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Ante el fisco, no todas las empresas son iguales

Imagínese el siguiente ejercicio teórico. La empresa A factura 4,2 millones de euros y da empleo a once personas. El año pasado ganó 152.000 euros. La empresa B, un titán de los negocios con miles de empleados en todo el mundo, obtuvo más de 2.000 millones de euros de beneficio en el mismo período. A la hora de pasar por la caja de Hacienda, ¿quién pagará más por el Impuesto de Sociedades? La grande, pensarán. Y así es… en el importe total. Pero si la pregunta fuera cuál de las dos tiene una mayor carga fiscal real, ¿valdría la misma respuesta? Curiosamente, no. El tipo efectivo de la empresa A, una pyme cualquiera de este país, ronda el 25%; el de la empresa B, una  entidad de crédito, es del 16%, ¡nueve puntos porcentuales menos! Y esto calculado sobre la base imponible –o beneficio fiscal–, porque si en realidad se midiese la carga efectiva sobre el resultado contable, ésta sería más baja todavía, ¡del 12%!  

impuestos_grafico_tipos_realesVisto así, ¿quién paga los impuestos en este país? El catedrático de Hacienda Pública de la Universidad del País Vasco (UPV), Ignacio Zubiri, contesta con sorna a esta cuestión: “Aquí paga quien no puede defraudar”. Dicho esto, una realidad que parece estar a la orden del día, este experto hace un primer análisis general: “De los cerca de 450.000 declarantes del Impuesto de Sociedades [con cuota líquida positiva], el 2,5% de las empresas aporta el 70% de la recaudación. Es decir, las grandes. Lo que no quiere decir que paguen lo que deben”. Y aquí empieza el meollo de la cuestión.

impuestos_grafico_sector_financieroDesde Gestha, el sindicato  del cuerpo de técnicos del Ministerio de Hacienda y de la Agencia Tributaria, llevan tiempo denunciando que las empresas con mayores ingresos declarados son los que menos aportan al fisco. Y algo de esto debe haber cuando hasta el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, lo reconoció a finales de febrero en el Congreso de los Diputados: “Cuando llegué al Gobierno, había empresas del Ibex 35 que pagaban el 0% [del Impuesto de Sociedades]”. Una realidad que también conocen muy bien desde Asociación Española de Asesores Fiscales. “Sin duda las pymes [hasta diez millones de euros] soportan una mayor fiscalidad. Es cierto que el tipo nominal es algo más bajo, el 25% frente al 30% del resto de empresas, pero el tipo efectivo, el que realmente les toca pagar, es de media el 24% frente al 19% que paga la gran empresa que no sea financiera”, corrobora Antonio Durán-Sindreu, su presidente.

UNA MARAÑA DE INCENTIVOS. Del conjunto de los ingresos tributarios del Estado, en torno al 45% lo aporta el Impuesto sobre las Personas Físicas (IRPF), seguido del IVA, que suma un 30% del total recaudado. Mientras que el Impuesto de Sociedades (IS)ha registrado espectaculares caídas desde el inicio de la crisis y contribuye con cerca del 10%. Carlos Cruzado, presidente de Gestha, cifra en un 70% el descenso de recaudación del IS entre 2007 y 2011. “Hay que atribuirlo en gran medida a la caída de la actividad por la crisis, pero ésta por sí sola no es la única explicación. ¿Cómo es posible que los impuestos recaudados se desplomen a un ritmo veinte veces superior al de la economía en su conjunto?”, se pregunta. La respuesta hay que encontrarla en la maraña de deducciones y en la ingeniería fiscal para defraudar o eludir al fisco. Y a ambas tienen más acceso las grandes que las pequeñas empresas. “Disponen de equipos fiscales internos especializados en reducir al máximo su factura a Hacienda. Juegan siempre al límite intentando optimizar todos los recovecos que la legislación permite”, corrobora Durán-Sindreu. Vayamos por partes.

El entramado de deducciones y bonificaciones es tal que, en palabras de Carlos Cruzado, “en la última década ha sido una ruina para la recaudación tal y como está configurado”. Desde la Agencia Tributaria niegan en parte la mayor: “Que una gran empresa no pague nada en el Impuesto de Sociedades es algo meramente coyuntural. Si en un año concreto se aplican incentivos fiscales muy fuertes, no quiere decir que esto ocurra en ejercicios sucesivos”.
Sin embargo algo de esto debe haber cuando el anterior Gobierno socialista introdujo fecha de caducidad a estos incentivos –entre otros, limitó la compensación por las grandes empresas de las bases negativas generadas en ejercicios anteriores y difirió la deducción de los fondos de comercio financieros por la adquisición de sociedades en el exterior–.

En esta línea, el actual Gobierno del PP ha dado otra vuelta de tuerca temporal –durante dos ejercicios– a dos grandes conceptos que tenían que mucho ver con este fenómeno: la libertad de amortización y la deductibilidad de los gastos financieros. Antes, se podía deducir el 100% de lo invertido en el primer caso y no había límites para el segundo. Ahora, la deducción se limita al 70% en el primer y no podrá superar el millón de euros o el 30% de los beneficios, en el segundo. Las perjudicadas: las grandes empresas. Aunque el mayor impacto ha venido por los pagos fraccionados del Impuesto de Sociedades, lo que ha distorsionado la foto fiscal.  El Gobierno se jacta de que más de la mitad de la recaudación por las nuevas medidas impositivas viene del IS, en un intento de solventar esa paradójica situación a la que aludía Rajoy. Y es cierto que en 2012, la recaudación de este tributo se ha disparado un 29%, pero también lo es que el alza viene por el aumento en casi 4.000 millones –un 41,3% más– de los pagos por adelantado. “Se ha hecho por temas de contabilidad nacional, pero en 2013 tendremos un problema porque habrá que devolver al que haya pagado de más el”, explica Cruzado.

Polémicas al margen, Durán-Sindreu evidencia que “en Europa hay dos grandes grupos: los países con tipos impositivos de sociedades altos y grandes incentivos fiscales, y los que tienen tipos más bajos sin apenas bonificaciones. Sin duda, este segundo escenario es más justo. Eso no tiene que ver con disponer de incentivos puntuales”. De momento, este experto se conforma con que las diferencias reales entre pymes y grandes se vayan limando.

impuestos_apoyo_eludir_al_fiscoINGENIERÍA FISCAL. Y mientras este asunto no se aborde con una reforma fiscal en toda regla, el tablero de juego estará descompensado. El propio Juan Rosell, presidente de CEOE, ha admitido la mayor al reconocer la necesidad de que el esquema de deducciones sea más sencillo para que “no sea posible la ingeniería fiscal”. ¿Se acuerdan de la polvareda que levantó la decisión de Inditex de radicar en Irlanda la sociedad desde la que llevar su negocio online? Este país es admirado por las empresas, entre otras bondades, por su bajo nivel impositivo –el nominal del IS es del 12,5%– . El revuelo fue tal, que la compañía presidida por Pablo Isla anunció que a partir de 2012 toda la división se llevaría desde España. No es la única. Google, Apple y Microsoft se ahorran miles de millones de dólares al año en impuestos gracias a maniobras de ingeniería fiscal que les permiten tributar al mínimo por los beneficios que logran fuera de su país.

El problema es de tal envergadura que la propia Comisión Europa ha cifrado en un billón de euros lo que la UE deja de ingresas al año por causa de la evasión (fraude) y la elusión (aprovechar los agujeros y márgenes legales) fiscales. “Las pymes son utilizadas para no pagar el IRPF ni el IVA, pero las grandes aligeran su carga fiscal deslocalizando los beneficios a paraísos fiscales. Existen multitud de mecanismo para hacerlo”, advierte el catedrático Zubiri. Según el Observatorio de Responsabilidad Social Corporativa, ya en 2010 el 86% de las empresas del Ibex 35 operaba en alguno de estos tax havens.

Este experto propone, además de luchar “de verdad” contra los paraísos fiscales, crear una base imponible común en toda la UE, de manera que luego se reparta el pago en función de las ventas realizadas en cada país. Una opción que no gusta tanto desde la OCDE, que aboga “menos por la armonización y más por la coordinación”. De momento, la Agencia Tributaria española ha puesto en marcha una Oficina Nacional de Fiscalidad Internacional por ser una materia de “interés creciente”. Es un primer paso para lograr que, ante el fisco, todos acabemos siendo lo más iguales posible.