Economía

¿Por qué solo funciona el fútbol?

La izquierda conserva el Rectorado de la Universidad Complutense”. ”La derecha recupera el Real Madrid”. Nadie se asombra por el primer titular –de hecho apareció en un diario– pero todo el mundo pensaría que el segundo es una inocentada: el Madrid o el Barça tienen poco, o nada, que ver con la política.

En términos generales, pienso que en España el fútbol es la única actividad social relevante, en el que la política –ayuntamientos, parlamentos, partidos, sindicatos— no se come una rosca.

Es verdad que, en cuanto pueden, los políticos pillan palco, pero se presentan allí para chupar cámara y como simples aficionados, no como líderes que proceden a inaugurar la biblioteca construida gracias a que se ha dedicado a ese fin parte del dinero extraído del bolsillo del contribuyente.

Esa es la diferencia entre el fútbol y la universidad: mientras que el primero se espabila por su cuenta, la segunda está sometida a vaivenes ideológicos y políticos. El resultado ya se sabe, mientras que los dos equipos punteros en España son también punteros en el mundo, la segunda navega por las rutinarias aguas de la mediocridad.

Alguno de los centros universitarios fundados por españoles –Salamanca, Alcalá, Mexico—figuran entre los más antiguos del mundo, pero ninguno aparece entre las cien mejores universidades del planeta.

Según las más recientes investigaciones del CIS, los españoles cada vez están más cabreados/ decepcionados por los políticos: el que no es corrupto es incompetente y el de más allá, mentiroso.

Los partidos son necesarios en una democracia, pero los españoles deben cambiar. Las funestas listas cerradas obligan a elegir entre unos apparatchick, desconocidos por el electorado, cuyo mayor mérito político es el de moverse bien por los pasillos de la secretaría general de su partido, y cuyo objetivo no es servir al electorado, sino a quien realmente le debe el escaño, la secretaría de organización.

Otra reforma tan necesaria como la de las listas cerradas es la de limitar el área de actuación de los partidos. En cualquier sector que miras te encuentras la longa manu de los partidos: el Consejo General del Poder Judicial, la CNMV, las empresas de propiedad estatal, los medios de comunicación… Aquellas instituciones que por definición deberían ser independientes del poder ejecutivo son aherrojadas por el partido en el poder o por los de la oposición.

Y las instituciones así manoseadas ni funcionan, ni pueden funcionar bien. El ejemplo más reciente es el del Banco de España y el tratamiento de la crisis de las cajas de ahorros: la condición de militante del PSOE sin duda provocó que el gobernador Miguel Ángel Fernández Ordoñez tuviera reacciones tardías ante problemas como el de la Caja Castilla La Mancha, también gobernada por militantes del PSOE.

No es exagerado afirmar que la devastadora crisis de las cajas de ahorros se ha debido en parte muy principal a que los partidos hacían y deshacían en las decisiones estratégicas y cotidianas de las mismas: los partidos políticos son necesarios, pero deben mantener sus manos fuera de aquellas actividades que no sean estrictamente políticas.

Resulta del todo necesario que los partidos políticos mantengan sus manos apartadas de las instituciones: mientras que cada miembro del Tribunal Constitucional pueda ser definido como del PSOE o del PP, en España solo funcionará el fútbol, en el que jugadores y entrenadores son juzgados por sus capacidades profesionales y no por su ideología política.