Economía

Sin su permiso no se gasta ni un céntimo

El director general financiero de Abertis, José Aljaro, tiene frescos muchos recuerdos de los doce años que pasó dirigiendo las finanzas del grupo Cortefiel. Eran los tiempos del milagro español, en los que el crédito barato rebosaba en la caja de los bancos y se acumulaban en su despacho las peticiones de los responsables comerciales y de expansión de la cadena textil. Firmas rivales como Inditex y Mango no dejaban de abrir establecimientos por medio mundo y los ejecutivos de enseñas como Springfield o Cortefiel no querían perder el tren. “El área comercial  quería crecer y crecer. Presionaba para abrir tiendas en Francia, Alemania… A mí me tocaba hacer de contrapeso a estos ímpetus. Más o menos era el poli malo que tenía que decir que no, poner el freno a tanta alegría inversora y preservar el rigor financiero”, recuerda Aljaro. Algo que no resultaba tan sencillo. Era ir a contracorriente en un mercado en el que los bancos financiaban a precio de saldo prácticamente todo lo que les propusiesen.

La realidad que vivía entonces este ejecutivo cordobés –que inició su andadura profesional en Arthur Andersen, al igual que un nutrido grupo de financieros de grandes empresas– difiere notablemente de la atmósfera que respira en Abertis. En este gigante de las infraestructuras no navega con el viento de cara y no tiene que hacer grandes esfuerzos para que su voz se escuche atentamente a lo largo y ancho de la organización. Goza de la confianza del presidente y del consejero delegado y no hay inversión en nuevas autopistas o aeropuertos que se realice sin contar antes con su beneplácito. Esta posición de fuerza tiene mucho que ver con la cultura de prudencia que ha caracterizado tradicionalmente a Abertis, pero también es reflejo de los nuevos aires que corren en el mundo corporativo desde el inicio de la recesión. Aljaro tiene claro que ha finalizado la barra libre de dinero barato y el acceso al crédito se ha restringido para todos. Además, los grupos se afanan por aligerar equipaje y reducir costes.  Si algo han demostrado estos tres años de turbulencias es que saber utilizar los recursos financieros es una labor tan importante para la viabilidad de las empresas como aumentar los ingresos.

El nuevo hombre fuerte. En este contexto adverso, la figura del director financiero gana visibilidad y se erige sobre el resto de compañeros del comité de dirección. En algunos casos, como el del nuevo adjunto al consejero delegado de Prisa, Fernando Abril Martorell, el financiero es la persona elegida para guiar la nave en medio de la tempestad. “La crisis ha cambiado los términos de poder en el ámbito corporativo. Los directores financieros influyen más, tienen mayor peso en la toma de decisiones, participan en la transformación de los negocios y cada vez más son el socio de confianza del consejero delegado, con el que trabajan codo con codo”, explica Cayetano López, responsable de consultoría de PricewaterhouseCoopers. Un informe reciente de esta firma constata el nuevo equilibrio de poderes en el mapa corporativo:  el 80% de las compañías asegura que el responsable financiero ha reforzado su protagonismo en los órganos de gobierno. Otra encuesta de Ernst & Young también concluye que se han convertido en la cara visible de dos de cada tres empresas.
Este aumento de poder lleva implícito un cambio en el rol que venían desempeñando. Ya no son sólo contables expertos en equilibrar libros, elaborar las cuentas anuales, controlar las posiciones de tesorería o definir el mapa de riesgos. Sus funciones se amplían, adquiriendo un papel transversal, que atraviesa todas las demás áreas de la empresa. Son consejeros estratégicos que se involucran mucho más en el desarrollo de la estrategia de crecimiento de las distintas áreas de negocio. “Te embebes en la operativa de la compañía. Estás mucho más en contacto con los responsables de cada división y junto a ellos priorizas las actividades e inversiones que se van a realizar y el retorno que se tiene que obtener”, comenta el director financiero de Mutua Madrileña, Jolyon Abelló.
De la misma opinión es su homóloga de Bankinter, Gloria Ortiz, una veterana del banco que antes de incorporarse a la entidad trabajo en dos de las cuatro grandes auditoras. “Hemos pasado de ser una función más de staff administrativo a contar con peso relevante en la cúpula. Entre otros motivos, porque las empresas y las entidades financieras se encuentran con restricciones importantes de liquidez y capital, presión de los reguladores y una mayor demanda de los inversores para que publiquen informes económicos más exhaustivos y transparentes”, subraya Ortiz, que  tiene claro que su puesto exige, además de conocimientos técnicos y una gran capacidad analítica, una cierta visión global del negocio y no pocas habilidades de comunicación. Bajo su punto de vista, saber expresarse “es fundamental para convencer a los inversores de que eres una buena inversión, que tienes un perfil de riesgo adecuado, que cuentas con buenos fundamentales…”.

A la Caza y captura del crédito. Por que si hay una tarea a la que un director financiero tiene que dedicar tiempo y esfuerzo actualmente es a dialogar con todo tipo de inversores, desde fondos de pensiones a hedgefunds, además de entidades financieras en general. Hay que desplegar todos los encantos para lograr que le presten dinero, entren en el capital o compren los bonos o cédulas de su corporación. Londres, París, Frankfurt, Nueva York… son la segunda oficina de muchos de ellos.
Cualquier esfuerzo es poco para obtener financiación a buen precio. Éste es su gran handicap. “El principal obstáculo es que se ha pasado de un entorno en que muchas iniciativas conseguían financiación muy competitiva sin considerar su riesgo o la capacidad de ejecución del equipo directivo, a otro en el que el acceso al crédito está restringido con independencia de la bondad o viabilidad del proyecto planteado”, comenta Jolyon Abelló. Y las compañías que son afortunadas y logran financiarse lo hacen a un precio mucho más elevado. “Ahora te cobran incluso por tener líneas de crédito, independientemente de que dispongas de ese dinero o no. Antes no ocurría”, se queja José Aljaro, que como otros muchos colegas de profesión está diversificando las fuentes de financiación.
Las dudas sobre la economía española y la solvencia del Gobierno español no ayudan a aligerar esta presión. “La crisis de riesgo soberano ha venido a atornillar más y encarecernos el crédito”, se lamenta Gloria Ortíz. La incertidumbre se traslada también a las reuniones con analistas e inversores, donde el financiero se pasa más tiempo hablando de macroeconomía que de los fundamentales de su entidad. “Inviertes mucho tiempo y unas cuantas diapositivas más de powerpoint en justificar que tienes pasaporte español”, comenta la banquera, que también se queja de que en un entorno tan turbulento todas sus planificaciones de trabajo se van al traste. Es parte del  precio que hay que pagar por tener todos los focos sobre su sillón.