Economía

Recortar o no recortar las pensiones, ésta es la urgente cuestión

El tabú de las pensiones va a dejar de serlo. Y ello por cinco verdades. La primera es que las cuentas públicas no cuadran por más que el Gobierno dé tijeretazos (conseguir el objetivo de déficit del 6,3% a finales de año se está poniendo muy cuesta arriba, pese a la subida del IVA y otras medidas fiscales supuestamente recaudatorias). La segunda evidencia es que cada vez quedan menos áreas relevantes a las que pasar el bisturí (de los sueldos de los funcionarios hasta la sanidad o la educación, ya se han tocado muchos palos; aunque la montaña de funcionarios sigue siendo la misma en términos cuantitativos). La tercera es que si, al final, pedimos el rescate, blando, semiblando o sea cual sea el eufemismo preferido, nos impondrán unas condiciones que serán más severas que las que conlleva el pliego de obligaciones del paquete de ayuda bancaria. La cuarta verdad como un templo es que ya hemos empezado a utilizar las reservas para pagar a los pensionistas y que, visto el patrón de envejecimiento demográfico, el estancamiento económico y la sangría de cotizantes (unos 600.000 menos en lo que va de año), la factura global del retiro va a seguir engordando en los próximos ejercicios. El propio presidente reconoció ayer que es la partida presupuestaria que más crece junto con los intereses de la deuda. La quinta verdad es que el valor semántico de un NO de Rajoy es muy relativo, algo habitual en boca de cualquier político, y más si pertenece a esta casta que lleva las riendas de nuestro destino (dijo, por ejemplo, que no subiría el IVA y aquí estamos cargando con este pesado fardo).
Si agitamos este cóctel de verdades, la conclusión más evidente es que los que deberían ponerse a temblar son los pensionistas. Por mucho que Rajoy insista en que “en este momento” no piensa en recortarlas o que “sería la última partida presupuestaria que tocaría”. Ayer dijo que el jubilado es “la persona más indefensa” y que evitará hacerlo. Las pensiones representan unos 120.000 millones de euros, cerca de la cuarta parte del gasto público y un 10% de la riqueza nacional. ¿Habría que recortarlas? Pues no lo sé. Tal vez sí. Lo que sí está claro es que en Portugal y Grecia el adelgazamiento de las prestaciones por jubilación ha sido una obligación asociada al plan de rescate. Y en Irlanda ya han empezado a menguar. Ciertamente, en España no tenemos pensiones a la alemana o a la sueca. Nadie se hace de oro siendo pensionista. La prestación media española ronda los 950 euros, siendo la máxima de unos 2.500 euros mensuales. Posiblemente, las posibles ‘víctimas’ sean aquellos que superan con creces los mil euros. Una pequeña rebaja tendrá un impacto inmediato. Una solución intermedia, que impediría que los mayores también se echen a la calle, sería congelarlas. Esta congelación supondría un ahorro de unos 4.000 millones, visto el rumbo que está tomando la inflación. ¿Será suficiente? Lo sabremos, probablemente, después de las próximas citas electorales de octubre.