Economía

¿Y si la salida de la crisis está en el ladrillo?

Si no se construyen casas no será por falta de demanda. Pese a la crisis, se siguen comprando viviendas. Según el Instituto Nacional de Estadística, durante el pasado ejercicio se vendieron 441.368 pisos –la mayor parte de ellos nuevos–, un 6,8% más que en el año anterior, aunque según la patronal inmobiliaria la cifra está más cercana a las 470.000 unidades. Esta recuperada demanda contrasta con las raquíticas cifras de oferta. Actualmente se están construyendo 100.000 pisos, lejos de los 800.000 inmuebles que se levantaron en los años del boom y muy por debajo de la demanda natural de nuestro país, que ronda los 350.000 viviendas. Si miramos a la contribución al PIB el desfase también es evidente. La construcción residencial genera en estos momentos el 4% del PIB, menos de la mitad de lo que aportaba a la riqueza nacional en los años buenos y un par de puntos porcentuales por debajo de lo que supone en países de nuestro entorno como Francia, Alemania o Reino Unido. Parece evidente, que hay margen para que el sector vuelva a crecer, sin tener que hacer las locuras de antaño. Según las cifras que manejan los expertos, en España se deberían estar construyendo 250.000 viviendas más de las que se levantan actualmente, lo que se traduciría en casi 700.000 nuevos puestos de trabajo directos. A lo que añadir, un nivel similar en puestos indirectos y la consiguiente efecto que tiene sobre las arcas públicas vía recaudación de impuestos como el IVA o el IBI.

Sin embargo, esta reactivación dependerá y mucho de lo que los bancos tarden en limpiar sus balances, el crédito vuelva a fluir y se elimine el stock de viviendas sin vender. Y esto exige, saber cuál es el valor exacto de los inmuebles. Algo que nadie sabe exactamente. Las estadísticas y opiniones sobre lo que han bajado y deberían bajar difieren tanto como las cifras de participación que convocantes y autoridades dan cada vez que hay una manifestación por las calles de Madrid. Los hay que hablan de rebajas del 50%, otros analistas cifran las bajadas presentes y futuras en el 15% y otros que consideran que su valor ya se ha reducido lo suficiente. La verdad, es que no se pueden generalizar las cifras, pues no ha bajado lo mismo la vivienda en el barrio Salamanca de Madrid o en la Calle Sierpes de Sevilla, que en el anillo metropolitano de Barcelona o en un pueblo a las afueras de Palencia. Faltan estadísticas claras que vayan analizando con detalle y durante meses por zonas, incluso dentro de una misma ciudad. La patronal Asprima ya lo ha hecho en Madrid, pero debería generalizarse a lo largo y ancho del país. Mientras no haya información clara y transparente, será difícil que los bancos puedan limpiar sus balances, fluya el crédito de nuevo, se reduzca el stock sin vender y se vuelvan a construir viviendas en niveles acordes al tamaño y demanda de nuestro país. Y mientras eso ocurre, muchos obreros seguirán sin ponerse el casco en el sofá de sus casas. Pero, si el mercado se reactiva, como augura la patronal, el denostado ladrillo puede reducir el nivel de paro –actualmente en el 20.3%, con 4,7 millones de desempleados– en una cuarta parte. Se puede polemizar, teorizar y opinar lo que se quiera, pero la realidad es bien tozuda y si no se vuelven a construir viviendas difícilmente se recupere el mercado de trabajo, y por extensión de la economía española. Ningún otro sector tiene margen para crear un millón de empleos directos. El inmobiliario sí.