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No sea tonto. Invierta en oro y plata

A comienzos del siglo XXI, el precio del oro estaba a 250 dólares la onza. Y el de la plata a 5,3 dólares. Una década después, el metal dorado no sólo ha conseguido máximos históricos, situándose el pasado miércoles 6 de abril en 1.455 dólares, sino que cerró 2010 con la mayor ganancia anual en los últimos tres años (29,6%), lo que supone el décimo año consecutivo al alza. Pero el considerado como su hermano menor no le va a la zaga. También alcanzó máximos a finales de marzo (37 dólares), con una revalorización del 78% en 2010, y multiplicando su precio por siete en los últimos once años.

Según comenta Simon Denham, analista de Capital Spread, en el portal preciooro.com, “el oro sigue beneficiándose de un torbellino casi perfecto donde se mezclan la debilidad de las monedas, las bajas tasas de interés, y los temores sobre la inflación y sobre la estabilidad financiera. Ninguno de ellos parece estar cerca de desaparecer, por lo que la ascensión continúa”. Además, el oro se negocia a nuevos máximos porque los inversores están recurriendo a él como activo de refugio seguro ante la creciente ansiedad por la recuperación económica. “Un precio del oro a 2.000 dólares es una meta razonable para los próximos años, por lo que desde hace tiempo recomiendo a mis clientes asignar del 5% al 10% de sus portafolios a inversiones en oro”, señala Robert Lutts, jefe de inversiones de Cabot Money Management en el citado portal.

Una proyección que diferentes profesionales también atisban para la plata. “Continuará subiendo con fuerza en los próximos años porque es cada vez más utilizada en todo tipo de usos industriales”, argumenta Marta Domínguez, directora de Operaciones de Oro Direct.

Y es que según el último informe publicado por la consultora de metales preciosos GFMS, junto al Silver Institute, apunta a que el uso de la plata en aplicaciones industriales pasará de los 487 millones de onzas actuales a 665 millones a finales del año 2015. Otra ventaja de la plata frente a otros metales, como el propio oro, es que su uso industrial no es recuperable, es decir, que no vuelve a incorporarse en el ciclo productivo ni a entrar en el mercado. Entre sus múltiples propiedades, están de la superconductor eléctrico, catalizador en procesos químicos, o en tecnología solar.