Economía

Señores de los sindicatos: o ponen en marcha su Plan Renove, o al desguace

Ahora que se acerca el primero de mayo, que Toxo y Méndez alzarán la voz para mostrar su rechazo al hecho de ligar salarios a productividad, por ejemplo, y que incluso podrían poner sobre la mesa la posibilidad de una nueva huelga general (una manera más de apretar las tuercas para luego pasar el cepillo a papá Estado, que dirían algunos), quizás sería conveniente que los sindicatos se pusieran delante del espejo y analizasen lo que ven. Un ejercicio de autocrítica que, con toda probabilidad, incluiría frases como “seguimos defendiendo los intereses de nuestros afiliados”; o “desde la democracia, los modelos vigentes de interlocución social han sido beneficiosos para la economía y para la sociedad española”; o “hemos jugado una labor importante en el desarrollo de la economía y de la organización social”. Cierto. Pero no deja de ser un ejercicio de autocomplacencia. Y eso es una mala noticia cuando el país vive una terrible crisis, en la que manan a borbotones Expedientes de Regulación de Empleo, despidos, y quiebras en las empresas.

Recientemente, un profesor de Política de Empresa de una prestigiosa escuela de negocios me comentaba que, desde la huelga general de 1988, estas organizaciones habían dejado de jugar un papel ideológico para convertirse en abogados de los trabajadores, no en representantes de los mismos. Un pulso que Nicolás Redondo, por aquel entonces secretario general de UGT, perdió con Felipe González, presidente del Gobierno. El sindicalista defendía un modelo sindical con papel social y político. Un rol que el líder político creía que debía recaer solo en el partido. Y el pulso, huelga general incluida, lo acabó ganando Felipe González. Desde entonces, las organizaciones sindicales se han limitado a temas legales. O, como dice algún analista, se han dedicado a preservar su status quo. De ahí que necesiten un cambio importante para desarrollar el papel que venían desempeñando. Porque si reducen su ambición a la defensa de sus afiliados (trabajadores mayores, con nivel de cualificación medio y estabilidad laboral), acabarán desvirtuando su posición de sujetos representativos de los trabajadores en su conjunto.

Por tanto, y volviendo al tema del espejo, lo que deberían ver los sindicatos son arrugas, muchas arrugas. Y es que los sindicatos se han quedado anticuados, y deberían de replantearse su papel en los procesos económicos y sociales en la defensa de intereses compartidos. En otras palabras, necesitan un plan de actualización de sus funciones, recursos y capacidad de influencia. Algo así como un Plan Renove para sustituir el coche viejo por una nueva carrocería. Ojo: el coche, no sólo el conductor. ¿Es posible? Según el citado profesor de la escuela de negocios “son estructuras muy orgánicas, por lo que es muy difícil”. Pero deberán hacerlo, y mejorar su metodología de trabajo para así poder abordar los problemas esenciales del mercado de trabajo, en particular, y del conjunto del sistema económico, en general. Porque, si no se actualizan estas grandes organizaciones, restarán eficacia global a la sociedad. Y ese vacío de responsabilidad lo acabaremos pagando todos. Por tanto, no se olviden de pasar la ITV y acometan las mejoras que sean necesarias. Si no, seguirán avanzando con una chatarra que, tarde o temprano, acabará en el desguace.