Economía

Educación integrada o segregada, ¿qué queremos?

Desde hace ya bastantes años la Economía como ciencia social no se entiende como el estudio del funcionamiento del sistema económico en su conjunto. Lo que ahora hace rebosar las publicaciones de mayor impacto de la profesión y conforma un buen curriculum investigador son, más bien, exámenes minuciosos, apoyados en la microeconometría, de datos surgidos del examen de mercados específicos o , mejor dicho, de subsistemas como la salud, la educación, las relaciones laborales, las pensiones o la organización industrial junto a la geografía económica, el desarrollo económico o la economía institucional . Entre estas especialidades tiene hoy un interés especial la Economía de la Educación pues se prepara una ley con distintas novedades. Una de éstas, especialmente controvertida, es la de la posibilidad de segregar el alumnado sea por capacidad intelectual sea por género. En ambos casos contamos con estudios serios que parecen favorecer dicha segregación por una u otra razón.

En el caso del género un análisis de un caso italiano aparecido hace poco en VOXEU parece indicar que una posible explicación del wage gap, o brecha salarial, entre hombres y mujeres en el mundo laboral podría deberse a la educación secundaria integrada que hasta hace poco nos parecía un adelanto social indudable. Veamos, parece ser que en el caso de que en esta educación integrada la ratio entre hombres y mujeres esté sesgada hacia el género femenino, la proporción de estas chicas que deciden entrar en grados universitarios de científicos o tecnológicos es mucho mayor que la misma proporción cuando la coeducación está sesgada hacia el género masculino. En este último caso el estudio italiano muestra que la mayoría de las chicas deciden apuntarse a un grado universitario de letras o de ciencias sociales. Como los salarios son sistemáticamente más altos en el mundo tecnológico el hecho estadístico relatado estaría en la base de wage gap. Si a esto añadimos que las notas, tanto de chicas como de chicos, parecen ser más altas en colegios no integrados parecería que la carga de la prueba en caso de que quisiéramos defender la integración de la educación preuniversitaria recaería sobre las espaldas de aquellos de nosotros que, aunque no sabemos muy bien por qué, preferimos la integración a la segregación ya sea por género o por talento. ¿Por qué querríamos defender la integración? ¿Cómo lo haríamos?

Primero, a mí como a muchos se nos antoja que la educación no segregada ni por género ni por talento constituye una forma de igualación social que no podemos desechar sin más aunque solo fuera porque ha sido fruto de un gran esfuerzo colectivo. Pero entonces ¿cómo explicamos el wage gap entre géneros? No puede explicarse por la capacidad intelectual o el interés pues en general las chicas son más aplicadas que los chicos a juzgar por las calificaciones. Pero eso, sin embargo, no nos lleva a admitir automáticamente el argumento explicado más arriba. Segundo, ¿en qué podríamos basarnos entonces? La elección de un grado universitario u otro podría estar determinada por otro tipo de razones. Podría tratarse, por ejemplo, de una manifestación animal del cortejo según la cual las hembras actúan de manera más pasiva. Si esta fuera nuestra argumentación estaríamos entrando en el apoyo de la modificación de hábitos por muy naturales que éstos nos hayan parecido hasta ahora. Un terreno sin duda peligroso y que, por lo tanto, no puede abordarse sin contar con experimentos naturales o de laboratorio que vayan cercando el conjunto de posibles factores que apoyan o dejan de apoyar la segregación escolar.

Esta discusión no pretende ser sino un ejemplo que pone de manifiesto que le Economía cada vez se parece más a las ciencias experimentales que, en general, persiguen tareas menos universales, excelsas y totalizadoras y se acercan cada vez más a estudiar datos experimentales que permitan iluminar los debates sociales de cada momento sin caer en apriorismos.