Economía

Precarios de por vida

Ministerios que tiran de becarios en prácticas no remuneradas;  ingenieros tirando cañas tras la barra de un bar; sueldos míseros por jornadas maratonianas; salarios en negro; falsos autónomos que están en plantilla como un asalariado más, trabajos temporales encadenados; contratos parciales sobre el papel que se convierten en jorndas completas en la vida real… Son algunas  de las penurias que abundan en el desolador panorama laboral. Dicho así, es para que el alma se le caiga a uno a los pies, auque contado como se dice en éste vídeo casero, la realidad es, sin duda, algo más llevadera. Ya sabe, el humor es un arma poderosa.

La precariedad laboral no es un fenómeno nuevo. La novedad es que empieza a ser un fenómeno al alza, espoleado por una crisis que ha pulverizado todos los récords de desempleo. “El dramatismo que viven algunas personas es tal que muchos aceptan situaciones laborales injustas o salarios bajísimos”, corrobora Raymond Torres, director del Instituto Internacional de Estudios Laborales de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Basta con rastrear por Internet para ver algunas de las maravillas laborales que se ofrecen: programadores senior de Java con una experiencia mínima de dos o tres años por un sueldo de 19.000 euros brutos al año –un 21% por debajo de lo que se estima para esa categoría–; economista licenciado, con formación postgrado o máster financiero y experiencia mínima de dos años para ganar… ¡poco más de 1.000 al mes! Incluso hay ofertas para universitarios que rozan el salario mínimo interprofesional –641 euros mensuales–. Sin duda, la crisis ha provocado en países europeos, incluida España, una devaluación salarial en toda regla.

Si tradicionalmente han sido los países en vías de desarrollo los que más empleo informal tenían –en India, por ejemplo, el 85% de los trabajadores no tiene contrato–, “ahora la precariedad está creciendo en los países desarrollados”, añade Torres. Y no hay que irse muy lejos para comprobarlo. España no solo ostenta la mayor tasa de desempleo de la Unión Europea, sino también la segunda más alta en temporalidad –un 25,4%, superada solo por Polonia–, y eso pese a que gran parte del paro se ha cebado primero con este colectivo.

Mientras que entre 2008 y 2010 se destruyeron en toda Europa 6,2 millones de empleos a jornada completa, la contratación a tiempo parcial se disparó en 1,1 millones de nuevos trabajadores. Y aquí, la campeona por goleada es Alemania, país que mantiene la mayor tasa de toda la UE en este tipo de contratos –un 26,4%–. ¿A qué es debido? A un fenómeno autóctono: los mini-jobs, esos empleos de 15 horas a la semana y máximo 400 euros al mes, que han arrasado entre los teutones –hay casi siete millones de trabajadores en esta modalidad–.

Pero ¡ojo!, la crisis no es la única culpable. Algunos estudios evidencian que en nuestra desarrollada Europa esta tendencia ya venía fraguándose de lejos. “El empleo precario ha crecido durante la dos últimas décadas en casi todos los países de la UE. Y aunque en la teoría, el empleo estándar [a tiempo completo] continúa siendo la fórmula predominante, en la práctica se ha ido erosionando por un debilitamiento de las legislaciones laborales y por el aumento del desempleo”, señalan los autores del proyecto Esope, una investigación realizada entre 2001 y 2003 para conocer mejor el fenómeno del empleo precario en Europa y su relación con la inseguridad social y económica. Ya entonces, este estudio perfiló algunas llamativas cifras: un cuarto de los empleos de la Unión Europea eran de “baja calidad o precarios”.
precarios_grafico_frustracion¿Los más afectados? Jóvenes, mujeres y trabajadores con escasa cualificación. En Alemania, por ejemplo, dos de cada cinco trabajadoras lo son a tiempo parcial. Y aunque el término precario se presenta en múltiples formas, nadie cuestiona que a mayor precariedad, los sueldos son más bajos, lo que se traduce en una merma de las arcas públicas vía cotizaciones e impuestos. “Y la protección social del trabajador tiende a reducirse fruto de las lagunas en la cotización que genera la inestabilidad contractual”, denuncia Cristina Bermejo, secretaria Confederal de la Juventud de CCOO. Basta ver que del millón de parados con menos de 30 años que hay en España, solo el 15% recibe prestación del paro. El resto no ha cotizado lo suficiente para ganarse este derecho –el 47% jóvenes tiene contratos temporales y una gran parte, de menos de seis meses de duración–.

¿UNA PUERTA DE ENTRADA? Cuando acceder al mercado laboral es cada vez más una odisea, roles como el del becario se han acabado aceptando como un paso sine qua non para poner el primer pie dentro. “Cuando en 2007 fui becario me di cuenta de que el trabajo gratuito se había convertido en un requerimiento virtual para entrar en muchas empresas”, denuncia Ross Perlin, un escritor norteamericano que saltó a la fama el pasado año por su libro Una nación de becarios. Desde entonces, Perlin se ha erigido en una de las voces más críticas contra el abuso de esta figura por parte de las empresas y las propias universidades, a las que ha acusado de recurrir a las becas como fórmula más barata de ofrecer créditos académicos en lugar de invertir en profesores y clases. “En Estados Unidos hay toda una industria en torno a los becarios. Incluso algunos tienen que pagar para obtener los créditos [académicos] exigidos por las empresas y trabajar gratis”, asegura. precarios_grafioc_salto_fijo

No solo es que sea injusto trabajar gratis. “Hay muy pocos casos en los que es ético y legal no pagar a un becario, al menos, el salario mínimo, pero la ley a penas se cumple”, asevera Perlin. Sino que también es injusto para quien no puede permitirse el lujo de hacerlo. “Se supone que durante el máster haces prácticas, pero la mayoría no están remuneradas y los másters son muy caros. ¡No todo el mundo tiene una familia solvente que pueda ayudarte!”, corrobora Ester Artells, una de las portavoces de la Federación de Jóvenes Investigadores Precarios, una organización que nació hace diez años para lograr el reconocimiento de los doctorados investigadores. Afincada hoy en Francia, Artelss sabe de lo que habla: durante la tesis tuvo que trabajar de teleoperadora para pagarse el alquiler “porque, terminada la beca, con el paro no llegaba”.

Pero con el estallido de la crisis esa puerta de entrada ya no ayuda a quedarse después en la empresa. “No conduce a ningún sitio y solo sirve para encadenar situaciones de precariedad”, reflexiona Raymond Torres. Si a la beca se le presupone un carácter formativo –supervisado por un tutor y ligado a un convenio educativo–, lo habitual es encontrarse con becarios “trabajando cuarenta horas a la semana, sin tutor ni plan formativo, con una escasa remuneración y desempeñando todo tipo de funciones”, denuncian desde CCOO. Para este sindicato, una prueba de que esto no es ciencia ficción es que los contratos de prácticas o aprendizaje –¡ojo!, no confundirlos con las becas– representan solo un 3% de la contratación, por lo que “deducimos que las empresas están recurriendo a otras figuras”, añade Bermejo.

Lo que en realidad ha pasado es que se han sustituido empleos fijos por otros precarios. “El error ha sido multiplicar los tipos de contratos sin tener en cuenta que se ha creado una gran rotación involuntaria que nada tiene que ver con la necesaria movilidad geográfica o con ganar experiencia”, reflexiona este experto de la OIT. Siempre habrá becarios, empleos temporales, a media jornada… Pero el reto es romper ese círculo vicioso que lleva a que la precariedad acabe, definitivamente, instalada en nuestras vidas.