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Así conquista la galaxia el mundo friki

Cada 25 de mayo se repite la misma escena en la Plaza de Callao (Madrid). Un grupo de personas disfrazadas como caballeros Jedi y armadas con espadas láser, simulan un combate al estilo de La Guerra de las Galaxias. Pronto se les unen en la batalla otros personajes ataviados con uniformes de Batman y Spiderman. Tras la sorpresa inicial, un transeúnte que pasa por allí suelta a voz en grito: “¡menudos friquis que estáis hechos!”.

Aunque la afirmación pueda sonar ofensiva, no hiere ninguna sensibilidad entre los disfrazados.  “Es imposible que algo así nos moleste. Nosotros somos friquis y estamos muy orgullosos de serlo. Por eso nos disfrazamos y cada 25 de mayo [el día que se estrenó Star Wars] celebramos el día del Orgullo friqui. A muchos les extraña pero a mi me sorprende mucho más que haya gente dispuesta a pasar la noche en la calle para asistir a un concierto de Justin Bieber. Ante eso, yo creo que disfrazarte y demostrar que te gusta el universo de la ciencia ficción y la fantasía no debería extrañar a nadie”, explica Germán Martínez, un friqui de toda la vida y apasionado de la saga de La Guerra de las Galaxias.

A pesar de que el término friki o friqui ha existido desde siempre, mucha gente se pregunta todavía quiénes son este grupo de bichos raros. Para empezar, la palabra friqui viene del inglés freak, que significa extraño, extravagante, estrafalario y fanático, y que se refiere a aquellas personas interesadas de manera obsesiva en los temas de la denominada subcultura: la ciencia ficción, la fantasía, el manga y el anime japonés, los videojuegos, los cómics y la informática, entre otros. “Ser un friqui no es tan diferente de ser un seguidor de un equipo de fútbol. Al forofo del Real Madrid le interesa saber los fichajes y se compra las camisetas de su jugador favorito. Yo estoy atento al casting de los actores que saldrán en el nuevo Batman y me compro el merchandising de La Guerra de las Galaxias. En esencia estamos hablando de una afición, quizá exagerada, por algo”, añade Martínez. 

El escritor Lluis Fernández, autor del libro Los friquis. Elogio de la caspa sitúa el origen del movimiento friqui junto al surrealismo y dadaísmo que impulsó el artista francés Marcel Duchamp, un pionero clave en el movimiento posterior de arte pop de Andy Warhol. “El origen de toda la cultura friqui viene de los años 30. Es el elogio a lo feo y a lo grotesco. De esa época es una película clave para entender la corriente. Se llamaba Freaks. El director fue Tod Browning y es la verdadera guía del friquismo”, explica Lluis Fernández.

Así es. La parada de los monstruos, nombre con el que se conoce en España, se estrenó en 1932 y es la fuente de la que mana gran parte del movimiento friqui. La cinta contaba las aventuras de un grupo de hombres deformes en un circo. En la época fue considerada como sucia y repulsiva. Hoy es un film de culto cuya influencia se puede ver en películas actuales de éxito. Un ejemplo es Torrente, la saga de Santiago Segura, que  ha triunfado gracias al elogio de lo cutre, de lo casposo y de lo feo. “En el pasado ya hicieron lo mismo John Waters con sus películas de serie B. Y también el director de cine Ed Wood, todo un superventas gracias a lo malo que era”, añade Fernández.

Como se puede ver por los ejemplos anteriores, lo friqui vende. Ese extraño mundo formado por bichos raros que pasaban la vida encerrados en sus habitaciones bajo una montaña de cómics ha salido del ostracismo y ha llegado a las masas. Pero, ¿por qué la cultura friqui ha llamado la atención de tanta gente? “La ausencia de ideas y el auge de la tecnología ha hecho posible que el mundo friqui sea más accesible para todos. Ahora se pueden hacer películas con historias de ciencia ficción o de fantasía, basadas en cómics o en literatura. Eso ha provocado que el gran público se haya acercado a este mundo que hasta hace poco era un reducto”, explica Servando Carballar, consejero delegado de la cadena de tiendas Generation X, un verdadero universo friqui. “Estamos de moda. Internet ha ayudado a difundir el gusto por lo grotesco y todos se aprovechan de ello. Desde los medios de comunicación, que están llenos de personajes friquis, pasando por las tiendas ropa tipo Bershka o Springfield. En todas ellas siempre hay una colección de camisetas de superhéroes”, añade Martínez.

George Lucas  fue el que entendió antes que nadie los beneficios que se podían sacar de explotar la cultura friqui. Y así surgió la saga Star Wars, que a lo largo de 30 años ha generado ganancias de más de 22.000 millones de dólares. De ellos, sólo 4.500 provienen de la recaudación en taquilla, el resto es debido al merchandising que rodeó a la franquicia. Por ejemplo, todo el universo de figuras y juguetes relacionadas con las películas de Lucas ha generado más de 9.000 millones de dólares, el doble de lo recaudado por las seis películas que componen la franquicia galáctica.

Tras el fenómeno de Lucas, llegaron otros como Star Trek, El Señor de los Anillos o la reciente Harry Potter, que ha recaudado más de 6.300 millones de dólares, sólo en taquilla. Todas estas sagas explotan un universo de fantasía o ciencia ficción muy del gusto de los friquis. Pero sus recaudaciones han demostrado que esta subcultura ha tomado el control. Ahora el mundo ve, lee y disfruta contenido friqui. Ellos saben que ha llegado su momento. Ya nadie les impide cumplir el viejo sueño de dominar esta planeta llamado Tierra. Fricazos como Bill Gates, Mark Zuckerberg, Sergey Brinn y Larry Page ya lo hacen. La fuerza está con ellos.

 (Para ampliar información, ya está en su quiosco el número de agosto de Capital)