso de una enfermedad grave, que exige un tratamiento costoso y que el NICE había puesto el umbral rendimiento/coste en unas 30.000 libras parar alargar la vida del paciente como mínimo un año. Lo que quede fuera de esos objetivos, está desaconsejado. Y obliga a buscar otra alternativa.

No se alarmen, no creo que ningún paciente deje de recibir tratamiento para su enfermedad si no entra dentro de los parámetros establecidos, pero al final, si ponemos precio a las cosas de esa manera, es fácil llegar a este segundo paso. Y, como decía Zulueta, los médicos, que hasta ahora han hecho de su cometido el salvar vidas, quizá tengan que pensar también en si ese cometido es rentable en todos los casos. Porque si no lo piensan ellos, lo pensará el hospital, sea público o privado, o el sistema en su conjunto. Así que ya saben, más vale prevenir que curar. Cuiden sus salud. Porque la sanidad pública también va a tener que empezar a cuidar la suya aunque, en su caso, hablemos de salud financiera.

Nota: El déficit sanitario no sólo obliga al sistema nacional de salud a pensar en términos de rentabilidad, como cualquier otra empresa, sino que a la larga también va a derivar en el pago de ciertas atenciones y, sobre todo, en la reducción de los servicios que presta gratuitos a un –digamos- paquete básico –que no creo que incluya programas de cambio de sexo como ofrecen ahora algunas comunidades- y el resto, de pago, o a hospitales privados. Esto no deberíamos tardar en verlo.