Economía

RIP: España se queda sin tenderos

No le van bien la cosas a Desi, el amigo íntimo de Antonio Alcántara, en los últimos episodios de “Cuéntame”. Su establecimiento de electrodomésticos no vende ni una estufa, y su mujer se ha tenido que poner a trabajar. Aunque han pasado más de tres décadas desde la ficción de la serie (están en plena transición democrática) a la actualidad, lo que no ha cambiado de ayer a hoy es que el sector del comercio tradicional sólo ve negros nubarrones en el horizonte (desplome de ventas, más gastos en alquileres, subidas de impuestos…).

Los datos así lo demuestran: las ventas del comercio minorista cayeron en diciembre un 4,4%, cerrando el año 2010 con un descenso del 1,7% (según el INE). En las pequeñas cadenas, las ventas bajaron un 3,2%, mientras que en las empresas unilocalizadas (aquellos comercios regentados por autónomos) lo hicieron en un 2,1%. “Tras seis meses consecutivos a la baja, no nos queda otra que decir que el sector del comercio se desangra”, afirma Lorenzo Amor, presidente de la Asociación de Trabajadores Autónomos (ATA). Y a borbotones, podría añadirse. Durante los tres últimos años han cerrado sus puertas 100.000 comercios, y se han destruido 400.000 puestos de trabajo. “La temporada de rebajas, que esperábamos que lograra paliar esta caída de ventas, está siendo muy plana”, se lamenta el presidente de ATA.

¿Y qué hacen los que quieren seguir adelante? Resistir, como los últimos de Filipinas, pero no a tiro limpio, sino endeudándose hasta las cejas. Es lo que ha hecho el pequeño empresario alicantino, por ejemplo, aumentando su nivel de endeudamiento un 30% más, según datos del Colectivo de Comerciantes de Alicante. Y eso supone otro lastre para su actividad. No sólo recurren a créditos personales, sino que llegan a rehipotecar sus establecimientos e, incluso, pagan las pólizas de crédito a un mayor interés.

La consecuencia es que carteles del tipo “Liquidación por cierre” estén sembrados por todos los rincones de España. Y no sólo por la crisis. En ocasiones, las generaciones venideras, ante los negros nubarrones que se ciernen sobre los establecimientos, prefieren no coger el relevo. En otros casos, son locales que tienen renta antigua (desde 400 a 700 euros en el caso de Málaga, por ejemplo) y les vence en pocos años, por lo que el alquiler se dispararía hasta los 10.000 euros. ¿Consecuencia? Las tiendas tradicionales, sobre todo en los centros históricos de grandes ciudades, están dejando paso a franquicias o cadenas, perdiendo parte de su glamour y de su encanto.