Economía

¿Pagaría por tener una RTVE de primera?

Pocos temas hay que susciten (casi) tantas pasiones como hablar del fútbol. Y uno de ellos es hablar de la televisión. Y es que ni el meteórico estrellato de los smartphones, tablets y compañía ha conseguido destronar todavía del salón de nuestras casas a este familiar aparato. Criticamos tal o cual programa, nos hacemos serial lovers, vemos pelis, viajamos al fin del mundo o nos metemos en las vidas de los demás sin movernos del sofá… Con ella nos entretenemos (cada vez más) y nos informamos. Por eso es comprensible el revuelo que ha levantado el patinazo del informativo nocturno de TVE al relegar, el pasado miércoles, la cobertura de la numerosa manifestación de la Diada al minuto veinte del noticiero. ¿Mala praxis? ¿Error? ¿Manipulación? Seguro que más de uno se ha acordado de aquel triste episodio del ‘cece oo’ que protagonizó Alfredo Urdaci cuando era director de los servicios informativos de TVE con el Gobierno de Aznar [con condena judicial incluida].

La realidad es que la radiotelevisión pública no pasa por sus mejores horas. Primero vino el tijeretazo por la crisis y la subvención pública a la Corporación RTVE se recortó en 204,85 millones de euros. Luego, la pérdida del liderazgo. En julio, Tele 5 arrebató a La 1 el podio después de tres años de liderazgo indiscutible. Y al calor del verano, se produjeron el baile de cargos y la caída (destitución) de algunas de las estrellas mediáticas de la casa. No sé ustedes, pero una siente que la tele pública está, tristemente, enfangada en la batalla política que padecemos –no olviden que el Tribunal Constitucional ha admitido a trámite el recurso presentado por el PSOE contra el decreto-ley del PP por el que se cambia el sistema de elección del presidente de RTVE–.

Una vez más Spain is different. Si miramos a la Biblia del sector, la BBC, las  diferencias son palpables. La mayor radiotelevisión pública del mundo es ajena a los vaivenes del inquilino en Downing Street –por cierto, acaba de estrena nuevo director general, George Entwistle–, es uno de los medios más reputados dentro y fuera del país, exporta exitosas producciones televisivas y tiene una de las websites más visitadas del mundo –43 millones de visitantes únicos ¡semanales! frente a los once millones mensuales de rtve.es–. Como el resto de empresas y negocios de hoy, la BBC también está inmersa en un proceso de transformación, mejora de la eficiencia y búsqueda de ahorros (recortes), pero sigue siendo una fuente de generar dinero –398 millones de libras de superávit en el ejercicio 2011/12 terminado el pasado julio–. No es que sea perfecta –en mayo, uno de sus informativos confundió el logo de la ONU con el del United Nations Space Command del videojuego Halo de Microsoft­–, pero casi, casi.

Y, nos guste o no, la calidad tiene un precio, incluso en tiempos de crisis. Los ingleses, orgullosos de su televisión pública, tienen asimilado el pago de un canon anual para sostenerla: cada hogar con un aparato de TV paga 145,5 libras al año –180 euros–, una cifra que se mantendrá congelada hasta 2016 y de la que están exentas las personas mayores de 75 años. El canon aporta el 71% de los 5.086 millones de libras de ingresos que maneja la BBC, a cambio, ésta se compromete a gastar de manera eficiente los recursos. Para algunos es una fórmula costosa de gestionar y siempre  hay una tasa de evasores en el pago;  para otros, una garantía de independencia y una forma de no detraer más  recursos de los menguantes presupuestos públicos. Hablamos de 15 euros al mes por tener una tele y una radio públicas serias, plurales, sólidas e innovadoras. ¿Estaríamos los españoles dispuestos a pagar? ¿Cuánto?

Comparativa del canon televisivo por países.

PD: Puestos a aprender, también podemos tomar nota de la política de transparencia. Si tienen tiempo y, sobre todo, ganas, echen un vistazo a la memoria anual. Es un lujo de detalles, desde las remuneraciones de sus directivos hasta todo tipo de partidas de gasto y objetivos.