Economía

El 'smartphone' revoluciona las empresas

Algo tan sencillo como un iPad con conexión a Internet ha tenido un impacto radical en el trabajo diario de medio millar de comerciales que la multinacional catalana Colomer tiene en una veintena de países. Desde principios de año, ya no tienen que recorrer diariamente decenas de peluquerías y salones de belleza con un pesado maletín repleto de catálogos de champús, tintes, mascarilla… En la tableta de Apple guardan toda la información de sus productos, con fotos y vídeos que pueden mostrar de manera más dinámica, y barata, a los peluqueros. Tampoco tienen que imprimir la ficha de cada cliente al que visitan, porque con el iPad acceden a la información personal de cada uno, a la evolución de sus negocios, a su historial de pedidos, a los encargos pendientes de entrega o al listado de impagos. Pero lo que, sin duda, más agradecen sus sacrificados comerciales es no tener que regresar a la oficina tras su periplo de visitas y sentarse una hora delante del ordenador, como antaño, para procesar todos los encargos que han ido apuntando durante la jornada en una hoja de papel. En el mismo establecimiento, mientras conversan con el peluquero, se dejan tramitados los pedidos con un solo click en la pantalla. “Se trata de una herramienta excelente que nos permite tener una visión 360 grados del cliente, aumentar la eficacia de las visitas, abaratar costes y optimizar la jornada laboral de nuestros comerciales”, reconoce Miguel Ángel Tirado, responsable de ventas de Colomer.
Son tales las ventajas que el ejecutivo de la firma catalana, que factura casi 200 millones de euros, está convencido de que las tabletas, teléfonos inteligentes y otros dispositivos móviles con conexión a Internet acabarán formando parte indispensable de la operativa diaria no solo de sus rivales sino de todo tipo de compañías. Ismael Sancha, socio de Accenture, que ha trabajado en el diseño de la nueva herramienta móvil de Colomer, comparte esta visión: “Estamos siendo testigos de una revolución imparable, la de la mobility, que va a transformar la manera que las empresas tienen de trabajar, de hacer negocios y de relacionarse con sus empleados, clientes, administraciones y otras empresas. Se va a producir un cambio de paradigma”. Un botón de muestra: ¿Se imagina no tener que ir a la oficina todos los días? Será posible, ya que podrá crear, ver y modificar documentos de word, excel o powerpoint en el teléfono o acceder de forma sencilla a toda su información desde casa, desde el aeropuerto, desde una cafetería o desde el chiringuito de la playa. Por ejemplo, los tiempos de desplazamientos o los viajes, que antes se consideraban tiempo perdido, ahora se pueden aprovechar para trabajar.

Para Ismael Sancho, el motor de esta tendencia imparable son las tabletas pero, sobre todo, los smartphones, con acceso a Internet, que tienen una capacidad similar a la de cualquier ordenador personal y cuya demanda crece de forma exponencial. Hoy hay unos 500 millones de móviles inteligentes en el mundo, pero en cuatro años, según las previsiones más fiables, escalarán hasta los 4.000 millones. Increíble (¡en el planeta somos unos 7.000 millones de personas!). España es uno de los países donde más fuerte está pegando esta moda. Dos de cada tres españoles ya tiene un teléfono smart, cifra que nos sitúa en el segundo puesto del ránking global, según Google. Además, a partir del año que viene se espera que las personas pasemos más tiempo navegando por el celular que por el tradicional PC.
Pero la smartphonemania no es el único catalizador del cambio. Según José Luis Cuerda, director de marketing del segmento de empresas de Vodafone, “por primera vez tenemos un ecosistema potente con todas las piezas necesarias para que se fomente la demanda: se ha construido una extensa y moderna red de banda ancha, que permite operar con gran rapidez en el ciberespacio; se han abaratado drásticamente los precios de los terminales y de las tarifas de datos y se ha multiplicado la oferta de aplicaciones y servicios para el móvil”. En su opinión, la principal barrera que queda por superar es la psicológica, que frena a los profesionales y directivos a la hora de integrar plenamente esta nueva tecnología en sus negocios.
Se abre un universo de posibilidades. Todo, absolutamente todo, se va a poder hacer desde el móvil en un período no muy lejano de tiempo. Además de hablar, escuchar música, hacer fotos, revisar los mensajes de WhatsApp, consultar los resultados de tu equipo o ver qué hacen tus contactos en las redes sociales, en el futuro próximo los usuarios podrán contratar una hipoteca o llenar el cesto de la compra mientras viajamos en el metro. Con el móvil inteligente también podrán facturar el equipaje en el aeropuerto, pagar la carrera del taxi, obtener cupones de descuento cuando entré en su tienda favorita, saber la crítica de los vinos que hay en el lineal o acceder al cine usando el terminal como entrada. Cuando vaya en el coche, recibirán información en tiempo real sobre incidencias en carretera, rutas alternativas para evitar atascos o comparativa de precios de las gasolineras más próximas. Y en pocos años dejarán de ver a hombres uniformados de la compañía de electricidad o de agua midiendo los contadores de casa. Sabrán en cada momento y de forma remota cuánta luz o agua consume su hogar. Y firmas como Mango o Zara conocerán, mediante geolocalización, que te ubicas cerca de una de sus tiendas y te enviarán un cupón de descuento que podrás canjear mostrándolo en la pantalla.

El banco en la mano. Mostrar el descuento en el móvil es una buena opción, pero, ¿por qué no pagar directamente con él? “La gran promesa del pago por móvil tiene que explotar”, vaticina Ismael Sancha. Como él, la mayoría de expertos tienen claro que el dinero del futuro será de todo menos verde y de papel. Tampoco de plástico. La consultora Gartner predice que en 2016 más de 450 millones de personas utilizarán el teléfono como tarjeta de crédito, con un volumen de pagos estimado en 617.000 millones de dólares. En Japón es el medio de pago común en transporte público y máquinas de vending. Por el contrario, en España, limita su aplicación a algún proyecto piloto. En la localidad de Sitges, por ejemplo, la Caixa, Telefónica y Samsung han puesto en marcha una iniciativa con 1.500 usuarios y 500 comercios adheridos. Para realizar una compra, el cliente tan sólo tiene que aproximar el móvil al TPV después de que el comerciante haya introducido el importe. Por su parte, el Banco Sabadell está desarrollando una aplicación para poder cobrar cheques a través del teléfono. Pero el móvil no es un medio de pago, es el banco en sí. Desde la palma de la mano ya podemos realizar desde transferencias a compra de acciones o compra de viviendas. Y la variedad de servicios bancarios accesibles desde el móvil crece exponencialmente cada año. La revolución de la mobility es imparable.