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¿Es un suicidio que Bankia salga a bolsa en julio?

Sabemos que el señor Rato, presidente de Bankia, se ha puesto su bañador para tirarse a la piscina de las salidas a bolsa, a media dos de julio. ¿Pero habrá agua? ¿Y si hay alguna que otra piraña en esas aguas dulces cloradas? ¿No se asustarán los nadadores de las otras cajas, que aguardan nerviosos, su turno, si Rato se da de bruces contra los azulados mosaicos? ¿Qué pensarán, en ese supuesto, esos miles de ojos de inversores y analistas extranjeros que nos escrutan al detalle, como si fuésemos bichos raros?

La salida a bolsa de Caja Madrid se ha convertido en una especie de prueba de fuego de la confianza internacional en España, un voto de confianza que todos buscamos conscientes e inconscientemente, un rayo de luz que nos marque el punto y final de esa horrible pesadilla llamada Gran Recesión y que nos permita, de una vez por todas, reordenar felizmente nuestro maltrecho sistema financiero.

El símil de la piscina–lo del bañador es mío- lo utilizaron ayer los economistas en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo en Santander, donde se debate estos días el  estado de salud de nuestro sistema financiero, que sufre múltiples achaques. “Si en julio no hay agua en la piscina, pues que se aplace el salto desde el trampolín”, dijo el catedrático Emilio Ontiveros. Saltar o no saltar, esa es la cuestión. Rato ya está al borde del trampolín, y lleva tiempo tonificando sus músculos para zambullirse. Tiene previsto que Bankia debute en el parqué este verano con el fin de recaudar entre 3.000 y 4.000 millones de euros para recapitalizarse.

La cantidad final levantada, probablemente, es lo de menos. Lo relevante es el valor simbólico, el mensaje de optimismo que se lanzaría al entrar nuevos inversores en el capital (IN SPAIN WE TRUST). Si Bankia fracasa estrepitosamente, el resto de cajas lo tienen muy que pero que muy mal. Sabrán que se si tiran  a la piscina, sólo conseguirán abrirse la cabeza en canal.

Decía Ontiveros que “no es el mejor momento para salir a bolsa. Todos los valores bancarios (también los europeos) cotizan por debajo de su valor en libros desde hace un año. No hay apetito de valores de servicios financieros”. ¿Y por qué no? Pues hay un ramillete de factores negativos: la prima de riesgo está disparada, el río está muy revuelto en Grecia… El ex secretario de estado Luis de Guindos, además, insiste en otros dos aspectos a tener en cuenta en nuestras ponderaciones: la incipiente ralentización de la economía mundial –que es como un inesperado soplo de aire frío que viene desde países occidentales, como Estados Unidos y Japón, pero también de algunos emergentes- y también el calendario electoral. Los periodos de agitación política nunca ayudan.

Aunque este es el sentir mayoritario, una minoría de observadores creen que las cosas saldrán según el guión trazado. “Es una cuestión de Estado y saldrá bien”, dice Aristóbulo de Juan, ex director general del Banco de España. ¿Y por qué debería salir bien? “Porque hay un gran interés de todos los actores de que esto salga bien”. En román paladino: todos pondrá de su parte para que la salida de Bankia sea un triunfo y marque el punto de inflexión de nuestra salida de la crisis. Además, dice este experrto, cuanto más tarde cotice, más sufrirá el patrimonio de la primera caja española por activos, unos 180.000 millones de euros.

Lo cierto es que si Rato se echa atrás, ante el temor de no encontrar más que piedra dura en el fondo de la piscina, todavía podrá optar por hacerlo a la vuelta del verano o antes del 31 de marzo, que es el tope marcado por el Banco de España para capitalizarse. Aunque visto lo visto en Grecia, tal vez Portugal e Irlanda sigan su camino, nuestra prima de riesgo siga su escalada, y los inversores internacionales no estén para compras ni siquiera en el primer tramo de 2012.Tal vez tenga razón De Guindos cuando dice que en este país hay cosas más decisivas para el futuro de nuestra economía que la salida exitosa o no de Bankia a bolsa. Por ejemplo, la reforma laboral. Desde luego, nada hay más importante que un cambio político que nos devuelva esa ilusión perdida por retomar las riendas de nuestro destino y labrarnos un mejor porvenir.