Economía

Burbujas que no vemos y nos estallarán en la cara

Todavía no nos hemos recuperado de la resaca del ladrillo y del dinero medio regalado, y ya empiezan a engordar como globos otras burbujas económicas de potenciales efectos demoledores: el petróleo, los alimentos, los mercados emergentes, la deuda pública, el oro, el algodón…

Está claro que las ‘pompas’ vienen y van. Un ejemplo clásico: en siglo XVII los holandeses se afanaban por coleccionar los bulbos de tulipán que crecían formidablemente en sus arenosas tierras ganadas al mar y no era raro que pagasen por ellos varias veces el salario anual de un artesano. Durante los años de la tulipomanía, la especulación, la exuberancia irracional, como diría Alan Greenspan, y un punto de locura humana hicieron que los precios volasen como un cohete y que todos los inversores, pequeños ahorradores y grandes especuladores, se jugasen su dinero en busca de pingües ganancias. 100%, 200%, 300%… Un día, claro, este mercado floral hizo crack, arruinando a más de un especulador y sumiendo a la economía holandesa en una era glacial .

Otro ejemplo clásico de nuestro tiempo: subieron los precios inmobiliarios en la última década, vino la crisis subprime estadounidense, se cargó a varios gigantes como Lehman Brothers y no dejó a todos tiritando de frío. Helados estamos en España con tanto paro y tanta confusión.

El instinto gregario de la gente hace que los inversores se agolpen ante la perspectiva de ganar más, y más fácilmente, dinero. Cada cierto tiempo algún mercado se infla ­–suben los precios escandalosamente por encima de su valor real­–, los inversores acuden en manada y se vive una fiesta de infarto hasta que acaba en lamentos. Los bancos centrales del mundo han sacado toda su artillería pesada desde finales de 2007 para suavizar la recesión y sortear la súbita sequía de liquidez en los mercados derivada de los problemas de las hipotecas subprime. La consecuencia es que el precio del dinero está baratísimo, ­por debajo del 1%­ en gran parte de los países desarrollados.

Cierto que los países en desarrollo se están recuperando con más rapidez y con más brío que el mundo occidental -lo cual implica un mayor apetito de materias primas-, pero no es menos verdad que hay muchos flujos de dinero hacia los mercados emergentes -apuestas de hedge funds, fondos de pensiones…- en buscan de mejores ganancias. Especulación, vamos. Barclays Capital calcula que en 2010 tales inversores han puesto en la cesta de las materias primas unos 60.000 millones de dólares. Si los inversores deciden de repente llevarse el dinero a otra parte, el maremoto macroeconómico va a ser grande.

El precio del petróleo hoy -ligeramente por encima de los 100 dólares por barril-, ya está por encima de los niveles de septiembre de 2007, un año antes del colapso de Lehman Brothers.¿Vamos a una crisis como la de los setenta o como la de 2008? Ésa es la gran cuestión.

En el caso de los alimentos, sorprenden los ‘subidones’ de los cereales, el azúcar…hasta el café se encareció casi un 80% en 2010. El Nobel Paul Krugman está convencido de que esta espiral alcista de los precios de los alimentos es en parte el reflejo de que los recursos naturales no son finitos en el  planeta.

La trayectoria del oro también asusta. En los últimos dos años, este metal ha doblado su precio y hoy la onza troy ronda los 1.400 dólares. Es decir, se ha cuadruplicado respecto a sus mínimos históricos. Tras esta fiebre se esconde el viejo truco especulativo de endeudarse en divisas con bajos tipos de interés –­caso del dólar– para adquirir activos a los que se le atribuye un largo recorrido alcista. La burbuja de oro debería empezar a ceder cuando la Fed amague con una subida de tipos o algunos de los bancos centrales que atesoran el metal en sus sótanos se animen a venderlo.

Por otro lado, casi todo los gobiernos del mundo, para alimentar sus planes de reactivación económica, se han embarcado en el mayor endeudamiento de la historia. Algo que no tiene parangón en tiempos de paz, y tal vez tampoco en épocas de guerra. El FMI calcula que la deuda soberana en los diez países más ricos del mundo trepará del 78% de 2007 hasta el 114% en 2014. Países como Grecia, Portugal o Irlanda están en el ojo del huracán y se teme que puedan suspender pagos.  Los más pesimistas piensan que estamos entrando en una era  de suspensiones de pagos estatales que arruinará a muchos bonistas que ahora financian los colosales déficit públicos.

Como suele decir el ex presidente de la Fed, Alan Greenspan, las burbujas sólo se ven con claridad a toro pasado, una vez que han reventado en nuestras manos. Por eso él no vio venir la burbuja de las hipotecas basura. Y por eso, hay que estar preparado para la siguiente e imprevisible pompa.