Economía

¿Quiere mejorar su carrera profesional? Mire en su propia empresa.

Si en los albores de la crisis el 50% de las promociones se hacían con personal de la casa, en la actualidad ¡supera el 70%! ¿Por qué fichar a Cristiano Ronaldo si hemos criado a Messi? “La promoción interna se ha convertido en una de las principales armas para retener a los mejores y fortalecer su compromiso”, resalta Guadalupe Fernández, socia directora de Hay Group. Un fundamento al que Almudena Corral, directora de Evaluación y Consultoría de Ray Human Capital, añade el del poderoso caballero es don dinero: “cuando no hay crisis se contrata más fuera, pero si la hay se mira más dentro porque es más barato”. De ahí que sea un buen momento para que quienes poseen el suficiente potencial creen su propia imagen de marca y tomen las riendas para conquistar nuevas metas. “La meritocracia es un concepto que se está poniendo en valor, ya no vale el café para todos”, subraya Jorge Aguirre, gerente de Everis Business Consulting. Pero, ¿cómo mover las fichas para ganar la partida?

Lo primero es tener claro el camino profesional que uno quiere y exponérselo a su superior en las ocasiones adecuadas (evaluación de desempeño, reuniones específicas para ello…). “Es determinante para el superior saber las expectativas de los miembros de su equipo para poderlas gestionar en los momentos en que surjan oportunidades de desarrollo”, indica María José Carpintero, manager de Selección y Desarrollo de Randstad. Y ahí es muy valioso demostrar que tanto la trayectoria profesional como la formación, la experiencia, el logro de resultados y la motivación son suficientes para subir en el escalafón. Sin olvidar que la compañía siempre valorará habilidades como el trabajo en equipo, la responsabilidad o el compromiso con la misma.

Una pifia muy común entre los profesionales es no tener una hoja de ruta propia. Por eso hay que tener muy bien preparado el currículum, las posibles entrevistas o el tipo de proceso al que hay que enfrentarse. “Y dejar muy claro qué se ha hecho en el pasado y cuáles son los logros que se quieren conseguir en el futuro”, matiza Almudena Corral. Una progresión que no tiene por qué ser siempre hacia arriba. ¿Por qué no pasar de director comercial a director de marketing o de logística, por ejemplo? “En generaciones anteriores, el cambio de cromos no estaba bien visto. Ahora no es así”, matiza Raúl Grijalba, director general de Manpower. Por tanto, es conveniente hacer un ejercicio de reflexión individual, ver qué quiere la organización, en qué áreas, y cuáles son los requisitos que va a pedir. Y una vez que se tiene clara la opción, darse a conocer, hacerse visible. Es conveniente asistir a eventos sociales, relacionarse, no estar sujeto con grilletes a la mesa del despacho. Una cena de navidad, una entrega de premios o la presentación de un nuevo producto son magníficos escenarios donde hacer gala de habilidades como cordialidad, buen humor, firmeza, capacidad de escucha o de exposición en público. “Todos esos momentos son una buena oportunidad si se tiene claro cuál es el sitio que corresponde a cada cual, qué tipo de comunicación se debe desarrollar, cuál es el estilo de relación con los conocidos, y qué comportamiento se espera de nosotros”, relata Jesús Correas, socio director de Dopp Consultores.

¿Saltarse al jefe? No es una buena opción. “Debe ser parte de tu plan, un aliado que sea capaz de impulsarte”, concreta el director general de Manpower. Y si el jefe es el trampolín, la relación con los compañeros son el combustible que puede disparar o abortar tan deseado despegue. De ahí que sea relevante generar una red de networking, tanto a nivel interno como externo, generando un blog propio, por ejemplo. Además, dicha red puede ser el hilo del que tirar en el caso de que el superior se dedique a poner zancadillas y ejerza de tapón.

¿Qué otras semillas conviene sembrar? Hay que ser proactivo y polivalente, haciendo cosas que no son competencia directa; y muy humilde y autocrítico. Y si la empresa ofrece una serie de mimbres, como cursos de formación, no verlos como un marrón. Si se rechazan, acabarán siendo un ancla que limitará el salto. Como ser prepotente o inflexible. Hay que hacer las cosas a su debido tiempo, sin prisas, en los plazos establecidos. Porque tratar de ser promocionado a toda costa puede llevar consigo un cartel poco recomendable: el de trepa. Seguir trabajando con la misma intensidad y responsabilidad es el mejor remedio para evitar situaciones complicadas… y quedarse sin uñas.

Tampoco hay que pecar de prudente ante el miedo de parecer ser ambicioso. Lo más aconsejable es ir con la verdad por delante, demostrando con datos y hechos que uno está preparado para asumir nuevos retos. Y, siempre, respetando los intereses del resto de los implicados. Si es así, se tendrá mucho terreno ganado. Resumiendo: intentar ser mejor, y que se reconozca, es una compleja partida de ajedrez en la que con un buen marketing de uno mismo se puede obtener la recompensa de la promoción.