Economía

Rebelión en las aulas: España y Finlandia se distancian

No teman. España no se está moviendo ni variando sus coordenadas en el mapa respecto al país nórdico. O mejor sí, échense a temblar. Cada vez estamos a más años luz de Finlandia, país cuyo sistema académico ha sido siempre el modelo a seguir para ser los primeros de la clase.

“Me han puesto a 33 chavales en una clase, apenas hay personal para realizar desdobles ni clases de apoyo y tengo compañeros que dan cuatro horas de clase en un instituto y otras cuatro en otro con lo que no acaban de centrarse en ninguno de los dos centros”. Esto me lo contaba una buena amiga que es profesora en un instituto navarro y una de las pocas docentes interinas que se han salvado de la quema (recortes) en esa comunidad. Pero el suyo no (sólo)  era un tono de queja, sino de  tristeza. “Así es imposible atender de manera personalizada a los estudiantes ni de ayudar a los rezagados ­–esos que luego acaban abandonando el mundo escolar antes de tiempo–”, cuenta esta profesora a quien le quiera escuchar.

Que la crisis ahoga, ¡pues, claro! Aunque hay muchos que defienden que hay que hacer más con menos, la realidad es que la cuadratura del círculo es difícil, si no imposible, para que la calidad de la enseñanza pública no se vea mermada con tanto lifting presupuestario y de personal. Así, el gasto público en educación, tradicionalmente por debajo de la media de la OCDE, se ha recortado por primera vez en treinta años. Mientras, nuestro vecino europeo lo tiene claro. “La competitividad del mercado laboral de Finlandia requiere que el sistema educativo funcione a la perfección. La mejor escuela del mundo será fortalecida para garantizar la igualdad de oportunidades para todos”, aseguraba en el Parlamento finlandés el primer ministro, Jyrki Katainen, a finales de junio.

Ustedes dirán que finlandeses y españoles vivimos nuestras propias circunstancias: ellos son alumnos aplicados en todos los sentidos –cumplen los criterios de déficit y deuda pública–; nosotros, no. Ellos tienen en torno a un 8% de desempleo, nosotros, más del 20%. Correcto. Pero, justamente por eso, porque educar es invertir en el futuro, ¿no podríamos buscar fórmulas más imaginativas que la de meter un tijeretazo? Se aceptan propuestas… igual estamos a tiempo de no recular más.