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La industria contaminante sobrevive en el mundo verde con I+D+i

En un mundo en el que una de las mayores preocupaciones es la conservación del medio ambiente, existen industrias damnificadas. Nos referimos a esos sectores que, por su propia actividad, tienen una imagen de sucios y contaminantes. Esta característica los convierte en blanco de protestas de los defensores de un mundo verde y renovable.

Pero en muchos casos esas críticas están injustificadas. Así ocurre en el sector del cemento, que paga la penosa imagen visual que dan esas enormes moles cementeras que se ven por las carreteras españolas. Ante eso, nadie se acuerda de que las 13 grandes empresas que constituyen el sector (Portland Valderribas, Cemex, Holcim y Lafarge…), con una facturación conjunta de 4.000 millones de euros, son pioneras en I+D+i. “España es líder mundial en cemento blanco. También en hormigones autocompactantes y también en eficiencia, ya que buscamos combustibles alternativos al petróleo, como la biomasa”, explica Aniceto Zaragoza, presidente de Oficemen, la patronal. A pesar de esos esfuerzos, el sector ha sufrido el parón de la construcción que ha hecho que los ingresos hayan caído un 60% desde 2007. “La gente sólo se queda con la imagen de una cementera y se olvida de que sin cemento no habría vida. Sin él ni siquiera llegaría el agua a las casas”, añade Zaragoza.

Los 30.000 trabajadores y las 200 empresas que forman la industria asfáltica española también sufren el rechazo del mundo limpio, al que no le interesa saber que estamos ante uno de los sectores más renovables que existe. “Estamos cerca de sacar dos proyectos revolucionarios desde el punto de vista medio ambiental. Uno de ellos consiste en generar energía solar a través de los rayos que recibe el pavimento de la carreteras. Y otro es un tipo de asfalto que reduce las emisiones contaminantes de los coches”, explica Juan José Potti, gerente de Asefma, la patronal de este industria que factura 2.000 millones de euros. “El presente y el futuro son malos, ya que las licitaciones de Fomento han bajado de 500 millones en euros en 2008 a sólo 20 millones en 2010. Si seguimos así, perderemos el valor patrimonial de las carreteras, ya que existe una necesidad imperiosa de conservar este recurso en el que habría que invertir 1.200 millones de euros”, añade Potti.

Con los plásticos sucede lo mismo. Su importancia es vital, ya que está presente en todos los productos, originando una industria de 4.000 empresas, que dan trabajo a 100.000 personas, con una facturación de 13.800 millones de euros. A pesar de ello, el plástico es objetivo de críticas por parte de todos los organismos, el último la UE. “El plástico está en todo y Europa se ha centrado en las bolsas, que son las grandes damnificadas. Y eso que estamos hablando de un producto que se recicla.  Se insulta a las bolsas, que cumplen con todos los requisitos legales”, explica Enrique Gallego, director general de la patronal Anaip, que proponía como solución bolsas de polietileno. No hubo suerte.