Opinion

La filosofía del Athletic

Nunca he podido conciliar el sueño la noche de un día de liga sin saber el resultado del Athletic. Nadie podrá extrañarse de semejante fidelidad pues ya la tienen en cuenta hasta en las películas como aquella argentina, El Secreto de sus Ojos, dirigida por Campanella y con Ricardo Darín como un agente de policía retirado que es capaz de atrapar al asesino de un viejo caso no resuelto en su día, justamente porque nadie deja de ser fiel a su equipo aunque haya dejado de ser fiel a otras muchas cosas o personas. Yo me di de baja como socio de mi equipo del alma en la primera ruptura de mi vida cuando decidí, sin saber lo que hacía, que quería ser un intelectual. Me equivoqué porque la añoranza ha sido desde entonces cada día mayor y porque se puede ser un intelectual y cualquier otra cosa sin traicionar tus más profundos amores. Pero si yo me equivoqué o no, no es la cuestión. Lo interesante de mi decisión juvenil es que revela algo que tiene trastienda debido a que, por mucho que trates de disimular en todo tu proceder en la vida, la “filosofía” de tu equipo, en expresión de su presidente actual, acaba condicionando tu proceder en la vida. Y mi equipo mantiene una determinada filosofía al menos desde hace 110 años tal como se ha puesto de manifiesto en el caso de Fernando Llorente. Campeón del mundo con la selección española, este jugador quería aceptar una oferta económicamente jugosa de un equipo extranjero aprovechando el llamado mercado de invierno. Para ello habría sido necesario que ese equipo pagara la clausula de rescisión al Athletic con quien Llorente tenía contrato hasta el final de la presente temporada. Ni que decir tiene que aceptar una rebaja en el pago por la rescisión hubiera sido un buen negocio para este club centenario dado que el jugador ya estaba decidido a largarse.

Pero ese negocio no tiene sentido, pensábamos algunos, cuando el dinero resultante no puede utilizarse para compra otro jugador caro. ¿Que por qué no puede utilizarse así el dinero de la venta de Llorente? Pues muy sencillo, porque la filosofía del club continúa siendo la de contar solo con jugadores de la tierra y contar con ellos sale a un precio relativamente asequible.

No estamos locos ni desfasados. No estamos locos porque es mucho más divertido competir en cualquier deporte con tus propios medios sin echar mano de apoyos oportunistas pues solo así estarás seguro de haber ganado tu así como de simplemente haber ganado sin otras connotaciones difíciles de desentrañar pero que tienen que ver con el mayor flujo de dinero a fin de contar con jugadores todavía más caros que consigan un mayor flujo que… genere más dinero y… nada más. Y no estamos desfasados sino todo lo contrario: somos unos visionarios. En un futuro próximo el deporte, y no solo el deporte, recuperará un cierto espíritu consistente ni más ni menos que en competir duramente entre amigos y hacerlo por un deseo irrefrenable de ganar cueste lo que cueste en esfuerzo físico aunque siempre manteniendo a salvo conservar la amistad. ¿Qué emoción tiene ganar a un equipo de una ciudad desconocida de un país lejano? La globalización no puede esgrimirse contra esta duda filosófica porque, que se tarde menos en llegar de nuestra ciudad a esa otra, no significa que sus habitantes estén más cerca o sean amigos y, por lo tanto, la emoción de ganar puede no ser tan grande por rico que sea ese otro equipo.

¿Y si esta fuera la filosofía que realmente subyace a la competencia en general y no solo a la deportiva? Creo que si ese fuera el caso entenderíamos mejor lo que se necesita para regular la competencia mediante una agencia independiente. No se trataría tanto de evitar la colusión entre amiguetes para explotar al consumidor. De hecho, no haría falta pues se trataría más bien de dejar asombrado a tu amigo por tu capacidad de innovar y de ganar mercado precisamente porque es tu amigo y sabes que él estará tratando de hacer lo mismo en un juego eterno que os une cada vez más.