Economía

Yo no quiero ser jefe. ¿Y tú?

A quién no le gustaría ser jefe y convertirse en una persona de ésas, de las que mandan. Y quién diría no a recibir una mejora salarial y no tener que aguantar al jefecillo de turno. Pues, aunque parezca mentira, son muy pocos los interesados en ser jefes. Al menos eso es lo que se desprende de un reciente estudio de la consultora Randstad que afirma que sólo al 14% de los empleados cualificados les interesa un ascenso. ¿Motivos? El argumento de más del 60% de los encuestados es el pánico a la presión y al estrés que genera un puesto de mayor relevancia en una compañía, y más aun con la coyuntura económica actual. Otra de las razones esgrimidas está relacionada con la seguridad en el trabajo. Muchos trabajadores saben que a la hora de los números rojos, los jefes son los primeros en desfilar por el INEM.
Esta falta de predisposición da a entender que gran parte de la sociedad es conocedora de los apuros por los que están pasando los mandos importantes en las empresas. Y es que aunque alguno se empeñe en negarlo, los jefes también son personas humanas, que tienen su corazoncito y lo pasan mal. Algunos de ellos quizá desconozcan el trauma de un despido, pero de lo que no cabe ninguna duda es de que esta crisis económica perjudica a todos los estratos de la sociedad. Pero, ¿en qué afecta a los cargos de las empresas? “El mayor problema es que los jefes y los directivos tienen que hacer el mismo trabajo con menos colaboradores a su cargo. Además, muchos de ellos han visto como sus variables han desaparecido, junto con los bonos por objetivos”, afirma Santiago Álvarez de Mon del IESE.
A la escasez de personal en los equipos se ha unido la exigencia de alcanzar los mismos objetivos con menos recursos, y no sólo humanos sino también económicos. Menos dinero para invertir en, por ejemplo, márketing y publicidad. A pesar de ello, y al igual que ocurre en la base de la pirámide, la rotación laboral no está aumentado entre los jefes. La crisis ha generado una política de supervivencia en una clase ya no tan privilegiada, a la que le resulta complicado encontrar otro empleo, que iguale sus condiciones actuales.
Por otro lado, conviene recordar que en muchos casos, y salvando las distancias, los jefes tienen una situación económica similar a la de los empleados. ¿No se lo cree? Atento al ejemplo. Pongamos que J.L.A. es el responsable de un equipo de contabilidad de 10 empleados dentro de una empresa de seguros. Su sueldo ronda los 70.000 euros que, con las retenciones se queda en poco más de 3.000 euros netos al mes en 15 pagas. Además, tiene un variable por objetivos de 10.000 euros. Como se puede ver, J.L.A. tiene un buen sueldo y se compra un chalé adosado. Al mes tiene una hipoteca de unos 1.200 euros más los gastos de mantener la casa. Además sus hijos van a un colegio de pago. Si hacemos la resta nos sale que por muy jefe que sea tiene unos 1.000 euros para los gastos del mes. Como se puede ver, este panorama es bastante parecido al que tiene un matrimonio o pareja de mileuristas.

De mandamás a don nadie. Hasta ahora, los únicos beneficiados de estas situaciones de estrés son los expertos en coaching de las consultoras de recursos humanos. A ellas acuden en procesión muchos jefes en busca de consejo. “Las consultas y el asesoramiento han crecido mucho en el campo de los recursos humanos”, explican desde el IESE. Por norma general, el mayor handicap es el de manejar el estrés. Aunque la motivación tampoco es que esté en estos momentos en el punto más boyante. Algo que no sorprende a nadie, ya que para un cargo es un verdadero trauma quedarse casi sin equipo en poco tiempo.
Por si fuera poco, muchos jefes de departamento han dejado de ser alguien importante para convertirse en unos don nadie en empresas donde los que ocupan el consejo de administración han dejado de contar con ellos a la hora de tomar decisiones. “Los que peor lo están pasando en esta crisis son los mandos intermedios, que son los que más sufren todas estas situaciones de estrés”, asegura Yolanda Gutiérrez, socia de Mercer.
Así es. Como ocurre con los empleados, no todos los jefes son iguales. Con la excusa de la crisis, la cúpula de las empresas está castigando a los mandos intermedios, olvidando que son estos cargos los que deben transmitir de la mejor manera posible a su equipo las decisiones que vienen del consejo de administración. “También son los que evitan que la motivación de los empleados esté por los suelos ante los despidos de compañeros”, explica Gutiérrez. “Las empresas deben saber que tienen recursos humanos y no humanos con recursos”, añade Francisco Loscos de ESADE.
Sea como sea, una de las pocas cosas que se debe agradecer a esta crisis es que se están descubriendo quiénes son los buenos jefes y, también, quiénes son los malos. Es decir, quién tiene unos subalternos que se mantienen productivos y motivados a pesar de los escasos reconocimientos económicos (salarios congelados o reducidos), y a quién le falta fibra emocional para mantener el compromiso de los trabajadores y evitar la fuga del talento. “Un jefe lo tiene ahora mucho más difícil para aumentar la productividad de los empleados. Es complicado pedir esfuerzo a un trabajador que ve cómo algunos de sus compañeros son despedidos y él pierde dinero año a año”, asegura Álvarez de Mon. “La única forma de fidelizar a la gente, una vez excluido el tema salarial, pasa por el compromiso que el empleado tenga con el equipo, con el líder del grupo y con su propia tarea”, explica Yolanda Gutiérrez.
Pero no se desanime. Si usted es de los que ha perdido protagonismo en la toma de decisiones de la empresa, sufre recortes en su presupuesto y en la gente a su cargo y, además, le mantienen unos objetivos imposibles que debe cumplir con un personal desmotivado, sepa que la solución pasa por comunicar y predicar con el ejemplo. Pero no basta con una comunicación difusa que no explique claramente la situación de la empresa, ni con algún detalle de sacrificio individual. Así no se obtiene la complicidad de nadie. El trabajador quiere a un responsable que sea el primero que llega y el último que se va y que además sea capaz de dar la cara sin esconder las noticias, buenas o malas, que se generan en la empresa. Otra de las claves para ser un buen jefe es tomar las decisiones justas, aunque éstas sean difíciles e impopulares. Es decir, si le han mandado despedir a dos o tres personas de su departamento, que éstas sean las que, para todos, se merezcan ser despedidas. “Además es básico que un responsable de equipo tenga muy claro lo que mueve a trabajar a cada uno de sus trabajadores. Y que sepa mover esas cuerdas que mejorarán la situación laboral”, explica Francisco Loscos.
Una de esas cuerdas que motiva a los empleados es sentirse importantes en el engranaje de la compañía. “El trabajador tiene mucho que decir. Ellos están en contacto con el cliente y sus experiencias deben ser escuchadas y tomadas en cuenta”, asegura Diego Vicente del IE Business School.
Está claro que el mando de turno tiene una importante labor como motivador de equipos. Sin embargo, son pocos los que reparan en la motivación del boss. ¿Quién lo motiva? “Pese a lo que suele pensarse, la motivación es una puerta que se abre desde dentro”, afirma Miguel Labrador, director de desarrollo de Atesora. De sus palabras se desprende que deberán ser los propios directivos los responsables de encontrar un motivo o una razón para hacerse cargo de su propia motivación. “La pregunta no es quién motiva a quién, sino qué motiva a quién y cómo. De esta forma se elimina el victimismo entre la clase directiva y se retoma el mando”, añade Labrador. Una afirmación con la que tal vez no todo el mundo esté de acuerdo porque resulta complicado sentirse motivado en una organización que te mantiene congelado el suelo, te carga de objetivos imposibles y te ningunea en la toma de decisiones. Si a eso le añadimos que el equipo se ha quedado en cuadro y encima los que se quedan están deseando marcharse, la tarea de alcanzar la felicidad en el trabajo se convierte en utópica.

Más formación. Para llegar a ser capaz de superar todo y automotivarse, un directivo debe estar formado en todo lo relacionado con la gestión de las personas. Por desgracia, esta crisis también ha demostrado que la clase directiva española tenía muchas carencias en la gestión de recursos humanos. “Muchos de ellos no eran realistas y sólo soñaban con las direcciones generales. Esta crisis es sobre todo de ánimo y éste se consigue desde abajo. El jefe debe dejar de quejarse de que ya no tiene dinero para ir a clubes o de que ha tenido que deshacerse de su segundo coche. Ahora toca bajar a la tierra, tener humildad para volver a formar un equipo”, asegura Álvarez de Mon. “En España teníamos pendiente que los jefes tuvieran un perfil de liderazgo y de gestor que asume un compromiso absoluto. Un compromiso que va más allá de las épocas de bonanza de la empresa”, corrobora Gutiérrez.
La crisis ha demostrado que queda camino por recorrer. El exceso de presión ha desbordado a los jefes, animando en algunos casos a cometer actos de dudosa honestidad. Según las consultoras, se ha llegado a descubrir a responsables que falsean datos para evitar que los despidan. “Se busca salvar el pellejo y mantenerse en la silla por cualquier vía posible”, explica Diego Vicente. Lógicamente este tipo de acciones, aunque contadas, no hacen más que distanciar al jefe de su propio equipo. Y cuando esto ocurre, la vida se hace todavía más dura para el jefe.