Economía

¡No puedo vivir sin productos chinos!

Nunca pensé que mis huesos podrían acabar en un ataúd procedente de China. Cuando anoche leí por Internet que la firma valenciana Maderarte Coffins importaba del gigante asiático la que podría ser mi última morada, casi me da un infarto. Tan sorprendido me quedé, que me costó conciliar el sueño. Por eso, cuando esta mañana ha sonado el maldito despertador, le he dado tal golpe que casi lo hago mil pedazos. Curiosidad, o intuición, lo cierto es que al recogerlo del suelo, lo primero que he hecho ha sido mirar su procedencia. Y era ¡Made in China!

¿Tan rodeados estamos de productos con origen en el país de Mao? Nada más encender la radio, obtengo la respuesta. “España ha importado de China en los últimos años todo tipo de productos por valor de 20.000 millones de euros anuales”, comenta Amadeo Jensana, director del departamento de Programas Económicos y Cooperación de Casa Asia.

¡Huy! Les estoy contando mi vida, y ni siquiera me he presentado. Me llamo José Carlos, estoy casado, tengo dos niños y trabajo en una oficina de contable. Soy un poco maniático, y cuando se me mete una cosa en la cabeza, le doy mil vueltas. De ahí que siga con la oreja pegada a la radio. Muy interesantes me parecen las palabras de otro contertulio, Eduardo Morcillo, director corporativo de InterChina Consulting: “El 80% de los productos chinos que utilizamos a diario proceden de empresas españolas con sede en China [unas 500, según la Oficina Económica y Comercial de España en China], o son fabricados allí por compañías chinas y distribuidos y comercializados por empresas españolas. El 40% de las cosas que utilizo a diario en mi casa son chinas”.

Tan embobado estoy con el tema, que se me empieza a echar la hora encima. ¿Una camisa de Zara o un polo de Nike? Ambas etiquetas me dicen que están hechos en China. Como mi americana Polo Ralph Laurent. Y quizás mis Camper, diseñados en España, hayan pasado por China. “La percepción general es que allí se fabrica barato y malo, y eso es erróneo. Que Apple, Bell o Toshiba confíen a China su producción, es sinónimo de calidad. De hecho, son firmas que están contentas fabricando en China.

Envuelto en la vorágine circulatoria de la mañana, busco en la radio del coche el dial de la emisora. Ahí sigue el director corporativo de InterChina Consulting: “Las empresas de componentes de automoción, como Gestamp, Antolín o Ficosa tienen varias fábricas en China. Incluso compañías como Peugeot, Nissan o Seat poseen presupuestos multimillonarios para comprar en China”. ¿Llevará mi coche tapacubos o cojinetes fabricados en Asia? “En cada cluster hay, como mínimo, un centro de compras para China”, aclara Eduardo Morcillo.

Tras aparcar, y antes de entrar en la oficina, enciendo mi iPhone… chino. Ningún mensaje. Ya delante de mi ordenador, me olvido del tema. Pero, en la pausa del café, cae en mis manos un periódico con un especial del gigante asiático titulado “China es la fábrica del mundo”. Y en su interior me encuentro con los siguientes titulares: “China es el primer fabricante mundial de coches”, “El 80% de las motos se hacen en China”, “Dos tercios de las piezas de los relojes se hacen en China”, “China fabrica ordenadores portátiles para todo el mundo”, “El 75% de la ropa interior femenina se hace en China”, “El 60% de las fabricas españolas en China exportan a España”…

Miro detrás de mi ordenador HP L1908 y leo Product of (ShenZhen) China. Sigo indagando. Los netbook de dos compañeros, un Acer S32H-2D y un Samsung N210, así como un MP3 de Philips, y una grabadora digital Olympus de la secretaria, también son originarios del Lejano Oriente. Ella, siempre colaboradora, y muy puesta en temas tecnológicos, me comenta que los routers que la empresa tiene de Telefónica los fabrica Huawei, una firma china que opera en España desde 2001. Y que otros operadores como Vodafone, Orange y Jazztel también usan sus productos de banda ancha. Ya en mi sitio, ojeo de nuevo el periódico y leo que Keeway es el nombre comercial para Occidente de la multinacional China Qianjiang Motor; que su producción anual supera los 1,2 millones de vehículos; que da empleo a 12.000 personas; y que está en España desde 2005, vendiendo más de 25.000 motocicletas de sus marcas Keeway y Benelli.

De vuelta a casa, le compró a mi hijo un chándal Adidas en la tienda oficial del Real Madrid ¡hecho en China!. Su sonrisa al verme llegar con la bolsa al Burguer King (es su cumpleaños) compensa tanto ajetreo. Me pido una cerveza, y en mis manos cae un Bob Esponja que la multinacional norteamericana regala con su menú para niños. ¿Adivinan su procedencia? Saco mi Handycam Sony de la funda LowePro, y me pongo a grabar. Un amigo de mi hijo me pide que les haga una foto con su Nikon Coolpix L21, otro con su Casio Exilim Ex290, y otro con su Kodak Zx1. No me acuerdo de cuál se olvidó de meter la memoria SanDisk. ¿Hace falta que les repita el origen de tanto ingenio tecnológico?

De vuelta a casa, cojo del frigorífico una lasaña que caliento en el microondas. ¡Qué curioso! No me había dado cuenta de que todos los electrodomésticos son de la marca Haier. Y el aire acondicionado también. La verdad es que cuando compramos el piso, nos gustó tanto la cocina, que no cambiamos ninguno. “Seguro que son alemanes”, pienso. Craso error. Haier es el primer fabricante del mundo… ¡y es chino! Tras recoger los juguetes (a mi hija la pequeña le encanta un gusano musical –chino– de Playschools) enchufo el televisor Philips del dormitorio. Para no molestar a mi mujer que está leyendo en su libro electrónico Toshiba JourneTouch algo de Vargas Llosa, me coloco unos auriculares Pioneer (prometo no volver a decir más que son de China). ¡Qué sorpresa! Hay un debate sobre el gigante asiático. “Incluso en China se fabrican productos de marcas de prestigio con toda la calidad y la precisión del mundo”, argumenta Pedro Nueno, profesor del Iese, y presidente del China Europe International Business School. Y no habla sólo de bolsos, también de productos farmacéuticos: “Roche tiene allí unos departamentos de I+D espectaculares”.

Cuando el moderador pregunta por el futuro, un asiduo de estas tertulias como Eduardo Morcillo apunta a que “China dejará de ser competitiva en mano de obra barata, por lo que su objetivo ya se centra en ser líderes globales en bienes de equipo industriales medios”. Y, por lo que veo, también es frecuente la presencia de Amadeo Jensana: “Harán productos con más valor añadido, de gama media y alta, e intentarán potenciar sus marcas propias”, destaca. Una señal más de que, como indica el profesor Nueno, “la globalización es imparable”. Antes de apagar la luz, dejo en la mesita mi reloj Festina. Un ejemplo más de que miles de etiquetas me recuerdan que estoy rodeado de productos Made in o Made with China. Porque muchos de ellos poseen tecnología americana, estilo europeo, o han sido desarrollados por ingenieros de cualquier parte del mundo. Buenas noches. Click.