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Malos tiempos para la Fiesta nacional

El negocio taurino no está para dos orejas y rabo. Tampoco para dar la vuelta al ruedo. Como mucho para una faena premiada con silencio en los tendidos. La crisis y la falta de dinero del respetable está haciendo mella en un espectáculo que nunca ha sido barato. En cifras, el mundo taurino está sufriendo una caída de más del 30% en general, aunque son los festejos mayores (corridas de toros, novilladas y rejoneo) los que más lo sienten, pasando de un total de 2.622 en 2007 a 1.724 el pasado año. En cuanto al número de corridas de toros se ha pasado de las 900 que se celebraban en 2000 a 611 en 2010. “El principal problema se encuentra en las plazas pequeñas, que son deficitarias debido a los costes de producción. Es necesario revisar la carga fiscal, ya que es la misma para todos los tipos de plazas, y los beneficios son diferentes”, explica Carlos Núñez, presidente de la Mesa del Toro.

Hasta el momento, estas reivindicaciones han caído en saco roto, lo que no deja de ser extraño ya que son las propias Administraciones Públicas las propietarias de estas plazas pequeñas. Ellas, mejor que nadie, saben que organizar un festejo taurino en una plaza de tercera cuesta unos 40.000 euros, toreros aparte.
Además del fisco, el mundo del toro tiene en contra a ciertas autoridades, como la Generalitat de Cataluña, que ha prohibido los festejos en la Comunidad Autónoma. ““Se trata de un tema político. Al catalán medio no le preocupa que se celebren o no corridas. No se trata de maltrato animal. Se ha asociado la fiesta con el españolismo y eso es malo para la identidad catalana”, añade Núñez.

A pesar de estos problemas, el toro da de comer a 1.350 ganaderías de reses bravas, 2.093 mozos de espada, 130 toreros cómicos, 622 picadores, 1.933 banderilleros, 342 rejoneadores, 2.537 novilleros y 626 mataderos. Obviamente casi ninguno de ellos llegará a convertirse nunca en un José Tomás o un José María Manzanares, pero no lo tendrá difícil para encontrar un hueco en un negocio que mueve 2.500 millones de euros al año.

Y es que además de los festejos mayores, los pueblos españoles celebran 11.605 festejos menores (becerradas, mixtas, populares, sin picadores y cómicas) en plazas portátiles o de baja categoría. Allí es donde acaban muchos toreros que no han tenido suerte en sus carreras.

Para el futuro, el reto al que se enfrenta el sector es atraer a los jóvenes. Para lograrlo, el mundo taurino tratará de divulgar mejor los códigos que esconde la fiesta. Pero para alcanzar su objetivo necesita que TVE vuelva a retrasmitir corridas. “Los medios públicos deben dar toros. Pero no sólo corridas, sino información constante sobre los toros. Es nuestra demanda más importante”, añade Núñez. De momento, y aunque no sea un medio público, la aparición de un canal íntegramente dedicado a la Fiesta, Canal+  Toros, es una buena noticia para el sector.

Donde no hay ningún tipo de problemas es en las fiestas populares. Por tradición, en la mayoría de los pueblos de España, su época de festejos está directamente relacionada con espectáculos donde el toro es el protagonista absoluto. El ejemplo más característico son los encierros, de los que se celebran unos 20.000 en España a lo largo del año.

También se dan otro tipo de espectáculos más conflictivos como las capeas, donde los mozos se dedican a cortar a los astados.  Y qué decir de otros acontecimientos duramente criticados por los defensores de los animales como los Correbous, donde se corre delante de un toro al que previamente se le han colocado dos bolas de fuego entre los cuernos; o se le ha atado una soga con la que suele acabar estrangulado.

A pesar de las críticas, estos espectáculos siguen siendo rentables, por el público que congregan en la localidad donde se celebran. Por ejemplo, el toro de la Vega, al que se le mata a lanzazos, reúne cada año a 30.000 turistas con las carteras llenas, en la localidad vallisoletana de Tordesillas. Está claro que el motivo económico se impone en este caso a las críticas.