Economía

"En Portugal, los políticos miran más por el partido que por el país"

Consuelo Calle y Alfonso Pérez. Revista Capital.

Es la tercera generación de una saga de banqueros con más de 150 años de historia.  Y Le ha tocado vivir tantos sobresaltos, siempre  de origen político, que ya no se espanta con nada. Ni siquiera con el inminente rescate de su país, Portugal.

Cuando uno ha pasado por que, de la noche a la mañana, se lo quiten todo por un brusco giro político en el país. Cuando uno ha estado entre barrotes porque había que castigar a los malhechores y saboteadores económicos de la República.  Y, cuando uno ha tenido que pasar muchos años en el exilio trabajando duro para reconstruir un grupo que les fue arrebatado, entonces, uno ya está curado de espanto. La experiencia de haber vivido tiempos peores, mucho peores, hace que ya no se asuste ante cualquier convulsión, por grande que nos parezca a los demás. Y donde otros pierden los nervios, uno aprende a conservar la calma y relativizar el instante del aquí y ahora. “Mi madre siempre nos decía dos cosas. Una, que los países pueden sufrir convulsiones pero nunca acaban. Y, dos, que el tiempo es muy importante. Y mira tú: hace 36 años estábamos en la cárcel y ahora estamos aquí. Así que veremos dónde está el país en unos años”, dice con enorme tranquilidad José Manuel Espírito Santo (Lisboa, 1945), tercera generación de una saga familiar de banqueros portugueses con más de 150 años de historia. Él, vicepresidente del holding del que cuelga el grupo Banco Espírito Santo (BES), nieto del fundador, hijo y hermano de los anteriores presidentes y primo del actual, Ricardo, es protagonista  de una historia de éxito empresarial gracias a la unión de la familia. Y es también testigo de la historia reciente de Portugal, un país que lleva diez años estancado y que hoy, al borde del precipicio, espera el rescate de Europa.

–¿Qué se debería hacer y no se ha hecho para evitar esa situación tan dramática en Portugal?
–Esto no pasa ahora porque sí, sino que viene de lejos. Hemos tenido muchos años de mala gestión. En Portugal tenemos un problema muy grande y es que no hay estabilidad política. En los últimos 36 años, mientras España ha tenido cinco presidentes, Portugal ha tenido once primeros ministros, lo que da una media de tres años y medio para cada uno. El problema es que aquí, cuando cambia el primer ministro, cambia todo. Y eso es fatal para el país porque no se puede actuar con visión de largo plazo y no nos hace creíbles fuera. Eso es lo que nos ha llevado aquí. Eso y el hecho de que parece que los políticos se interesan más por el partido que por el país. Habría que hacer un gran pacto entre los partidos políticos para dar continuidad y estabilidad a un país que, además, no tendría que ser tan complicado de gestionar porque es pequeño, con un tamaño similar al de Andalucía.

Su lamento recoge el sentir de la calle de un Portugal que necesita aumentar la productividad, impulsar la innovación y reducir el peso de un monstruo ineficiente, el Estado, que supone el torno al 50% del PIB. Un Portugal que cayó en el abismo tras la dimisión del primer ministro, José Sócrates, cuando el Parlamento, es decir, la oposición, rechazó su plan de ajuste y puso a Portugal el siguiente en la lista de países restacados, tras Grecia e Irlanda.  Ahora vienen años de sacrificios –“esas experiencias están siendo duras…”, pero también algo de respiro tras la intensa presión previa.  “Con la ayuda externa se eliminan las dudas de un eventual incumplimiento del Estado portugués, tranquilizando a los acreedores internacionales”, dice José Manuel Espírito Santo.
Aunque no elude las preguntas, el directivo no se siente cómodo hablando de política. Lógico. Al fin y al cabo, la política fue la que le llevó a él y a su familia a perderlo todo. Fue en 1975, tras la Revolución de los Claveles, que supuso la nacionalización del 65% de la economía portuguesa y, entre otras empresas, el BES. José Manuel Espírito Santo tenía entonces 29 años.

–¿Cómo recuerda aquel momento? –Fue una sensación de destrucción total para la familia. Un golpe muy duro, pero había que aguantar y aguantamos.
–Cuando uno pasa de tenerlo todo a no tener nada, ¿aprende a valorar más las cosas?
–Yo nunca tuve la sensación de tenerlo todo porque recibí una educación, no de austeridad, pero sí de rigor. No crea que mi padre me daba todo lo que quería. Me daba una paga semanal y con ella me tenía que apañar. Sólo si tenía alguna novia, me daba algo más. [Ríe] Desde pequeño me enseñaron que el valor de las personas está en ellas mismas, no en su fortuna.

José Manuel Espírito Santo nunca ha olvidado aquellos momentos de tensión que le llevaron a él, dos hermanos, dos primos y más compañeros del banco a pasar cinco meses en la cárcel. “Nos trataron bien”, se apresura a decir, aunque también reconoce que sí, temieron por su vida. “En un momento había rumores de que se iban a matar a los saboteadores en la plaza de toros. Ahí hubo miedo, pero luego pasó”, recuerda mientras cuenta los detalles sin perder el gesto afable que la caracteriza. Y sabedor de que, aquello, está muy lejos en el tiempo. Los hechos son pasado, no las personas que les ayudaron y que, desde entonces, son una extensión de la familia. Una segunda familia que tiene ramificaciones portuguesas y españolas. Porque el primer destino en el exilio de los Espírito Santo fue la Puebla de Montalbán, cerca de Toledo, en una finca que les prestó el Marqués de Deleitosa. Desde entonces, José Manuel es medio portugués, medio español. Y, lo que él más enfatiza, “un ibérico convencido”.

–¿Por qué no se avanza en el mercado ibérico? ¿Estrechez de miras de los políticos? ¿Recelos patrióticos?
–Bueno, esas cosas llevan su tiempo. Y no hay que olvidar que Portugal se ha pasado un largo periodo de espaldas a Europa, mirando hacia los territorios ultramarinos como Angola, Mozambique, Cabo Verde… Hasta que no perdimos las colonias, no empezamos a mirar a Europa. Pero eso ya no tiene vuelta atrás.
–¿Y no tendría sentido una mayor unión? Hay quien incluso a veces sugiere una fusión…
–Deberíamos tener un gran acuerdo o pacto ibérico en el que, manteniendo cada país su bandera y su nacionalidad, lográramos que uno más uno sumaran tres. Quizá en Madrid no se perciba, pero desde Andalucía o Galicia se ve que España y Portugal no tienen fronteras. Somos más parecidos de lo que pensamos.

De aquellos años en España, José Manuel Espírito Santo guarda buenas amistades que van desde empresarios hasta el propio Rey, con quien comparte su pasión por la vela y la caza, aunque guarda celosamente esa conexión. Prefiere no hablar.
Después de España, la familia saltó a Suiza, donde José Manuel vivió 17 años , y Luxemburgo. Desde allí, con la ayuda y la insistencia de clientes que les pidieron que armaran un banco fuera de Portugal [para ayudarles a mantener sus ahorros a buen recaudo], la familia se levantó del golpe sufrido. “Los clientes nos buscaron porque llevaban con nosotros toda la vida. Los clientes de mi padre eran los hijos de los clientes de mi abuelo y los míos son los nietos de los clientes de entonces; queremos que la cadena siga hacia abajo”, dice con orgullo el directivo del BES y presidente de la Banca Privada.
Los clientes les ayudaron a montar desde el exilio un banco paralelo  y sentar las bases de lo que hoy es el BES, un grupo presente en 23 países (China, Brasil, Francia, Irlanda, Angola, Cabo Verde, Libia..). El segundo banco privado portugués es, con diferencia, el más internacional (48% de los beneficios vienen de fuera). Y eso que, cuando en 1991 retomaron la banca en Portugal, recomprando su propio banco al Estado, éste estaba moribundo. “Se perdieron 17 años, porque su accionista, el Estado, no se preocupó por desarrollarlo”, dice. Frente a los 9.800 empleados y 828 oficinas que tiene hoy el BES, el banco postnacionalización sumaba 6.000 trabajadores y apenas 220 oficinas. Precisamente esa pérdida de tiempo es la que –a su juicio– hace que la banca española les saque hoy varias cabezas en la carrera a la banca portuguesa. “Es fantástico lo que han hecho algunos como Santander o BBVA. Les envidio por su tamaño”, reconoce. Es cierto, la banca española, en general, ha aprovechado bien estos años y ahora es más internacional que la portuguesa aunque, curiosamente, eso no le ha salvado de estar en el ojo del huracán. Y eso que Portugal se ha rendido al pedir el rescate a Europa y España, de momento, no ha llegado a ese extremo.

–A los bancos españoles les pesa la etiqueta nacional y, en cambio, ustedes los portugueses parecen no tener problemas…
–Los bancos portugueses, en general, están bien capitalizados. Son seguros y rentables. Pasamos dificultades porque el mercado interbancario está cerrado, pero hemos encontrado soluciones de capital y liquidez por nuestros propios medios. Y aquí, a diferencia de España, no hemos tenido burbuja inmobiliaria y, aunque otros sí, nosotros, por ejemplo, no hacemos crédito a promotores. Sólo para la compra de vivienda. Y no es lo mismo.
–¿Pero ustedes no están sufriendo la presión de los mercados por su pasaporte portugués?
–Lo que pesa no es el pasaporte, sino el riesgo. Y para detallar ese riesgo estamos hablando y explicando todo a los inversores. Hace poco, por ejemplo, tuvimos una presentación en la City de Londres de la mano de Morgan Stanley.

Allí, en Londres, conocen bien al BES, que acaba de adquirir Execution Noble, una boutique de banca de inversión que ha abierto las puertas al grupo en Hong Kong e India. Y allí es donde, en más de una ocasión, han surgido voces críticas al grupo por su estructura familiar. Voces que vienen de inversores y también de agencias de rating, para quienes José Manuel Espírito Santo tiene duras palabras. “Me da igual lo que digan las agencias de rating porque yo tengo mucha más reputación que ellas y sé mucho mejor lo que estoy haciendo. Insisto, cuando hay problemas y crisis, a los clientes le gusta y les reconforta tener acceso directo a la familia. Yo creo que algunas de esas críticas vienen más por el odio de la envidia que por otra cosa”, dice.

–¿Cómo responde a esas críticas?
–Yo soy un gran defensor de la empresa familiar, que son grandes creadoras de empleo y, además, pagan impuestos. [Ríe]. Entiendo que una cosa es que el consejo de administración esté copado por la familia, pero no es nuestro caso: sólo hay tres Espírito Santo de once en el Comité Ejecutivo y somos iguales que el resto. Y si fuéramos menos, tampoco habría problema porque tenemos un magnífico equipo. Pero los accionistas tenemos la responsabilidad de estar ahí y trabajar por el negocio.
–¿Cuánto controla la familia?
–En torno al 30%

El sabor familiar del Espirito Santo no se queda sólo en el nombre.  Se puede palpar en la sede, en los retratos que cubren las paredes, en la organización. Una peculiaridad del banco es que los ejecutivos no tienen despachos. Ni los de segunda línea, ni los de primera, que están juntos en una amplia sala, abierta y de sabor victoriano. “Así es más fácil, porque no necesitamos reunirnos”, dice José Manuel mientras apunta su mesa, justo frente a la del presidente y al lado del director financiero “que no es Espírito Santo ¡eh¡ Tomar nota”, recalca en dirección a los periodistas.

–Llevar un apellido con tanta historia ¿es una ayuda o una carga?
–Yo siento una gran responsabilidad por el apellido, por dar siempre ejemplo, porque es la herencia que nos han dejado mi abuelo, mi padre, mis tíos, mis hermanos y primos mayores. Ellos y todas las personas que han trabajado y trabajan en el grupo y que han contribuido al buen nombre de la familia.

Siempre que puede, José Manuel hace algún tipo de alabanza al equipo y dice que eso, el respeto al personal, lo aprendió de su padre. “Él siempre me decía: no pidas un papel, levántate y ve a buscarlo”. No fue lo único que él y la familia aprendieron de su padre y de aquellos años en el exilio. También aprendieron a mantenerse unidos y  a poner el grupo a buen recaudo. El control del BES depende hoy de un hólding que controla una sociedad que, a su vez y ya con Crédit Agricole como socio, controla, en tercera instancia, el banco luso.

–¿Esa estructura es para que nunca vuelva a pasar lo mismo? ¿Y qué más adoptaron para protegerse?
–De aquel golpe aprendimos que hay que estar siempre vigilantes y que hay que contar con accionistas extranjeros y una estructura que te permita tener protegido lo que entonces no lo estaba.

Guardar bien la ropa es importante para mantener la empresa, pero José Manuel Espírito Santo sabe que, como muchas veces le dijo su amigo Mariano Puig [padre], el secreto del éxito de un grupo familiar es “mantenerse unido”.  “Yo digo que en la familia, el capital son los hijos, y el dividendo, los nietos. Si quieres que el capital no se pierda y deseas buenos dividendos en el futuro, hay que perder tiempo con la familia”, afirma un hombre que, con media sonrisa, suele decir que tiene dos full time jobs: uno, la familia; y otro, la empresa. ¿Dos trabajos en uno? Se podría decir que sí porque la historia de ambos son casi la misma,  aunque en el BES no están ahora todos los que son: entre hermanos, sobrinos y nietos, y sin contar los primos, suman más de 150 Espírito Santo. Y en la alta dirección del banco sólo hay ocho de la familia.

–¿Qué es más fácil, gestionar la familia o una crisis?
–[Piensa un rato]. Es distinto. A la familia es un placer verla, discutir, transmitir experiencia y valores a los más pequeños. El banco o una crisis es distinto. Pero os digo una cosa, si de repente me llama un hermano, un primo o un sobrino, me pongo rápidamente porque puede ser algo importante o quizá tenga que apagar algún fuego.

Cuando uno ha pasado por toda esta historia y por algunos de estos sobresaltos, sabe que el tiempo cambia las cosas. Que Portugal puede estar hoy otra vez al filo de lo imposible, pero que volverá a levantarse. Igual que hizo la familia Espiríto Santo, que heredó del fundador ese espíritu luchador para no quedarse nunca quieto y que José Manuel recuerda perfectamente en boca de su padre: “Siempre nos decía eso de que barco atracado no trae carga”. Y, hasta la fecha, el BES no se ha quedado varado nunca en ningún puerto.