Economía

La reputación de España en el mundo se deteriora, la de Alemania mejora

La crisis nos está pasando un elevadísima factura a los españoles, de la que todavía estamos lejos de saber el montante final. ¡Qué susto nos daremos el día que veamos la cifra! Hay muchos daños materiales e inmateriales acumulados. Sobre estos últimos, los intangibles, acabamos de averiguar que nuestra reputación mundial –cómo nos perciben y cómo nos valoran los demás- está cayendo en el ranking mundial. Según el último informe del Reputación Institute, que ha hecho una encuesta entre 42.000 ciudadanos de las nacionalidades más dispares para averiguar cuáles son las naciones más reputadas entre un grupo de 50, España ha retrocedido en 2011 cuatro puestos respecto a 2010, desde la posición 12 a la 16. No es de extrañar que sea así. Los países que están en el ojo del huracán de la crisis financiera, como Grecia o Irlanda, también se dan un batacazo.

El informe evalúa a las naciones en función de varios parámetros que se pueden resumir en si se posee o no una economía moderna y avanzada, si se cuenta con un entorno atractivo, y si se dispone de un gobierno eficaz. Es de pura lógica que suspendamos en algunos de estos capítulos, pues España ha pasado de ser  un modelo milagroso a emular, sobre todo en América Latina y Europa del Este, a ser un referente de economía desastrosa, en la que el paro dobla la media de los países ricos y que amenaza con arrastrar en su caída a toda la economía mundial si suspende pagos (algo que cada día es un escenario más verosímil).

Del mismo modo, tampoco es sorprendente que Alemania avance posiciones en el campo de la reputación (trepa cinco escalones, hasta el undécimo).Su economía está en ebullición, rayando el pleno empleo, tras años de reformas, sacrificios y ajustes, y es una de las que mejor está capeando la tormenta. De hecho, Alemania es la protagonista mundial, junto con Estados Unidos, de la batalla académica sobre qué política económica aplicar para salir de una vez por todas de esta pesadilla de recesión. Berlín quiere rigor y austeridad en las cuentas; Washington prefiere animar la actividad económica, aunque sea a costa de más flexibilidad en el gasto público. Tampoco sorprende que los países nórdicos y más pequeños, al margen de Canadá, el país más reputado del mundo, estén, un año sí y otro también, en el pelotón de cabeza.Canadá, Suecia, Suiza, Noruega, Dinamarca, Finlandia, Austria… ¿Saben que Suecia y Austria son de los pocos países en el mundo que ahora, en esta tesitura gris, crecen por encima del 3%?

Lo peor es que en España no nos damos cuenta de que la reputación, o más bien, la mala reputación, nos va a costar dinero. Contante y sonante. Hay una fuerte correlación entre la reputación de un país y el deseo de la gente de visitarlo, de comprar sus productos y sus servicios, de invertir en él. Los expertos dicen que cuando un país aumenta su reputación –porque su economía rueda sin sobresaltos, porque crea empleo, porque ofrece oportunidades; porque sus incentivos y su contexto jurídico, social y medioambiental son atractivos;  porque su Ejecutivo sabe lo que hace en beneficio del interés público, y lo demuestra con los hechos-, se incrementan inmediatamente las inversiones extranjeras. ¡Cuánta falta nos hacen las inversiones y la confianza internacionales! Más que agua de mayo.