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Codorníu: los secretos de la empresa más antigua de España

Cuando nace un nuevo miembro de la familia Raventós, se le bautiza con una cucharadita de cava. Es un signo de distinción que indica que pertenece al clan de la familia empresaria más antigua de España, y una de las 20 primeras del mundo. Y es que la historia de la casa Codorníu se remonta al siglo XVI, concretamente a 1551, donde algunos documentos atestiguan que Jaume Codorníu poseía prensas, barricas y cubas para elaborar vino. Con el paso de los años, más bien siglos, se produjo la reorientación estratégica y determinante en la historia de la empresa hacia la elaboración del vino espumoso. El responsable de este cambio fue Josep Raventós que, tras un viaje a la región de Champagne (al nordeste de Francia), elaboró la primera botella de cava en 1872, y sentó los cimientos de la Codorníu de hoy. Al frente de ella se encuentra Mar Raventós (en la imagen), representante de la decimosexta generación y el verdadero pegamento que mantiene unidos a más de 400 familiares, de los que 213 son accionistas de la empresa. ¿Su truco? “Tenemos un protocolo familiar que creamos en 1999 que establece, entre otros aspectos, las obligaciones y códigos de conducta de los accionistas. Pero lo más importante es la comunicación. De esta forma, todas están al día de los nuevos proyectos, lo que es la clave para hacerles partícipes. Y, también, se logra que los accionistas se consideran a sí mismos partes de la empresa y están implicados en su marcha”, explica Mar Raventós.

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Imagen del pasado de la mítica cava catalana

En otras palabras: la clave que mantiene unidos a los propietarios de la empresa más antigua de España, la gran mayoría de ellos con porcentajes testimoniales, es ni más ni menos que el orgullo de pertenecer a la firma, y a la familia Codorníu. Por ese motivo, la bodega catalana se esfuerza desde el primer momento (recuerden el bautismo con cava) en fomentar ese prestigio y en poner los medios para que todos se sientan parte de esta historia. Buena muestra de ello es la reunión anual que, cada año se celebra en un centro de producción distinto, y en el que se informa a los accionistas y a los no accionistas (con ser miembro de la familia y tener más de 18 años se puede asistir al evento), de las novedades y los resultados de la compañía. “Los años acabados en cero y cinco se celebra también una gran fiesta en la bodega Codorníu con niños incluidos y realizamos la foto de familia”, añade Raventós.

Pero los detalles de Codorníu con sus accionistas no se reducen solo a las reuniones o fiestas. La empresa dispone de un portal del accionista, algo raro en empresas familiares, donde los propietarios pueden encontrar todos los detalles de la familia, incluido árbol genealógico y fotos. Otro ejemplo es la caja de benjamines (botellas de cuarto de litro), que recibe cada nuevo miembro nacido en esta familia, y que incluye una etiqueta en forma de cepa, donde se aparece el árbol genealógico.

De estas labores se encarga personalmente la presidenta de la empresa. También se preocupa de realizar una llamada o mandar un mensaje a cualquier accionista que tenga alguna novedad, sea buena o mala, en su vida. Lo mismo ocurre con los 900 trabajadores de la cava. Todos ellos forman una gran familia y también demuestran su orgullo de pertenecer a Codorníu. Como en el caso de los accionistas, la figura de Mar Raventós es vital para mantener este nexo, ya que la presidenta se preocupa de hablar y estampar dos besos a cualquier empleado que pase por su lado. “Los trabajadores son personas a las que conozco desde hace mucho. Por eso cuando a algún empleado le ocurre algo, también le llamo o le mando un correo. Estos detalles hacen que sientas pasión y orgullo por tu trabajo”, añade Raventós.

Gracias a esta unión entre directivos, accionistas y trabajadores, Codorníu puede presumir de superar unas cuantas guerras y crisis tan dramáticas para el sector como la de la filoxera que, en el siglo XIX, obligó a replantar todas los viñedos. “Saber que hemos podido superar etapas como aquellas te da fuerzas para afrontar momentos como el actual. Las crisis enseñan a ser fuerte, a buscar las opciones que mejor se adaptan a la situación actual que, en nuestro caso, pasan por la diversificación y la internacionalización”, matiza Raventós.

Los años noventa del pasado siglo fueron testigos de estos cambios que predica la presidenta. Tras más de 200 años vendiendo solo cava, la firma diversificó su oferta con caldos más tranquilos y lo hizo vía adquisición de empresas. Así, en la actualidad, Codorníu tiene bodegas en denominaciones de origen como La Rioja, Penedés, Priorat, Ribera del Duero, Costers del Segre, Valle del Cinca, Napa Valley (California) y Mendoza (Argentina), que hacen que la mitad de la facturación venga del exterior y que el 35% de la misma se origine por los vinos no espumosos. “La empresa evoluciona. Pero nunca olvidaremos que la clave para sobrevivir 450 años está en la pasión que sentimos por el vino y por la tierra”, concluye Mar Raventós.