Economía

La(s) semana(s) de Cataluña

Texto de Irene Rivas

Muy lejos ha quedado aquella foto más que cordial del pasado 1 de febrero en la que, apenas un mes después de tomar posesión, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, recibía la mano tendida del president de la Generalitat, Artur Mas, a su política económica tras reunirse con él en Moncloa. El dirigente catalán no dudaba entonces en reconocer abiertamente su idilio con el nuevo inquilino de la Moncloa y en mostrar su respaldo al Estado de la nación como “una inversión a plazo”. CiU había asumido ya el primer ajuste del Gobierno, el que subía el IRPF, y estaba a punto de respaldar la criticada reforma laboral de Báñez, el primer decreto financiero de Guindos e incluso la estabilidad presupuestaria con la que Montoro se dotaría de instrumentos legales para atar en corto a las autonomías. Gobierno y Generalitat, CiU y PP, iban de la mano en Madrid y, también, en Barcelona, donde la abstención de los populares permitió a los nacionalistas aprobar los Presupuestos autonómicos que recogían el primer copago sanitario y la polémica tasa turística.

Ahora bien, en esa primera reunión, Mas ya advirtió a Rajoy de que los apoyos políticos nunca son gratis. También tienen sus dichosas condiciones. Aquel 1 de febrero, Mas habló de pacto fiscal, pero como un objetivo de legislatura, no a corto plazo… Sí recordó, sin embargo, que la factura de compartir el coste político de la primera tanda de recortes impopulares se la pasarían a Hacienda en los Presupuestos de 2012. La Generalitat reclamaba a Rajoy en un primer momento algo más de 200 millones de euros, parte de los comprometidos por Zapatero en cumplimiento con la disposicion adicional tercera del Estatut. Pero Montoro ya tenía claro que las cuentas no podían tener ni un agujero más. Los partidos nacionalistas son siempre las fichas de juego claves en las mayorías relativas (que se lo pregunten al PNV en la segunda legislatura Zapatero), pero tienen poco que hacer cuando las mayorías son absolutas.

Conclusión: el idilio se rompió y “la inversión” tuvo su fecha de caducidad: finales de abril. A partir de ahí, Rajoy quebró la confianza que Mas había depositado en él. No sabemos si su decepción alcanzó las cotas de desconfianza logradas por Zapatero después de que el socialista permitiera un segundo Gobierno tripartito en la Generalitat… eso es otra cuestión.
A partir de ahí, para enumerar los siguientes acontecimientos no es necesario refrescar tanto la memoria. Primero, la Generalitat, que había sido la primera en abanderar los recortes autonómicos, se puso del lado de la política de oposición al PP de los Gobiernos socialistas de Andalucía, Euskadi y Asturias. Después, no dudó en pedir un rescate de más de 5.000 millones de euros pero, sacando pecho, es decir, “sin condiciones”. Y este miércoles pasado, la celebración de la Diada marcó un antes y un después en las relaciones ya no de Gobierno y Generalitat, sino de España y Cataluña. Al menos, eso recordó este jueves en Madrid el president después de hacer suya una protesta de la que evitó ponerse al frente. (Cosas de la política, mientras el Gobierno hacía el vacío a Mas en la capital, casi simultáneamente, y al lado, en el Congreso, CiU respaldaba la tercera reforma financiera de Guindos…)

El pacto fiscal ahora parece el mal menor para un Rajoy al que le crecen los enanos con el órdago de la independencia respaldado por cientos de miles de personas en las calles de Barcelona. La doble advertencia de un referéndum y de una convocatoria de elecciones anticipadas también está encima de la mesa. La foto de Rajoy y Mas en Moncloa el próximo jueves, día 20, lo dirá todo y dejará claro hasta dónde llega el farol, si a Mas se le ha ido de las manos, y si vuelve a ser, una vez más, la semana de Cataluña.

Sorprende la actitud de CiU y más si echando la vista aún más atrás recordamos que con su abstención al plan de ajuste de Zapatero aquel fatídico mayo de 2010, los nacionalistas salvaron a España de un rescate que ahora vuelve a ser inminente. Las tornas han cambiado y todo apunta a que van a quedar muchas semanas de Cataluña… con la que está cayendo…