Economía

¿Podremos volver a fiarnos de los políticos?

Ayer se presentó en Madrid El nuevo directivo público. Claves de liderazgo para la gestión pública. Este libro estudia en profundidad el modo de profesionalizar la actividad de los políticos y directivos públicos, buscando las similitudes con los gestores del sector privado. El autor es Antonio Núñez, que ha dedicado años a investigar los principales sistemas de gestión pública. Se ha formado en Harvard, ha desarrollado en el IESE un programa de liderazgo de gestión pública por el que han pasado cientos de cargos y en la actualidad es director de Políticas Sociales, un departamento que depende del Gabinete de la Presidencia del Gobierno. El libro es el resultado de su tesis. En este enlace puede encontrar más información, si le interesa.

Teniendo en cuenta la pésima imagen de los políticos en España (repase aquí el último informe del CIS), es evidente que la idea de este libro suena bien. Que los políticos aprendan a gestionar sus recursos, a evaluar las consecuencias de sus decisiones o a prepararse para saber dirigir, en lugar de hacerlo a base de intuición o repetición de errores, deben ser tareas tan importantes para un político o directivo público como para el ejecutivo de una empresa, y eso es lo que se refleja en esta publicación. Por eso Jorge Moragas, director del Gabinete de Presidencia y mano derecha de Mariano Rajoy, no dudó en decir al presentar a Antonio Núñez que este libro marcará un antes y un después en la gestión pública.

Hablando del antes, Moragas reconoció que “todos hemos cometido algún error” dejando crecer la Administración, y en esa línea va la reforma de la Administración Pública, que “nuestro país necesita”, y con la que se pretende “reducir duplicidades y servir al ciudadano de forma más eficaz”.

La presencia de Moragas aportó una visión desde dentro de este Gobierno, que en breve cumplirá un año. El director del Gabinete dijo que sabían la situación que se iban encontrar, pero, “donde debía haber pedruscos, nos hemos encontrado rocas. Aún así, no hemos detenido nuestra ilusión por cambiar el rumbo. Es un privilegio hacer las reformas que España necesita con grandes profesionales”. En línea con el contenido del libro, Moragas señaló que el actual directivo público es “el directivo público de las reformas. Es lo que nos ha tocado vivir”. Este directivo público, explicó, ha de practicar la perseverancia y la paciencia en las reformas, frente a la ansiedad de la sociedad porque la situación económica mejore. Moragas señaló la ansiedad como “la enfermedad de nuestro tiempo”, que la sociedad espera mucho y va a recibir poco y que la felicidad inmediata, que antes se relacionaba con el síndrome del nuevo rico, consecuencia de la bonanza económica de épocas pasadas, va a dar paso a un nuevo reajuste de valores que él considera positivo.

Moragas confía en que, “en poco tiempo, las rocas que nos encontramos serán removidas por el espíritu de los españoles. Lo más humano es luchar”.

Las palabras de Moragas enlazan perfectamente con la profesionalización de los políticos de la que habla Núñez, y que tanta falta nos hace en España. El problema es que hemos llegado a un punto en el que a muchos les cuesta creer lo que dice un político. Por ejemplo, a las personas que llevan varios días acampando en la plaza del Celenque, en Madrid, en protesta por la amenaza de desahucio de cincuenta familias debido al impago de sus hipotecas (en este enlace puede ver una noticia).

Casualmente, volviendo en el metro tras salir del acto, vi en varias zonas de la línea en la que viajaba pequeños papeles animando a solidarizarse con las familias en la plaza del Celenque. Y he de reconocer que lo primero que se me vino a la cabeza es si Moragas conoce la existencia de este tipo de sucesos -donde digo Moragas, se podría decir Alfredo Pérez Rubalcaba, Cayo Lara, Rosa Díez o quien ustedes quieran-. Porque la profesionalización de los políticos está muy bien. Pero cuando las encuestas reflejan la lejanía entre los políticos y los ciudadanos, no les quepa la menor duda de que se refieren a cuestiones como esta.

Hace un tiempo me contaron una anécdota de un catedrático de universidad que vio a unos mendigos debajo de un puente, un día de invierno. Llegó a su casa y le dio tanto cargo de conciencia que cogió unas mantas, las llevó a los mendigos y pasó la noche con ellos para hacerles compañía. La anécdota es tan excepcional que parece increíble. Pero es real. Y refleja la coherencia del personaje. Quizá esa coherencia es la que la sociedad echa en falta en los políticos, aunque obviamente no se puede generalizar. De hecho, Moragas habló varias veces en su intervención sobre la importancia de que los políticos tengan valores y sentido de servicio a los ciudadanos. Desde luego, si conseguimos una clase política con valores y profesionalidad, el cóctel será perfecto. Pero bueno, al menos de momento, si avanzamos con la profesionalidad, no cabe duda de que habremos dado un buen paso para volver a creer en los políticos.