Economía

¿Sobrevivirá el euro?

Un conocido ex banquero admitía el otro día que es probable que la mejor solución para la crisis del euro sea que Alemania recupere el marco y deje a los 16 países restantes con la moneda única. Según las últimas encuestas, alrededor de la mitad de los alemanes estarían de acuerdo con esta medida. Sin duda, esto supondría un duro revés para la unidad europea y para la fortaleza del euro en los mercados financieros. Pero también hay que reconocer que ha sido la propia solidez de la moneda en un entorno de bajos tipos lo que ha aumentado la presión sobre el sistema. Grecia e Irlanda ya han sido víctimas de un rescate y Portugal es la candidata de 2011. ¿Será España el siguiente país que pase por la sala de cuidados intensivos? Todo depende de las reformas que se lleven a cabo en el entorno laboral, sanitario y en el sistema de pensiones. Nuestro país ha vivido por encima de sus posibilidades durante el periodo de mayor crecimiento del PIB, de 1995 a 2008, mientras perdíamos productividad frente al resto de Europa. Y la productividad está directamente vinculada con la riqueza de una nación. El lanzamiento del euro en 1999, que contó en sus comienzos con once miembros, incluida España, se percibió como un sueño hecho realidad en una Europa que había sobrevivido a dos guerras en el último siglo. Ya había habido dos experimentos de moneda única en el pasado. En 1865 se instauró una unión monetaria latina formada por Francia, Suiza, Italia y Bélgica. En 1875, Suecia, Noruega y Dinamarca introdujeron un sistema con una moneda común. Ambos proyectos duraron más de tres décadas, pero acabaron fracasando. El euro, si lo comparamos con los anteriores intentos, estaría todavía en su fase inicial, al tener sólo una década de vida.  Para que sobreviva intacto necesita ser algo más que una verdadera unión política y económica entre los estados miembros; de este modo, sus economías estarían estrechamente vinculadas.

En EEUU, los impuestos federales y los pagos de transferencias son el denominador común que limita las diferencias económicas entre los cincuenta estados. Estonia acaba de ingresar en la eurozona, convirtiéndose en su decimoséptimo miembro del bloque; Letonia y Rumanía tienen previsto hacerlo en 2014 y 2015, respectivamente. Por tanto, de los actuales 27 países de la Unión, 17 operan con la misma moneda. El gran ausente es Reino Unido, que en su día decidió seguir operando con la libra esterlina, decisión que ha ayudado al país a lidiar mejor con su propia crisis económica, limitándose sencillamente a devaluar su divisa, que ahora oscila entre los 1,10 euros y los 1,15 euros, cuando durante años se situó en 1,50 euros. Esta estrategia también la utilizó España cuando tenía la peseta. Nuestra incapacidad para devaluar la moneda significa que España tendrá que enfrentarse durante años a reducciones salariales y a recortes del gasto. Ésta es la única alternativa para recuperar parte de la productividad. Después de todo, España ya no cuenta con la ventaja de ser un centro de producción de bajo coste. Las nuevas empresas tendrán que sustituir al maltrecho sector de la construcción; además, el turismo, que sigue siendo una parte fundamental de la economía, tendrá que modernizar sus ofertas para competir con otros destinos mediterráneos más económicos.

En última instancia, Alemania lleva la voz cantante en esta crisis y hará todo lo posible por salvar al euro. De fracasar, su sistema bancario, que ha concedido cuantiosos préstamos a las economías periféricas con más problemas, y sobre todo a España, se colapsaría. Ésta es la mejor baza con la que contamos en este juego de póker económico. A medida que las economías del norte se recuperan de su difícil situación financiera, las exportaciones españolas deberían incrementarse. 2011 debería ser un año mejor que 2010. Pero la cuestión que ahora está en el aire es si España será capaz de pagar toda la deuda estatal y del sector privado que acumuló en los años de euforia, cuando nadie pensaba que los precios del sector inmobiliario caerían. El principal desafío al que se enfrenta el país es recuperar la confianza de los mercados financieros; de no conseguirlo, los intereses de la deuda española serán tan elevados, que las ayudas de emergencia de la Unión Europea y el FMI se harán imprescindibles. Y muchos líderes empresariales reconocerán entonces en privado que acabará imponiéndose una “intervención” europea similar a las de Grecia e Irlanda porque el Gobierno de Zapatero ha perdido toda credibilidad. Pero creo que, aunque con muchas vicisitudes, el euro sobrevivirá.