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¿Compraría usted Metro de Madrid?

Se aprecia en las entradas de las bocas de Metro y en los pasillos interiores. Una nueva campaña de publicidad, bajo el lema “Más por menos” no solo destaca el precio del suburbano madrileño en comparación con otras ciudades como París, Londres, Nueva York, Estocolmo o Berlín (por supuesto, mucho más caro, aunque también sería aconsejable comparar el PIB per cápita de esos países). Una fórmula, pueden pensar los más desconfiados, de abrir al usuario los ojos ante un nuevo tarifazo como el del pasado verano (los precios se incrementaron un 50%). Una segunda versión nos habla también de los kilómetros disponibles, del número de ascensores o de escaleras mecánicas. Y yo me pregunto: ¿No será que se está preparando el terreno ante una posible privatización? (no sería la primera que tiene en mente el gobierno de Esperanza Aguirre, ni será la última). De hecho, curándose en salud, y por si llegase a pasar, hasta el Ayuntamiento de Madrid ha dejado claro en un documento que si en el futuro se privatiza, a él le correspondería el 50%, aunque haya cedido su parte a la comunidad de Madrid.

Beneficios por pérdidas. El menor número de viajeros (de 2,4 millones a 2,2 millones los días laborables), ha metido a la compañía en el andén de las pérdidas en los dos últimos años, tras haber conseguido beneficios los seis anteriores. “Si se disipasen las tormentas financieras, Metro de Madrid tiene una capilaridad en la ciudad y alrededores que lo convierten en un método de transporte eficaz y eficiente. Incluso podría salir a Bolsa”, indica José Ramón Pin, profesor del IESE. Es decir, que podría seguir los pasos de otros organismos públicos privatizados como Iberia o Telefónica, y otros en vía de hacerlo parcialmente como el madrileño Canal de Isabel II. “No hay barreras para que se privatice, pero habría que saber conjugar el servicio y la rentabilidad”, argumenta Nacho Pérez, profesor del Máster de Transporte que Esic realiza junto a la Confederación Española de Formación, Transporte y Logística (Ceftral).

Porque, supongamos, que en una determinada línea solo usasen el servicio 25 personas a las 12 de la mañana. A todas luces, una cantidad insuficiente para ser rentable. Entonces, la  empresa podría suprimirlo, y ampliar el espectro de paso de los diez hasta los 30 minutos, por ejemplo, perjudicando a esos usuarios. “Si se privatizara primaría el aspecto de la rentabilidad sobre el del servicio”, apuesta Nacho Pérez.

¿Más problemas? “Los precios tendrían que ser regulados por decisiones políticas, lo que podría crearle perturbaciones en el futuro. Sin olvidar la sindicalización del personal, por lo que cualquier empresa privada tendría que aprender a manejarse con ellos”, indica el profesor del IESE. Por el contrario, gracias a la renovación tecnológica y de instalaciones, la sociedad que lo gestionase no tendría que realizar tantas inversiones.¿Pasajeros (mejor dicho, inversores) al tren?