Economía

Una reforma (laboral) necesaria que llega en el peor momento

 

Aunque suene paradójico, porque uno dice lo contrario del otro, yo creo que tanto Rajoy como Rubalcaba tienen parte de razón en su apreciación sobre la reforma laboral recientemente aprobada por el Gobierno.

El primero, Rajoy, dice que es “justa y necesaria”. Lo de justa no voy a entrar a calificarlo , pero lo de necesaria, lo siento, pero Rajoy  tiene razón. En España hace mucho mucho tiempo que se necesitaba dar más flexibilidad a las empresas para negociar las condiciones laborales al margen del corsé de los convenios -los marcos generales, además de crear cruadrículas fuera de las cuales uno no se puede mover, es imposible que se adapten a las diversas necesidades de empresas- y para ajustar sus costes y poder despedir si vienen mal dadas, como llevan viniendo desde 2008. Cuando uno habla de estas cosas es importante tener presente dos realidades. Una, que el empresario, que ni es una ONG ni debe serlo, es el dueño de la empresa, el que arriesga, el que gana dinero cuando las cosas van bien, pero también el que lo pierde cuando van mal. Y si van mal mucho tiempo, no queda más remedio que reducir costes. Que a todos nos gustaría tener empresarios más éticos y responsables, que hagan un mayor esfuerzo de comprensión en tiempos de vacas flacas, no lo discuto. Pero no perdamos de vista que al final la empresa tiene que ser rentable. Y si no, póngase ustedes en la piel de un empresario, no hace falta que piensen en una gran empresa, basta con que se pongan en la cabeza de una persona que tiene un pequeño negocio y ya me dirán a qué conclusiones llegan.

Y la segunda realidad que hay que tener muy presente es que España era -y probablemente todavía sea después de esta reforma- uno de los países con mayor coste por despido: la indemnización media en Europa es de 10 a 20 días -en muchos países ni existe- y miren el caso de Portugal, han bajado de 30 a 20 días y barajan reducirlo a 12 días por año trabajado. Les recuerdo que aquí, con esta reforma, hemos bajado de 45 a 30 días. Y lo siento, pero a la hora de contratar a uno, a dos o a cinco, es lógico que un empresario tenga presente el riesgo/coste que le supone despedirlo si la situación económica-empresarial se tuerce.

Así que, hasta aquí, doy la razón a Rajoy. Es una reforma justa y necesaria aunque llega en el peor momento para España. Y es aquí, al introducir la variable temporal, donde tengo que darle la razón a Rubalcaba. No cuando dice que es injusta, innecesaria e ineficaz. Pero sí cuando dice que la reforma va a crear más despidos y, por tanto, más desempleo. Yo también lo creo. Es más, creo que generará más paro del que hubiera habido sin ella. ¿Por qué? Porque, simple y llanamente, la reforma llega en un muy mal momento. Llega cuando todavía no hemos levantado la cabeza de la primera recesión, iniciada en 2008, y nos metemos de lleno en un segundo agujero negro. No veo a muchas empresas que se vayan a plantear contratar gente cuando en el horizonte lo que se percibe no es una recuperación económica y, con ella, más consumo y más ventas. Más bien al contrario. Y sí veo a muchas empresas, pequeñas y grandes, que ante esta segunda recesión, van a tener que dar otra vuelta de tuerca a los costes para que no se disparen las pérdidas. Y veo y conozco muchos pequeños negocios que, pese a no pagar a sus empleados, seguían languideciendo sin cerrar por el elevado coste que suponían los despidos. Ahora eso es mucho más barato.

Dicho en otras palabras, que la reforma laboral en marcha era y es necesaria. Y hubiera servido para crear empleo si estuviéramos ya viendo la luz al final del túnel. Y servirá cuando llegue ese momento. Pero no ahora.

¡Ay si hubiéramos hecho estos deberes antes! Entonces nos habría ayudado ya. Pero no, los españoles, pese a tener tantos refranes sobre las ventajas hacer las cosas mejor pronto que tarde, no nos lo aplicamos. Y claro, luego, cuando ya no queda más remedio, nos quejamos.