Economía

Ponga un extranjero en su empresa y la regará de alegría

Si hace tiempo a los españoles se nos reconocía claramente en una cola porque había un gran alboroto alrededor -es verdad que hablamos más alto que otras nacionalidades-, porque siempre había algún listillo que intenta colarse y porque aquello parecía más una onda extraña que una fila ordenada y respetuosa -como harían los ingleses-, yo diría que ahora se nos puede reconocer fácilmente por otro rasgo. Nuestro pesimismo, nuestra desilusión. La crisis está haciendo tanta mella en nuestro estado de ánimo que si alguien hubiera que dibujarnos, creo que saldríamos todos cabizbajos. No me extraña que algunos, los que pueden, intenten hacer una escapada al extranjero de vez en cuando para cargarse de energía positiva. Bueno, pues si usted es de esos, de los que no puede, le propongo otra solución: ponga un extranjero en su empresa. Pero ojo, no un griego o un portugués, que esos están peor que nosotros. Ponga un extranjero de algún país en crecimiento. Alguien de un país emergente.

Les digo que se nota la diferencia. ¡Y vaya que se nota! Nosotros, en la revista Capital, hemos recibido hace unos días a una joven periodista brasileña que estará en nuestra redacción seis meses, ayudándonos en todo lo que pueda. Es verdad que es una chica muy despierta, inquieta y hacendosa. Pero anda que no se nota también que es brasileña, un país que no solo baila al ritmo de la samba, sino vibra económicamente desde hace años. El año pasado, el PIB de Brasil creció un 3,2% (todavía son cifras estimadas) y se calcula que este año crecerá un 4,5%, seguido del 5,5% en 2013 y del 6% en 2014. Y viene de crecimientos del orden del 5% desde 2007.

Con ese transfondo económico, no me extraña que Flavia, que ese es su nombre, venga cada mañana con unas ganas rebosantes de aprender y hacer y nos reciba a todos con una amplia sonrisa. Nosotros ya percibimos su chispa, una chispa que espero que nos vaya contagiando más y más a lo largo de estos meses y, sobre todo, una chispa que no se deje apagar por el viento de pesimismo generalizado que sopla en España.