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Ermenegildo Zegna: “¿La bolsa? Ésa, para los banqueros”

En cualquier otra calle de París, el elegante Masseratti del embajador italiano atraería la mirada de decenas de curiosos. Pero no en la Rue de Faubourg Saint-Honoré, una estrecha y alargada calle a la espalda de los Campos Elíseos. Y menos ese día, en el que un sinfín de limusinas y vehículos de gran cilindrada se agolpan a las puertas de la espectacular tienda que Ermenegildo Zegna inaugura en esta lujosa calle. En el interior, un exclusivo edificio de cinco plantas, varios miembros de la familia Zegna reciben a lo más granado de la alta sociedad parisina, desde el embajador de Italia a actores como Jean Paul Belmondo o la estrella de Hollywood Milla Jovovich. Y eso es sólo el aperitivo de la fiesta para casi mil invitados que luego ofrece la firma de moda frente a la Torre Eiffel. El consejero delegado de la compañía, Ermenegildo Zegna, no ha escatimado en medios a la hora de celebrar por todo lo alto su estreno en la milla de oro parisina, donde firmas como Chanel, Cartier, Bulgari, Louis Vuitton, Dior, Gucci o Prada exhiben sus mejores escaparates.   

 –¿El lujo es cada vez más y más asiático?

–El futuro del lujo está en los mercados emergentes porque son los que más están avanzando. Tengo la esperanza de crecer en India como lo hemos hecho en China en los últimos diez años, pero lo veo difícil porque es mucho más cerrado y burocratizado. Hay barreras de entrada invisibles que tendrán que desbloquearse. En Brasil ocurre lo mismo. También estamos invirtiendo en Vietnam, Indonesia, Singapur, Corea… A medida que estos países crezcan, otros como Japón, que durante años fue nuestro segundo mercado, va a quedar relegado al cuarto lugar.

 –¿Significa que Zegna va a ser menos europeo? 

–En absoluto. No se trata solo de crecer en el mundo emergente. También, de conservar lo que ya tienes en Europa. Estamos abriendo tiendas de nuevo en Roma, Munich, Viena, Atenas… Cuanto mejor nos vaya en Asia, mejor nos irá aquí también. Hay grandes oportunidades de negocio derivadas de los clientes chinos, rusos, árabes… que cada vez viajan más a Europa y quieren ir a tus tiendas. Esto exige cambios en la forma de funcionar aquí: los establecimientos tienen que ser tan grandes y lujosos como los que puedas tener en Asia, necesitas empleados que hablen idiomas y tener en cuenta las diferencias en tallas, colores, etc.  A los chinos, por ejemplo, les gustan las corbatas rojas y no las negras; y a los americanos, al contrario. 

 El primer ejecutivo reconoce que la obligación de dar un enfoque global a la empresa fundada por su bisabuelo fue una de las principales ideas que se le quedaron grabadas tras su paso por la Universidad de Londres y la Harvard Business School. No fue la única lección: “En esos ambientes te pones en contacto con gente mucho más fuerte y con más capacidad que tú. Entras en una competición positiva que te hace ver lo pequeño que eres y lo que podrías llegar a ser tú y la compañía. Te hace pensar a lo grande, compararte con los líderes de cada campo y no conformarte nunca con lo que has logrado. Hay que ir más allá, pero sabiendo cuáles son tus límites. Sin pasarse del largo de tu paso. Yo no puedo pretender ser mañana como Louis Vuitton”.

Pero las mejores lecciones y las que tiene más presentes no las aprendió en las aulas de la prestigiosa universidad de Boston, sino en los telares de Trivero, paseando con su abuelo Ermenegildo, con su padre y con su tío. “Han sido los mejores maestros”, asegura. Ellos le enseñaron el negocio y las claves del oficio, pero también los valores que forman parte de ADN de esta empresa centenaria: la ambición positiva del emprendedor, la lealtad hacia la ética, trabajar duro, ser honesto, disciplinado, respetar a la gente, tener visión a largo plazo y mantener la unidad familiar.

Precisamente, en la familia radica –según Gildo– la fuerza de esta marca y es lo que les ha permitido capear los temporales. “En momentos de crisis hay que ser muy fuertes y la fuerza de Zegna es que somos una familia independiente y sólida. Nosotros tenemos un dicho: las familias fuertes hacen compañías fuertes, y las compañías fuertes hacen familias fuertes. La unidad nos ha permitido preservar la empresa fuerte e independiente durante cien años. Si no hay unidad familiar, no hay nada que hacer”, reflexiona. La propiedad de Zegna está repartida a partes iguales entre las dos ramas de la familia. Entre ellos pueden venderse acciones. Fuera, no se ha dado el caso. Y si se le pregunta por esta posibilidad, Gildo responde instintivamente, sin pensarlo mucho: “Al menos en esta generación no lo creo”. 

–¿No le gusta la bolsa?

–No. Ésa, para los banqueros. A corto plazo, el grupo no necesita salir a bolsa. Quizá a medio plazo… en la próxima generación…

–Hay quien critica a los grupos familiares por su menor transparencia…

–Nosotros gestionamos el negocio como si fuera una empresa cotizada. Los miembros de la familia, todos, tienen unas reglas que acatar y claras responsabilidades. También tenemos un comité de consejeros externos, que no tienen todas las empresas familiares. Desde que me convertí en consejero delegado, hace 15 años, he dirigido esta compañía exigiendo compromiso, dedicación y trabajo a  todos los empleados, independientemente de si  llevaban o no el apellido Zegna.

 (Para ampliar información, ya está en su quiosco el número de agosto de la revista Capital)