Economía

¿Vendrá Godot a salvar a las cajas de ahorros?

Las cajas de ahorro españolas están esperando a que venga Godot, para salvarlas. Así interpreta el estado de ansiedad del sector Braulio Medel, ex presidente de la CECA y presidente de Unicaja, quien establece un símil entre las maltrechas entidades financieras y la famosa obra de teatro de Samuel Beckett Esperando a Godot, en la que los personajes esperan (desesperadamente) la llegada de alguien, Godot, que ha llegado a interpretarse como Dios. Para Medel este Dios sería “trino”: uno vendría a traer capital –para llenar el agujero de hasta 15.000 millones de euros que necesitan las cajas para recapitalizarse antes del 31 de marzo de 2012-, la otra deidad arreglaría la situación del sector inmobiliario –de cuyo negocio son tan dependientes las cajas; promotores y constructores les han dejado en la estacada-; y el tercero mejoraría la gobernanza de la hacienda europea –haciendo que la pesadilla  de Grecia, y de otros países periféricos, se disipe y deje de salpicarnos y de tensar la cuerda de la prima de riesgo-.

Lo que no sabe Medel –y si lo sabe, la metáfora de Godot  no fue muy afortunada- es que la obra maestra del escritor irlandés es una tragicomedia de final poco feliz. De hecho, no hay final, la angustia, la espera, sigue viva.  Esperando a Godot, como todas  las obras existencialistas de mediados del siglo XX, muestra el absurdo de la existencia. Dos personajes, los vagabundos Vladimir y Estragon, esperan a Godot, sin saber por qué y sin saber quién es. En todo momento, siempre hay una voz que dice: hoy no vendrá, pero mañana seguro que sí. Al final de la obra, todo sigue igual. Ahí va el archiconocido final:
Vladimir: Bueno qué, ¿nos vamos?

Estragon: Pues vámonos.
Y se quedan en el mismo sitio

Esperemos, por bien de nuestro sistema financiero, y de nuestra economía y de nuestro empleo, que Godot venga con el maletín de dinero para recapitalizar antes del verano o después del verano. Desde luego, no sabemos qué rasgos físicos tendrá Godot, pero no es descartable que tenga rasgos achinados o caucásicos. En los países emergentes es donde sobran esos dólares que a nosotros tanta falta nos hacen. Carlos Egea, presidente de Caja Murcia, dice que a él le vienen a ver, de modo informal, todo tipo de Godots –de inversores-: fondos soberanos, fondos de private equity, fondos institucionales y family offices españolas. Y dice que vienen con interés, y algunos hasta con admiración hacia las cajas y lo que representan. Lo que sí es seguro es que, si Godot llega, sea ruso, árabe, chino o americano, pedirá un buen descuento. Y es que cuando a uno lo esperan desesperadamente, su posición de fuerza es muy fuerte.

Hay muchos observadores que sigue creyendo que no los inversores internacionales siguen sin fiarse de lo que esconden los balances de las cajas y que Godot no acudirá a las salidas a bolsa de muchas cajas. Ni antes ni después del verano. Y es que Esperando a Godot tiene una frase que hunde la moral del más optimista, incluso la del propio presidente de Unicaja:

“¡Nada ocurre, nadie viene, nadie va, es terrible!”