Economía

¿De quién podemos fiarnos?

Después de haber visto de nuevo el documental Inside Job (sobre las deleznables prácticas de algunos banqueros de Wall Street, que con una avidez y una falta de ética infinitas nos han metido en el actual berenjenal de la crisis financiera), haber consultado en Internet el último flash de la tragedia de la crisis de la deuda griega (ni al mejor dramaturgo heleno se le podía haber ocurrido drama parejo), y después de haberme asomado por la ventana de mi casa para contemplar una melé de gente del movimiento M-15 debatiendo en tono asambleario, uno no puede más que pensar que la actual crisis, más que una crisis de falta de crédito financiero, que también, es una crisis de falta de crédito ético. Tal vez estemos ante una Era del Descrédito. Un descrédito tanto de puertas adentro como de puertas afuera.

En apenas tres años, hemos separado mucha paja del grano y hemos descubierto que había muchas instituciones de poco fiar y que estamos en manos de algunos personajes de poco fiar.

Hemos averiguado que  algunos empresarios, en realidad disfrazados de verdaderos empresarios, especulaban y manipulaban en vez de crear riqueza. Hemos averiguado que nuestros políticos son muchos más mediocres de lo que nos imaginábamos y que un gobierno puede hundir un país (eso que decía Marx de que son los poderes económicos los que hacen bailar a su son al resto de poderes no está del todo claro. Los políticos mandan, pero a  veces mandan muy mal). Hemos averiguado que no podemos fiarnos de muchas previsiones económicas (¿Nos  decían que Islandia era el prototipo de país exitoso, y luego  resulta que fue el primero en estallar, y que su riqueza era un castillo de naipes). Hemos averiguado que no nos podemos fiar de las agencias de calificación de deuda (de momento). Hemos averiguado que el interés nacional se impone no pocas veces sobre otros intereses y que el proyecto de Unión Europea no siempre es tan solidario entre sus miembros. ¡Menudo espectáculo las peleas entre Alemania, la Comisión Europea… a cuenta de los planes de rescate! Hemos averiguado que en los países árabes la gente también se harta de dictaduras y está dispuesta a luchar por más cotas de libertad; aunque nunca haya saboreado la democracia. Hemos averiguado que las nuevas tecnologías, en ciertos sentidos, nos van a hacer más libres para exigir transparencia y solvencia a nuestros gobernantes. Hemos averiguado que el euro sí se puede romper, y que las generaciones futuras no siempre tienen que ser más ricas que las precedentes. Hemos averiguado que el Estado de Bienestar no es una maná que venga del cielo, sino que hay que ganárselo, cada día, creando riqueza y crecimiento. Hemos averiguado que el sistema financiero español no tenía créditos tóxicos subprime pero sí bombas atómicas inmobiliarias en forma de créditos irrecuperables, y que no todas las estadísticas púlblicas son siempre ciertas; muchos políticos tienen una propensión irresistible a maquillar sus cuentas. Hemos averiguado que no todos los líderes son íntegros, honestos y transparentes. Hemos averiguado que es importante tener una sociedad civil fuerte, no una anestesiada y medio dormida. Hemos averiguado que lo mejor, es la cultura del esfuerzo…y que cada uno de nosotros tiene que coger las riendas de su destino y trabajar y esforzarse. Y ser exigente.

Todo lo anterior es cierto. Pero conviene no reaccionar con desmesura y no tejer conclusiones erróneas. El silogismo algunos políticos, algunos banqueros, son unos mediocres-aprovechados-egoístas no significa que todos los políticos y todos los banqueros lo sean; y mucho menos que todos las personas, por extensión, lo sean. Cuidado con los sofismas y argumentaciones equivocadas. El cabreo coyuntural no debe cegarnos hasta el punto de no reconocer que ciertas instituciones, como la economía del mercado, o proyectos como la construcción europea, son simplemente magníficos. Ser crítico y escéptico no significa ser destructor, o desear  volver a la época de las cavernas.Si está enfadado, siga con su enfado. Pero apueste por un enfado constructivo, que ayude a levantar una sociedad mejor, no una peor.