Economía

El último español de clase media, en peligro de muerte

Más y más paro; salarios congelados, ultracongelados o rebajados; los mismos impuestos, o más; la inflación que vuelve a galopar…La clase media española, que es el puntal del Estado de bienestar y que es la que realmente le da el dinero a Hacienda cuando ésta pasa la gorra allá por el mes de mayo, se está quedando sin dinero y cada vez más parece una clase pobre y desesperada, con buenos conocimientos educativos, y gustos y  modales más finos. Déjenme que les recuerde lo que me decía María Pons, abogada de clase media y madre de una hija, en un artículo en Capital de hace muchos meses que les reproduzco parcialmente porque no ha perdido ni un ápice de actualidad y frescura: “Hemos metido la pata. Nos hemos dejado llevar alegremente por el clima de euforia económica metiéndonos en hipotecas enormes, sin modificar ni un ápice nuestros hábitos de consumo, sin tener en cuenta que los salarios no subían. Y ahora ha llegado esta crisis y no podemos hacer frente a nuestras facturas”. Pons, asfixiada por los gastos, ha urdido un plan anticrisis de confección casera con el fin de llegar a fin de mes, lo que no siempre consigue. Adiós a los pequeños caprichos. Ya apenas sale a cenar a restaurantes, rehuye la ropa de gama alta, llena la cesta de la compra con un número creciente de marcas blancas e incluso ha cancelado sus vacaciones estivales. “Este verano me he metido en casa de mi madre”, decía.

No cabe duda de que los que más sufren en sus carnes las cornadas de las turbulencias económicas son los más pobres y los inmigrantes, que carecen de esa red de seguridad que es la familia. Pero la clase media saldrá malparada. Un nuevo mazazo para una capa social que, al decir de los entendidos, está perdiendo el glamour y el dinamismo de épocas pasadas, y cuyo tamaño demográfico, en cuanto a porcentaje sobre la población, está, tal vez, menguando. Menos y más pobres. Como en la novela de Agatha Christie, Asesinato en el Orient Express, en el que la víctima es sorprendentemente el blanco de los ataques de todos y cada uno de los pasajeros y no de uno ­como suele ocurrir en las tramas clásicas de la novelas negras y de misterio­, a la clase media le golpean no uno sino casi todos los factores potencialmente dañinos.

Lo que más duele son los precios desbocados: cada punto de inflación le cuesta a los bolsillos de los españoles cientos, sino miles, de millones de euros. ” El dinero vale cada vez menos y esto afecta sobre todo a los que viven de una nómina”, dice el sociólogo Amando de Miguel. La consecuencia obvia es que la clase media sufre y “va a sufrir una fuerte pérdida de renta”, afirma Luis Ayala, del Instituto de Estudios Fiscales. La opinión es ampliamente compartida. “Se está produciendo un empobrecimiento relativo de las clases medias. La parte más baja ve incluso riesgos enormes de movilidad social descendente”, sostiene Juan Díez Nicolás, catedrático de Sociología que, a sus setenta años, puede analizar con perspectiva histórica la evolución de un estrato que empezó a pegar fuerte en la década de los sesenta y que ha sido la punta de lanza de la modernización del país. El cóctel de factores dañinos es peligroso, porque en él hay un ingrediente que asusta y que es preferible no agitar: el endeudamiento familiar, que ha trepado hasta cotas históricas.

Las estadísticas del Banco de España arrojan una deuda colosal de los hogares cercana al PIB, un billón de euros. Sólo para hacer frente al pago de los créditos hipotecarios las familias ya destinan ­-si no se tienen en cuenta las deducciones fiscales­- el 46% de su renta bruta disponible. “Yo veo un grupo débil, sostenido con pinzas. La gente está muy endeudada y en momentos como éste duele más apretarse el cinturón”, dice Francisco Sastre, un joven periodista. Funcas, la Fundación de las Cajas de Ahorro, piensa que la capacidad de financiación de las familias ha registrado un “hundimiento insólito en términos históricos” y vaticina que reducir el endeudamiento será “una pesada digestión” que durará de cinco a diez años.  Para Díez Nicolás el empobrecimiento obedece en gran medida a que “se ha abaratado enormemente el trabajo de las clases medias”. Los salarios reales ­que descuentan la inflación en el sueldo­ apenas se han movido en el último boom. Toda una excepción. “Tradicionalmente, en todas las etapas expansivas en España ganan más las rentas medias y bajas. Pero en la última los salarios reales no han subido con la fuerza de los años setenta y los ochenta”, dice Ayala. Este economista, que alberga la teoría de que desde 1996 el proceso de reducción de desigualdad se ha frenado en seco en la Península, agrega que “la participación de los salarios en la riqueza nacional ha caído tres puntos [hasta el 46%]”. A esta tesis, habría que agregar la losa de los impuestos. La célebre frase de Adam Smith de que “en esta vida nada hay seguro, salvo la muerte y los impuestos” es indudablemente una verdad universal para este grupo social. “El peso de la fiscalidad, del IRPF, recae principalmente sobre ellos”, dice Juan Iranzo, director del Instituto de Estudios Económicos. O lo que es mismo, el peso del Estado de Bienestar, con toda su maraña de gastos económicos y sociales, reposa sobre sus espaldas. o incluso sus valores. Si atendemos a su participación en la renta, abarcaría, probablemente, a aquellos hogares que ganan entre 20.000 y 60.000 euros brutos al año y que representan cerca del 60% de la población. En otros países industrializados, que sufren un proceso similar, se ha acuñado la expresión “la ansiedad de la clase media” para describir su estado anímico de inseguridad vital. El trabajo, por ejemplo, ya no es para toda la vida. Y las perspectivas no siempre son halagüeñas. En los sesenta, setenta y ochenta, este grupo social albergaba la idea de ascender, de prosperar en la escala económica y social. Ahora, no tiene más remedio que acomodarse a la nueva realidad, más cruda. Ya no todas las familias llegan donde llegaban antes y algunas ya no pueden llevar a sus hijos a los mejores colegios o darles una educación complementaria de más calidad. Además, este estrato, en conjunto, se siente cada vez más cercano del subgrupo más pobre.

En este boom inmobiliario parece que la clase media alta ­aquella que ha tenido la valentía y la habilidad de invertir e intermediar­ se ha enriquecido, distanciándose con claridad de la media del grupo. Vértigo al futuro Y si el presente es fuente de inseguridad, el futuro no provoca menos vértigo. ¿Cobrarán sus pensiones? ¿Lo harán en el cantidad esperada? Las clases medias son las que están pagando las pensiones de sus padres pero dudan de la sostenibilidad del actual sistema de Seguridad Social.  ¿Pero, realmente hay menos gente de clase media en España, como se debate en otros países de nuestro entorno? “Hay una tendencia a la disminución de la clase media. Y tanto a nivel nacional como en todas las Comunidades autónomas”, dice Matilde Mas, profesora de la Universidad de Valencia. Esta economista ha estudiado al detalle la evolución de la distribución de la renta en los hogares desde 1973 y concluye que “los más ricos ganan y ganan en detrimento de la clase media”.