Economía

Stress test, de sacar pecho a quedar tocados

Desde hace semanas, los banqueros patrios andan inquietos. Y no precisamente por los temores a que el rescate a Portugal salpique a España o por las dudas que siguen generando en los mercados tanto la reestructuración de las cajas de ahorro como las nuevas exigencias de capital del Banco de España. Los últimos desvelos de muchos de ellos tienen que ver con los duros exámenes a los que Bruselas someterá al sector financiero europeo en junio. ¿Cuál es el problema si han preparado la materia de examen y ya el año pasado todas las entidades, menos cinco, aprobaron con nota? Pues precisamente ese es el problema, que la mayoría de las entidades financieras patrias pasó con nota unos test que, sin embargo, no fueron capaces de detectar que la banca irlandesa estaba al borde del abismo, por lo que la fiabilidad de los resultados publicados en julio del año pasado quedó en evidencia y con ella el la credibilidad de todo el edificio continental. Nada mejor para recuperar la legitimidad de la Autoridad Bancaria Europea –EBA por sus siglas en inglés– que someter a bancos y cajas a unas nuevas pruebas de resistencia más duras en las que suspendan un mayor número de entidades. Y si las piezas que se cobra son españolas, el único de los PIGS que queda por rescatar, mejor que mejor.

“Los resultados de los test dirán bastante poco y ofrecerán una foto movida. El proceso está politizado y el regulador sólo va buscando que suspenda una docena de bancos españoles para así ganar legitimidad ante los mercados”, se quejaba amargamente el presidente de uno de los principales bancos españoles. Quejas similares se han escuchado esta semana en muchos corrillos durante las jornadas organizadas en Madrid por Deloitte y a las que han acudido los popes del sector financiero. Todos temen que, como suele ocurrir en Europa, haya dos tipos de exámenes, unos más blandos para alemanes, franceses u holandeses –que no quieren poner en problemas a muchas de sus entidades, sobre todo Alemania con sus cajas regionales– y bastante más exigentes para las entidades financieras españolas. Plantea unos escenarios macroeconómicos muy adversos: retroceso del PIB del 3% en los próximos ejercicios, desplome bursátil del 20% anual, colapso de la deuda soberana, recorte de cuatro escalones en el rating de titulizaciones, aumento del ya de por sí elevado desempleo, nuevas caídas de los activos inmobiliarios, aumento de los impagos, cierre de empresas…. Un escenario casi catastrofista e irreal. Hasta la propia EBA ha reconocido que el grado de posibilidad de que se produzca el cuadro macro más extremo es de un 3%. “Simulan un escenario macro incluso peor que en países rescatados como Irlanda o Grecia. Si se cumpliesen estas previsiones, lo último que preocuparían a los gobernantes sería el capital de los bancos. Habría otros problemas sociales mucho más preocupantes”, comenta un directivo bancario.

José Luis Rodriguez Zapatero en uno de los encuentros celebrados durante la crisis con los principales banqueros españoles.

Temen una encerrona de nuestros socios europeos, sobre todo alemanes y franceses, deseosos de pegar una patada a las bravuconadas de Zapatero pero en el trasero de las entidades financieras españolas. Es lo que tiene cuando el presidente del Gobierno menosprecia la economía de las grandes potencias europeas, alardea de su posición en la Champions League, trata de dar lecciones económicas a los demás y, sobre todo, promueve insistentemente unos test de stress que ninguno de sus socios europeos, empezando por Alemania, quería, pero sin asegurarse las preguntas del examen. Porque no olvidemos que fue el mismo Zapatero el que animó a Bruselas a realizar los primeros stress test, allá por julio del año pasado, con la idea de que esto permitiría sacar pecho al Gobierno sobre la salud del sistema financiero español. Pero ocurrió todo lo contrario. De aquellos polvos vienen estos lodos. Y serán ahora los bancos y cajas españolas los que se queden sin vacaciones y tengan que estudiar todo el verano para presentarse a la reválida de septiembre.