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Pedro Guerrero, presidente de Bankinter: “Estamos esperando a que salga el toro para comprar”

Si alguien decidiera escribir una biografía novelada a partir de la información pública que se conoce del presidente de Bankinter, Pedro Guerrero, lo más seguro es que tendría que abandonar tamaña aventura. Si uno rastrea por la web, lee documentos del papel salmón, e incluso hace alguna llamada, a duras penas consigue llenar medio folio de información que no aclara el rompecabezas de este exitoso ejecutivo. Faltan piezas. Y eso que este cordobés de 57 años es, desde 2007, la cara visible del quinto banco de España y atesora un brillante currículum que incluye, además de varias oposiciones, la primera presidencia de la Bolsa de Madrid, la creación de AB Asesores, una de las firmas bursátiles más exitosas de las últimas décadas, y diversos puestos de consejero en empresas cotizadas. Es más, parte de la información de ese medio folio, que circula por la red, no se ajusta a la realidad: ni su progenitor fue uno de los fundadores de Bankinter ni Guerrero es un consumado escalador.

Pero lo que se sabe o no se sabe de él no parece preocuparle en exceso: “Le doy poca importancia a esa poca notoriedad pública. El conocimiento que se debe tener de mí, y por el que eventualmente debería ser juzgado es el de mi trayectoria profesional. Mi vida privada no creo que interese más allá de mi círculo familiar y de amigos”. Eso no quiere decir que el presidente de Bankinter sea una persona opaca o que rehuya los detalles personales. Si se le pregunta, contesta, y sin perder la sonrisa y sin poner distancias de por medio. Descubrimos así que estamos ante un maestro de ajedrez –ex campeón de España juvenil– que lo mismo juega partidas a la ciega con el mayor de sus seis hijos mientras recorren la sabana africana, que participa en una competición simultánea contra el mítico Gari Kasparov. Sobre este último, aún rememora uno de los lances: “Hubo un momento en que tuve al ruso contra las cuerdas. Estuvo más de 30 minutos pensando en mi mesa. Creí que le ganaba pero se escapó de un ataque furibundo y, finalmente, me ganó, como es natural”.

Su otra pasión son las leyes. Los fines de semana, nos cuenta, se divierte estudiando códigos jurídicos y casos legales. Al fin y al cabo, Pedro Guerrero es licenciado en Derecho y con tan sólo 24 primaveras aprobó la oposición de Abogado del Estado. Eso sí, sólo ejerció dos años como letrado porque rápidamente cambió las leyes por los ratios financieros.

¿A qué se debió este giro profesional? Puede que el flechazo con los mercados surgiese el día que su padre le llevó a ver uno de los primeros cajeros automáticos implantados en España, en la calle Serrano de Madrid. Tenía entonces 12 años y le resultó fascinante que por aquella extraña máquina saliese dinero con solo introducir una tarjeta. O quizá, si hoy Pedro Guerrero es banquero y no abogado es por culpa de su inseparable amigo Ignacio Garralda –actual presidente de la Mutua Madrileña– que le convenció para presentarse a la oposición de agente de cambio y bolsa. Seguramente, haya un poco de ambas cosas. Pero, sobre todo, aquel viraje profesional entronca con un fuerte espíritu emprendedor, que le impedía pasar el resto de su vida profesional en un puesto fijo de la administración. “Tengo una vocación más empresarial”, reconoce el presidente de Bankinter, que con sólo 31 años dejó todo para crear Asesores Bursátiles junto a Garralda y Salvador García-Atance.

En una estrecha sala de oficina, con una secretaria que sólo hablaba inglés y una guía de teléfonos de Londres, trataban de dar con clientes e instituciones extranjeras que quisieran invertir en España, un mercado por entonces bastante arcaico, inexplorado y no muy seguro. Aquella arriesgada aventura empresarial, en muchos sentidos pionera y para algunos un chiringuito financiero abocado al fracaso, dio paso a la principal firma española dedicada a los negocios de intermediación e inversión. Hasta el punto de despertar el interés de Morgan Stanley, que terminó por comprarla en 1999 por 300 millones de euros.

–¿En qué medida le ha marcado esa etapa?

–Muchísimo. AB Asesores ha sido lo más importante que he hecho en mi vida. Fue un dinamizador y un protagonista de toda la reforma del sistema financiero español, además de una gran escuela por la que pasaron profesionales que hoy ocupan puestos de primer nivel  como Luis de Guindos, Luis de Carlos, José Luis Feito o Jorge Morán.

–¿Le costó mucho desprenderse de la firma?

–Sí. Pero las cosas no tienen marcha atrás. En un principio pensamos en una joint venture con Morgan Stanley para que nos diera cobertura global en nuestro negocio de gestión de patrimonios.  Empezamos las conversaciones y al final acabaron comprándonos. Eso pasa de vez en cuando. Si me preguntan si acertamos o no, lo pasado pasado está.  Hay que pensar en el futuro.

–¿Y por dónde pasa el suyo?

– Ahora estoy muy comprometido con Bankinter, donde hay muchas cosas por hacer. Estamos en un momento muy especial porque el sistema financiero mundial ha sufrido una conmoción enorme y se van a producir grandes cambios. No está claro por dónde va a ir el mundo financiero y en qué entorno nos vamos a mover los bancos españoles. Hay muchas opiniones y políticas antagónicas. Pero de lo que estoy seguro es de que las cosas no volverán a ser iguales. En este contexto incierto, en el que además hay una restricción de liquidez enorme, gestionar un banco estrictamente español y mediano como Bankinter es todo un reto profesional

Un reto para nada sencillo y que le obligará a desplegar la mejor y más creativa de sus jugadas. Los analistas y algunos ejecutivos bancarios comentan que el modelo de Bankinter está maduro y es particularmente vulnerable a un escenario de crisis en  el  que ha subido mucho el coste del pasivo y las exigencias de capital. No hay más que examinar los resultados de 2010, en el que los márgenes menguaron y el beneficio neto se desplomó un 40%. La realidad es que el resto de entidades empiezan a imitar  la apuesta por la tecnología y la innovación que tradicionalmente ha distinguido al banco. Y su lugar en la tabla de los pesos pesados bancarios es cada vez más confuso. Los que le superaban en tamaño son cada vez más grandes y las entidades que le iban a la zaga comienzan a adelantarle como consecuencia de las fusiones entre cajas de ahorro. No va a descender de liga, pero se aleja de los puestos que llevan a competiciones europeas.

De momento, el totum revolutum financiero no le quita el sueño al presidente de Bankinter, que en todo momento mantiene su optimismo perenne. “No nos pongamos nerviosos ni perdamos la cabeza. Éramos el quinto banco de España y seguramente tras la fusión de las cajas quedemos los décimos. Muchos dicen que estaremos en una posición competitiva peor. No estoy en nada de acuerdo”, sentencia. Pero como más vale prevenir que curar, ya piensa en crecer. Aunque no a cualquier precio. Bankinter presume de haber ganado tamaño durante décadas sin  tener que recurrir a compras o fusiones como el resto de sus competidores. Veía este tipo de operaciones más como una vía destinada a satisfacer el ego de los directivos que como el camino más optimo para crear valor a los accionistas.  Hoy, en una España de cinco millones de parados y con unos consumidores nadando en un mar de deudas, el crecimiento orgánico es casi un imposible.

–¿Ha llegado la hora de plantearse alguna operación corporativa?

–No descarto que participemos en una operación de fusión o adquisición pero, al ser un banco de accionistas y no tener experiencia previa, la tendremos que mirar con lupa y ver muy clara. A lo mejor, optamos por adquirir alguna pieza suelta: oficinas, alguna gestora, un determinado negocio que encaje con el nuestro… De lo que no tengo duda es de que con la reestructuración del sector van a surgir grandes oportunidades y ahí estaremos con los ojos muy abiertos para que no se nos pase una mosca. Tenemos que estar muy atentos y movernos rápido. Bankinter ha sido un jugador de nicho que ha aprovechado las oportunidades que se han presentado moviéndose muy rápido.

–¿Esto supone un cambio radical de filosofía?

–La filosofía de Bankinter ha sido ser flexibles. No somos dogmáticos. Siempre hemos estado abiertos a cambiar de chip cuando había la más mínima oportunidad.

–Candidatos interesados en estrechar lazos con ustedes no faltan: Banesto, Sabadell, Popular… Pero, en esta faena, ¿están de torero, de toro o de apoderado en el burladero?.

–Desde luego nosotros estamos de torero y dispuestos a torear. Pero digamos que se ha abierto el callejón y sabemos que va a salir un toro pero no sabemos de qué tipo. No está claro que cosas van a salir al mercado, a qué precio, en qué condiciones, cómo nos complementa… Hay que ver y esperar.

–Entonces, de vender ni hablar

–No. Bankinter tiene unos accionistas que pensamos que vale mucho más de lo que la bolsa refleja actualmente. Tiene una calidad de activos muy buenas y no tenemos intención de desprendernos de ellos. Cuando   se ha tenido que reforzar capital podíamos haber desinvertido en algún negocio, pero no lo hemos hecho. No hemos vendido nuestros inmuebles a diferencia de casi todo el mundo, ni hemos sacado al mercado broker online ni la gestora de fondos y mucho  menos Línea Directa, que genera un una tesorería impresionante.  Pensamos que es un mal momento para vender.  Además, tenemos una ventaja competitiva muy grande: nuestra solvencia y la calidad de nuestro balance. Si se comparan las posibilidades de deterioro  y los problemas que podría tener la banca, seríamos seguramente los últimos en tener quebraderos de cabeza dentro del sistema crediticio español. Tenemos la tasa de morosidad más baja (2,97%, la mitad que la media) y nuestra exposición al riesgo inmobiliario es  cinco veces menor que la del resto de entidades. Estamos en una posición privilegiada para  hacer operaciones y competir con éxito en un entorno cambiante y cargado de dificultades.

En los tiempos que corren, el de banquero es un oficio de alto riesgo. No solo hay que tener los ojos bien abiertos por lo que pasa en los mercados, sino que hay que estar pendiente de lo que se mueve en casa.  Sobre todo, cuando el capital está principalmente en manos de dos accionistas –Jaime Botín y Crédit Agricole, con cerca del 25% cada uno– que se miran con cierto recelo y cuyas visiones no siempre coinciden. Jaime Botín, que lleva desde el principio en la entidad, tiene reservas sobre los planes del mayor banco comercial de Francia, que ha entrado en Bankinter diciendo que es una inversión financiera, estable y amistosa. ¿Y Pedro Guerrero se lo cree? “Hasta el momento no han hecho más que colaborar. Otra cosa es entrar en el consejo de administración. Son un banco competidor y Bankinter es una entidad independiente con vocación de seguir siéndolo”, insiste este amante del submarinismo y de la caza, al que le toca desplegar todas todas sus habilidades de persuasión y empatía tanto para lograr una buena sintonía entre los accionistas como con los otros dos ejecutivos con los que comparte las riendas de la entidad desde diciembre: Alfonso Botín (vicepresidente ejecutivo e hijo de Jaime Botín) y María Dolores Dancausa (consejera delegada y antigua primera espada de Línea Directa)

–¿Cómo se reparten los papeles?

–Nos organizamos y nos entendemos bien. Por suerte, esta casa no es la administración central del Estado con una asignación de responsabilidades, una secretaría general técnica y competencias que se publiquen en el BOE. Tampoco es que seamos el ejército de Pancho Villa. Nos situamos en un punto intermedio y tenemos cierta flexibilidad. Alfonso tiene un papel muy importante en el banco porque representa al mayor accionista, que lleva aquí desde la fundación de la entidad. Tiene una implicación ejecutiva muy importante en todo lo relacionado con el tema de riesgos. Por su parte, María Dolores Dancausa es la primera ejecutiva y, realmente, es la que está en el centro de la plaza dispuesta a recibir al toro. Y yo hago lo que puedo. Me tocan las funciones ordinarias de un presidente.

–¿Es más bien una tricefalia?

–Llámenlo como quieran. Pero nos entendemos bastante bien. Por el momento está funcionando. Esperemos que siga así.

A la vista de los buenos resultados del primer trimestre parece que sí hay cierta química o, al menos,  cierta armonía en el trabajo en equipo. Los márgenes se recuperan hasta el punto de que Guerrero está convencido de que el beneficio de Bankinter crecerá un sorprendente 20% en 2011. Nada mal tras el terremoto del pasado año. Habrá algún analista que le achaque una propensión obsesiva a ver brotes verdes por doquier. Pero a él no le perturban  estos comentarios. Es más, dice que cuando se asoma al futuro de la economía española sólo ve señales positivas. “Es verdad que hemos reaccionado tarde frente a la crisis y a corto plazo todavía lo vamos a pasar mal y van a ser necesarios muchos sacrificios. Pero a medio plazo soy optimista. Somos un país con recursos y saldremos adelante. Yo confío mucho en los españoles”, afirma con rotundidad.

Este abogado de mente preclara enumera en un santiamén una retahíla de razones de por qué ve el vaso medio lleno: el tejido empresarial español es más moderno y musculoso; abundan las empresas, grandes y no tan grandes, punteras a nivel mundial; la vocación emprendedora empieza a calar entre los jóvenes; la renta per cápita de los españoles es la de un país muy rico, y esto no admite marcha atrás; a la salud económica de este país le sientan muy bien las terapias de choque liberalizadoras …

Es  consciente de que muchos le consideran un “iluso” o  “hacen chistes” sobre su optimismo. Pero dice que la historia y las estadísticas están de su  parte. “Se dice que un optimista es un pesimista mal informado. Pero a lo largo de la historia de la humanidad, la sociedad no ha hecho más que progresar, lo que quiere decir que los optimistas tenemos razón”. ¡Ojalá acierte en sus vaticinios!