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Ya tenemos la foto del pacto social. ¿Y ahora qué?

Estaban todos los que tenían que estar (o casi todos). Y todos a una, como los mosqueteros. “Un gran paso para la economía española”, que dirían los más optimistas emulando a Neil Armstrong cuando pisó la luna. Más nos vale. Porque con una tasa de paro por encima del 20% (más del 40% en el caso de los más jóvenes) y una productividad a todas luces insuficiente, si el acuerdo se queda en papel mojado, habría que utilizar otra frase histórica: “Houston, tenemos un problema”. Pero ya no muy gordo, sino estratosféricamente gordísimo. Entonces, ¿qué hacer para que esos flashes que ayer se dispararon no sean una mera anécdota? No hay más remedio que coger el toro por los cuernos. Y poner sobre la mesa un cambio radical de políticas para fomentar el crecimiento sostenible (salvo la reforma de las pensiones, el pacto social no pone los puntos sobre las ies en temas como la negociación colectiva o la política industrial).

Y materia prima, cimientos sobre los que comenzar el cambio, hay. Para empezar, España dispone de infraestructuras de primer nivel, con la red de autopistas más extensa de Europa. Además, es la primera nación en número de kilómetros ferroviarios de alta velocidad en explotación (por delante de Francia y Japón), y se han modernizado puertos y aeropuertos. ¿Por qué no sacarles todo el partido? También dispone de una abundancia de capital humano competitivo. Porque, a pesar de que las tasas de abandono escolar son muy elevadas, el 38,2% de la población entre 25 y 34 años tiene una titulación universitaria, frente al 33,5% europeo. Además, son más económicos de emplear, ya que contratar a un licenciado español supone un coste medio de 38.000 euros, frente a los 66.000 euros de uno alemán, o los 70.000 de uno inglés. Además existe un tejido empresarial competitivo a escala mundial. Hace 15 años apenas existía alguna empresa española global. En la actualidad, hay empresas líderes españolas en 12 de los 38 sectores en los que la revista Forbes clasifica las actividades económicas.

¿Qué hay que potenciar? Los expertos de Fedea y McKinsey ya lo dejaron claro a finales del pasado año:

1.Apoyar a las empresas en su orientación al exterior. Y, que de una vez por todas, miren a las nueves fuentes donde mana el crecimiento, es decir, Asia.  Europa sigue siendo el principal destino de nuestras exportaciones (el 75%), Pero, entre 2010 y 2015, el 17% del crecimiento global vendrá de Europa, mientras que más del 70% procederá de Asia y América (en concreto, Asia acaparará más de un 55%).

2. Fomentar la creación de empresas con mayor tamaño. La productividad de las empresas españolas en cada tamaño es similar a la europea, pero España posee muchas más empresas pequeñas que tienen, además, menos productividad que sus equivalentes europeas. Si España tuviera una composición de empresas similar a Alemania (mientras que en España sólo un 24% de las firmas tienen más de 250 empleados, en Alemania esa cifra es del 57%), su productividad aumentaría un 30% respecto a los datos actuales.

3. Hacer una reforma laboral en profundidad. El objetivo es que simplifique y descentralice la negociación colectiva (cierto que se contempla en el pacto social, pero ¿se hará o no?). Ello facilitaría la inversión en actividades de mayor valor añadido y la creación de empleo de calidad. También permitiría que los salarios y las condiciones laborales se ajustasen a la realidad económica de cada empresa.

4. Garantizar la disponibilidad y/o acceso a un adecuado capital humano. Hay que incrementar de manera drástica la formación profesional y reformar en profundidad (sí, en profundidad, no con parches) las políticas activas de empleo .

5. Simplificar radicalmente la regulación para facilitar la actividad empresarial, así como la entrada y salida de nuevos competidores. Según el Banco Mundial, España ocupa el puesto 147 de 183 países del mundo donde es más complicado comenzar un negocio.

6. Mejorar la actividad innovadora. Sobre todo en aquellos sectores claves de competitividad y crecimiento (parte de los bienes exportables y de los servicios empresariales). Un ejemplo puede ser la constructora Toyota, que implantó el método Lean. En una planta de aluminio, con 500 trabajadores, una amplia gama de productos y una fuerte resistencia al cambio, revisó los procesos y la organización. ¿Resultado? Incrementó un 37% las toneladas fundidas por hora y un 34% en el proceso de corte.

7. Promover la disponibilidad de capital para la iniciativa empresarial. En particular, a través de la liberación de capital dedicado al sector inmobiliario.

“España tiene potencial para crear un millón de empleos cualificados si alcanza los niveles de productividad y actividad de la media europea, y hasta tres millones en el caso de alcanzar niveles de Estados Unidos”, según un informe de la consultora McKinsey en colaboración con la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea). Amén.