Economía

Villar Mir y la lección del zapatero a tus zapatos

A  mediados de marzo, OHL decidió acudir a la bolsa de Londres en busca de inversores que comprasen sus bonos corporativos por valor de 300 millones. Para muchos, era una decisión voluntarista y con pocas posibilidades de tener éxito teniendo en cuenta las turbulencias en los mercados crediticios, el castigo a la deuda española y la mala imagen del sector constructor español. Pero en contra de lo que pudiera pensarse a priori, OHL cerró la colocación en menos de cinco horas, con una demanda cuatro veces superior a la oferta y un abaratamiento de 100 puntos básicos en el tipo de interés previsto.El apetito de los bonistas, bancos e inversores por OHL es elevado, como constata que en los dos últimos años la constructora haya emitido bonos en la bolsa londinense por valor de 1.400 millones, ha renovado el 100% de sus líneas de crédito –1.000 millones– y ha colocado con éxito sus filiales de concesiones tanto en la bolsa de Sao Paulo como de México.

Pero el mejor botón de muestra del espaldarazo de los mercados a la gestión de la constructora es el rally experimentado por sus acciones desde los mínimos de marzo de 2009 –un 240% de revalorización–. Y si se analiza la evolución en los últimos diez años, la compañía que preside Juan Miguel Villar Mir ha multiplicado por 6 su valor. Quien invirtiese 100 euros en OHL a principios de 2003, hoy obtendría 600 euros si vendiese sus acciones, veinte veces más que lo que obtendrían los accionistas de otras constructoras y treinta veces más que lo que ganan el resto de empresas del Ibex-35. Y todavía queda recorrido al alza, si se observa que el 75% de los analistas consultados por Bloomberg recomienden comprar sus títulos.

Viendo estos números, no es de extrañar que Juan Miguel Villar Mir estuviese ayer exultante en la junta de accionistas del grupo. Ni rastro de la migraña que sufren los responsables de sus principales rivales patrios, que durante años miraron a OHL por encima del hombro y de manera despectiva. Las tornas han cambiado y ahora el grupo exhibe una salud de hierro, mientras que algunos de sus rivales se ven obligados a desprenderse de algunas de sus joyas para aliviar la deuda y lograr liquidez. El mejor ejemplo del cambio de tornas es el desembarco en el capital de Abertis, con el 15%, en sustitución de ACS, uno de los accionistas históricos, que no ha tenido más remedio que vender su participación en el gigante de las concesiones por su elevado endeudamiento. Todo un golpe de efecto.

Villar Mir, que durante décadas ha sido profesor de gestión empresarial de muchos ingenieros de Caminos, recoge ahora los frutos de haber ido a contracorriente del sector en los años del boom. No solo plegó velas para abandonar la construcción de viviendas en 2002 y salir al extranjero en busca de obras pese a que en España las grúas brotaban como setas, sino que no se adentró en empresas eléctricas, petroleras, de energías renovables o de aeropuertos, como sí hicieron sus rivales. Tampoco se endeudó en exceso cuando la tolerancia de los bancos a la deuda era infinita, aunque eso supusiese las críticas de analistas y financieros por no pedir más crédito a precios irrisorios. Pero gracias a esa prudencia financiera y a la estrategia de Zapatero a tus Zapatos, OHL hoy disfruta de una situación de tranquilidad, con un nivel de endeudamiento bajo y el grueso de vencimientos entre 2018 y 2020. Las alforjas están llenas, lo que explica que el grupo no entre en una guerra de precios –sólo puja por contratos con una rentabilidad mínima del 15%– para adjudicarse nuevas obras o desembarcar en nuevos mercados. Solo en 2011, logró contratos por valor de 4.000 millones de euros fuera de España, incluido la construcción del primer ferrocarril bajo el estrecho del Bósforo, la línea de AVE entre Medina y La Meca, el hospital más moderno del mundo en Qatar o la ampliación de los metros de Nueva York y Toronto.

Cuando los analistas se acercan a OHL se dan cuenta de que la constructora genera ya 90% de su beneficio de explotación fuera de España –en 2002 sólo el 10% venia de fuera–; ha extendido su presencia a más de 30 países, algunos con fuerte crecimiento como Brasil, México, Estados Unidos, República Checa o Turquía; genera ingresos de forma estable gracias a una diversificación a negocios recurrentes como las autopistas y ha multiplicado por seis su beneficio en una década. Escuchando a Villar Mir en la junta de accionistas, podría vaticinarse que lo mejor está por llegar. “Estamos creciendo al 20% y todo hace pensar que seguiremos creciendo a ese ritmo. Lo más difícil está hecho”. Palabra de Villar Mir.